Las algas de agua dulce del Valle de Tehuacán-Cuicatlán

Voces de la UAM

El conocimiento de los recursos naturales de un país es una obligación ineludible. En este compromiso, deben participar los cuerpos académicos, el sector privado y por supuesto el gubernamental. Este último debido a que los recursos son un bien patrimonial que quedará como herencia a las generaciones venideras y porque representan un tesoro incalculable para el desarrollo y permanencia de una nación.

Para el sector privado, porque el uso racional debe contemplarse como una posibilidad de generar recursos económicos, siempre y cuando prevalezca la conciencia de evitar la sobreexplotación. En el sector académico, la formulación de preguntas diversas y pertinentes, en los campos de la diversidad, la ecología y la evolución, darán un panorama realista de nuestra herencia biológica. La sociedad en general será la depositaria final de los productos generados por los tres sectores previamente mencionados.

La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) se ha propuesto ser el líder en la organización y financiamiento de proyectos orientados en este sentido. También se ha convertido en el depositario de bases de datos y listados de los organismos generados como resultado de estos proyectos. En particular, en el caso de las “plantas” y específicamente de las algas los primeros esfuerzos por generar un inventario fidedigno de la diversidad de estos organismos en nuestro país se iniciaron con el ambicioso proyecto Flora de México, dirigido por el Consejo Nacional de la Flora de México, A.C. quienes a partir de 1984 trataron de organizar a los florísticos -científicos trabajando en la estimación de cuántas y cuáles especies de plantas hay- para enfrentar este tema. El nivel de estudio fue la categoría taxonómica denominada Familia. La magnitud de la tarea y los problemas para financiarla llevaron a la desaparición de esta iniciativa.

Otra aproximación a la estimación de la riqueza florística o en el lenguaje actual, de la biodiversidad de plantas, es la generación de floras locales, no confundir con listados de especies. Estas floras presentan una caracterización más detallada de las especies presentes en un lugar, con una descripción que reúne la variación existente en los organismos utilizados para el reconocimiento de estas entidades. A ello se le suma, cotidianamente, información relacionada con el hábitat, su distribución en la localidad y fotografías o dibujos que ejemplifican al organismo en cuestión. En el caso de las algas, organismos prácticamente desconocidos para nuestro país, este tipo de trabajo es casi inexistente.

He elegido este espacio para difundir lo que constituye la primera y única flora algal de agua dulce, terminada y publicada, de un territorio en México. Forma parte de un proyecto de mayor envergadura denominado Flora del Valle de Tehuacán-Cuicatlán, un área natural protegida y en vías de ser declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Esta área cubre 65 municipios del estado de Oaxaca y 31 del Estado de Puebla con una superficie de 6,472 km2. Esta zona se distingue por su carácter semiárido y se pensaría que las algas, organismos acuáticos por excelencia, no podrían desarrollarse bajo esas condiciones. Sin embargo y después de visitar 31 lugares con vestigios de algún tipo de escurrimiento o riachuelo, la flora algal asciende a 347 especies con representantes macro y microscópicos, destacando por su diversidad el grupo en el que se encuentran las diatomeas. Estos hallazgos han sido dados a conocer en seis volúmenes, publicados por el Instituto de Biología de la UNAM y financiados por Conabio, y constituyen los resultados del trabajo del Dr. Eberto Novelo, de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Esta obra posee las características propias de lo que arriba denominamos una Flora: descripciones propias para cada categoría taxonómica, claves para facilitar la identificación en varios niveles, información sobre distribución y diversidad. Para cada especie, aunada a la descripción, se suman una discusión, distribución y los ejemplares examinados. Dibujos elaborados por el autor complementan las fichas.Cada volumen concluye con un glosario que facilita la comprensión de términos especializados.

Cada entrega está dedicada a un grupo de estos organismos. La primera en ser publicada fue la del grupo de las cianobacterias con 76 especies, las clorofitas le siguieron con 50 taxa, las diatomeas y afines representan el grupo más numeroso con 207 especies. Posteriormente, se presentaron los volúmenes correspondientes a las euglenas solo con 8 representantes, las algas pardas con 5 y finalmente las algas rojas con solo una especie.

A la fecha existen alrededor de 4,590 especies de algas dulce acuícolas registradas para México, de esas sólo 2,188 tienen descripción e ilustración y de estas últimas, sólo 1,878 son nombres reconocidos taxonómicamente (Novelo com. pers.), por lo que la flora de Tehuacán representa el 18.5% de esa totalidad. Nada mal para un área semidesértica y cuando se ha estimado, como apuntaba en una contribución anterior en este mismo espacio, que los ambientes de agua dulce han perdido en los últimos 25 años, 80% de su biodiversidad.

La ficología —rama de la Biología que estudia a las algas— tiene en México relativamente pocos años y se ha caracterizado por la producción de estudios florísticos; es decir, aquellos en los que se enlistan especies presentes para ciertas regiones en ciertos tiempos. La mayoría de estos trabajos poseen nombres de especies que no corresponden con los organismos, que realmente se desarrollan en nuestro entorno. Múltiples taxa aparecen identificados sólo a nivel de género o como parecidos a alguna especie ya descrita (circa forma). Los motivos de esto son diversos y han sido discutidos en alguna otra publicación.

Así que se hace necesario fomentar los trabajos que se aboquen al estudio de grupos taxonómicos locales, con el objetivo principal de describir la variación morfológica del material mexicano y la determinación de si los organismos recolectados en nuestros ambientes pueden pertenecer a especies ya descritas o describirlas como nuevas para la ciencia. Por ello, pensamos que una vez que los académicos se den a la tarea de ensamblar una flora, local o regional, y profundizar en los problemas de taxa particulares a través de monografías o revisiones, el panorama ficológico del país sufrirá un cambio importante. ¡Así que bienvenida la primera Flora local de algas de agua dulce para México!

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