La muerte no es lo peor para el hombre, sino la vejez humillante: Leonardo Padura | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 08 de Marzo, 2018

La muerte no es lo peor para el hombre, sino la vejez humillante: Leonardo Padura

El escritor cubano dice que “la novela es el reino de la libertad”. Hay un derrumbe ético, moral y cultural en el mundo y el reguetón es una de las consecuencias de esta degradación, añade

La muerte no es lo peor para el hombre, sino la vejez humillante: Leonardo Padura | La Crónica de Hoy

La muerte no es lo peor que le puede pasar al ser humano, sino tener una vejez humillante, donde alguien te limpie el culo, te den de comer con una cuchara…, dice el escritor Leonardo Padura al hablar de su reciente novela La transparencia del tiempo, en la cual su personaje, Mario Conde, cumple 60 años y comienza a vivir el epílogo de su vida.

En conferencia, Padura habla de diferentes temas relacionas con su reciente novela, que será presentada hoy a las 18:00 horas en el Museo de la Ciudad de México, ubicado en el Centro Histórico; en una charla que duró más de una hora, el autor de Herejes recordó el doctorado Honoris causa, que le otorgó la UNAM el año pasado, y dijo que “es la universidad más importante de Latinoamérica”. 

De buen humor tras haber visitado Guadalajara y Tepic, el autor de Paisaje de otoño comenzó la plática con una observación: esta novela, La transparencia del tiempo, es la octava y media protagonizada por Mario Conde, desde que apareció con Pasado perfecto, cuando aún era policía. En la anterior, añadió, titulada Herejes, Conde es medio protagonista.

Hace sumas el escritor y dice que ya son 25 años de la aparición de Mario, tenía 35 años, y ahora cumple 60 años. En la novela recorre La Habana en el año 2014. “Mira la realidad social mientras investiga el paradero de una escultura de la Virgen de Regla que le han robado a Bobby, su amigo en la universidad”.

En la trama, añade Padura, Conde tiene la sensación de que existe una relación bastante traumática y compleja entre el hombre y la historia: el ser humano es más objeto de la historia que protagonista. “Un hecho que lo lleva a reflexionar y decidir escribir su novela dentro de la novela, algo diferente a todas sus apariciones”.

En este punto se le pregunta que Conde ya tiene 60 años, se le nota cansado, ¿se piensa retirar? A lo que responde:

— Yo me canso cuando tengo que lanzar nueve innings tres veces a la semana. Si me ponen a pichar cada cinco días, estoy perfecto. Respecto a Conde, tiene 60 años y esa edad le da una nueva perspectiva de la vida; ve el mundo de una manera diferente. Sabe que vivió la mayor parte de su vida y te queda un epílogo,  de 20 o 30 años si tiene suerte, pero con lo poco y mal que ha comido, lo mucho que fuma y lo mucho que bebe, entonces creo que no tendrá esos 30 años más. Pero mientras podamos, él y yo vamos a seguir juntos tratando de entender la realidad que nos rodea.

Uno de esos temas que les rodea es la migración de cubanos al exterior, a lo que Padura señala que esto le obsesiona tanto que su próxima novela podría ser sobre esto. No es un fenómeno local, el mundo está en movimiento y la gente busca la forma de vivir mejor.

El también autor de El hombre que amaba a los perros cuenta que Mario Conde ve que hay un proceso de derrumbe de carácter moral, ético y cultural en el mundo. “Por ejemplo, el reguetón es una muestra y consecuencia de ese deterioro de algunas sociedades, específicamente de la cubana. Un mundo que se degrada, se pierden valores y algo esencial, ya no hay respeto por el derecho ajeno. En la reciente novela, Conde, con sus amigos, trata de hacer un especie de fortaleza, una muralla en la cual refugiarse y preservar lo que ellos consideran más importante”. 

Lo anterior, dice Padura, es parte de los 60 años de Conde y míos. “Tengo un poco de temor a convertirme en un viejo conservador. Me odiaría a mí mismo si me convirtiera en eso. Sé que voy a ser viejo, sé que voy a ser conservador, pero esa combinación me espanta”.

El paso del tiempo no sólo es transparente, sino inflexible y por lo tanto, señala Leonardo, “será muy complicado escribir las próximas novelas de Mario Conde: va a morir Josefina, también su segundo perro: Basura II, podría tener un Basura III. En suma, la individualidad de los personajes se perderá y tendré que repensar el mundo de Conde, que será cada vez más reducido”.

— Aunque a Conde ya no le preocupa la muerte... 

— Él tiene un problema con respecto a la relación con la muerte: no cree que exista otra vida. Es una agnóstico convencido a pesar que el Padre Mendoza, con quien estableció una gran relación personal más que religiosa, trata de convertirlo, pero no puede porque lo jodido de Mario es que es un incrédulo con fe.

Al paso de los años, Conde sabe que lo peor que le puede ocurrir al hombre no es la muerte, porque es un hecho inevitable y hasta ahora, que se sepa, ha resucitado sólo uno y a los tres días subió al reino de los cielos. Lo que le preocupa es la vejez humillante, en el sentido humano, cuando alguien tiene que limpiarte el culo, darte comida con una cuchara…, son cosas que preocupan a Conde, pero más a mí, porque Mario es un personaje y yo soy una persona.

— ¿Escribir para ser libre?

— La novela es el reino de la libertad, a diferencia de otros géneros en los que tienes determinadas condicionantes: el cuento tiene una cierta extensión, si no deja de serlo; en el teatro la representación se hace en un tiempo y si escribes guiones para cine las decisiones las toman los productores y los directores; en la novela eres soberano y hay que entenderla como un acto de conocimiento, tanto para quien la escribe como para quien la lee.

Pero dice que hay algo que nunca cambiará: “Mientras no me boten, estaré en Cuba. Puedo residir en México o España, pero necesito esa relación con Cuba y su entorno para escribir y vivir y porque soy gran fanático del beisbol, y una de sus cosas más bellas es el jonrón. Entonces, vivo como un pelotero que ha dado un jonrón y recorre las bases para regresar a casa”.

Imprimir