En marcha la revolución de las mujeres: Es ahora o nunca | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 07 de Marzo, 2018

En marcha la revolución de las mujeres: Es ahora o nunca

Hito. El Día Internacional de la Mujer, que se celebra hoy, llega como una marea mundial sin precedente. El mensaje es fácil de entender: El tiempo para el abuso y la discriminación de género se ha acabado. El tiempo para luchar por la igualdad ha llegado para quedarse

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Ocurrió en la ceremonia de los Oscar en 2015. Patricia Arquette, ganadora al premio a la Mejor Actriz Secundaria, sorprendió con su discurso de agradecimiento al pedir lo que nadie se había atrevido hasta entonces: un salario igual al de sus colegas masculinos. El mensaje disgustó a la Academia y productores de Hollywood por su contenido “político” y se lo hicieron saber. ¿Leyeron bien la fecha?: 2015.

Hace tan solo tres años, reclamar la igualdad salarial era todavía un tabú, no ya en países como Pakistán —donde si eres niña y quieres ir a la escuela corres el riesgo de morir asesinada, como los talibanes intentaron hacerle a Malala— sino en Hollywood, la Meca del cine y la cultura progresista y liberal.

Un año después, el 8 de marzo de 2016, coincidiendo precisamente con el Día Internacional de la Mujer, la periodista estadunidense Andrea Noel iba caminando por la colonia Condesa cuando un hombre se le acercó por detrás y le bajó los calzones hasta los tobillos. Se trató de una agresión sexual de las tantas que sufren cada día en silencio millones de mujeres en todo el mundo, desde las que soportan a sus jefes en Nueva York, a las sirias que se ven forzadas a tener sexo con trabajadores de la ONU a cambio de alimentos. Si el caso Andrea Noel saltó a los medios fue porque una cámara de televisión lo grabó y se atrevió a hacerlo público.

A día de hoy, Patricia Arquette está “desaparecida” de las pantallas; el agresor de Andrea sigue suelto, mientras que la periodista Noel tuvo que abandonar México por las amenazas de muerte recibidas. Si las autoridades se niegan a investigar la ola de feminicidios en el país, mucho menos lo hará por una “gabacha”, que ni siquiera fue violada o le echaron “ácido en la cara”, como declaró despectivamente un locutor que se hace llamar Callo de Hacha. Peor aún, a día de hoy duerme en la Casa Blanca Donald Trump, el mismo que presumía de “agarrar a las mujeres por la vagina”.

Sin embargo, algo extraordinario, casi revolucionario, ha ocurrido desde el día después de que Trump juró su cargo a hoy mismo, Día Internacional de la Mujer.

La Marcha de las Mujeres. Ese 21 de enero de 2017, el mundo dejó de burlarse del novato presidente Trump (por decir que llenó el Mall de Washington en su investidura, cuando las fotografías mostraban un aspecto desolador) para asombrarse por el de una manifestación en ese mismo escenario, sólo que repleto de mujeres en repudió por la llegada al poder de un machista prepotente, pero poderoso, que hasta la fecha ha logrado no ser acusado por varias mujeres que lo denunciaron por abusos sexuales.

Algo empezó a cambiar cuando la Marcha de las Mujeres logró superar en número de manifestantes a la legendaria marcha de Martin Luther King. Aquello fue un primer aviso de que la “guerra de género” iba en serio. El segundo aviso llegó nueve meses después. La revista The New Yorker publicó en su edición de octubre de 2017 un reportaje de Ronan Farrow sobre la denuncia por abusos sexuales de seis actrices contra el entonces productor de cine más poderoso del mundo, Harvey Weinstein. El hijo biológico de la actriz Mia Farrow y de Woody Allen explicó que el tema le obsesionó desde que repudió a su padre tras dar crédito a la denuncia de una hermana suya adoptada, Dylan Farrow, cuando acusó al legendario director de cine de haber abusado de ella. La joven lo publicó en una carta denuncia en The New York Times hace cuatro años. Nadie le hizo caso.

“Yo también”. La venganza de su hermano Ronan Farrow fue como una bomba cuyos efectos aún perduran. Millones de mujeres en todo el mundo que callaron sus abusos decidieron dar un paso adelante y se sumaron al movimiento en la redes sociales #MeToo (YoTambién).

El discurso de la presentadora Oprah Winfrey durante los Globos de Oro, en enero, fue catártico para millones de mujeres. Denunció, como nunca antes, a “los hombre poderosos” que acosaron y acosan a las mujeres, porque saben que si éstas los denuncian nadie les creerá o acabarán despedidas o marginadas. “Pues bien, tengo algo que decir: el tiempo [de los abusos, la intimidación y la discriminación] se ha acabado”, proclamó, poniendo a todas las actrices presentes en pie.

El hecho de que sean mujeres del mundo del espectáculo las que estén liderando esta revolución en marcha no frivoliza el problema; al contrario, lo hace más sangrante, puesto que refleja la realidad de la discriminación de las mujeres en otros centros de poder. Las mujeres hoy en día sólo son poderosas e influyentes si son estrellas de la música (Madonna), de la televisión (la propia Oprah) o del cine (Meryl Streep). Si no escuchamos a mujeres poderosas liderar esta lucha desde otros escenarios es porque sencillamente no les han dejado llegar. No hay mujeres al frente de compañías de impacto mundial, como por ejemplo Facebook, o al frente de gobiernos poderosos. Hay excepciones, como la alemana Angela Merkel, la dirigente política más poderosa del mundo. Pero la canciller nunca ha mostrado especial simpatía por aprovechar su prestigio y proponer leyes, por ejemplo, para castigar a las empresas que paguen menos a las mujeres por el mismo cargo que los hombres, como sí han logrado ya imponer en Islandia (una gota en el océano).

Por todo esto, porque se ha comprobado en poco tiempo que se puede perseguir a hombres temibles e intocables, millones de mujeres esperan que hoy, 8 de marzo de 2018, sea el punto de inflexión para acabar con un drama, cuya versión más extrema es el feminicidio, que mata a siete mexicanas cada día, sin que las autoridades hagan nada para remediarlo.

fransink@outlook.com

 

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