Elecciones en Alemania e Italia

José Fernández Santillán

El pasado domingo, 4 de marzo, se realizaron sendas jornadas electorales en Alemania e Italia. Para entender estos comicios hay que tomar en cuenta que en casi toda Europa prevalece el sistema parlamentario; es decir, hay un Jefe de Estado que es diferente del Jefe de Gobierno. Como ejemplos podemos mencionar, por un lado, Inglaterra, donde impera una monarquía parlamentaria. Allí la Jefatura de Estado recae en la Reina Isabel II, en tanto que la Jefatura de Gobierno queda en manos de quien preside el partido mayoritario, Theresa May. Por otro lado, está España, país en el cual el Jefe de Estado es Felipe VI y el Jefe de Gobierno, Mariano Rajoy.

En Alemania no hay una monarquía. El Jefe de Estado es designado por el Bundestag (Parlamento) y Frank-Walter Steinmeier ­desempeña esa función. Quien encabeza el gobierno es Angela Merkel, de la Unión Demócrata Cristiana (CDU).

La base del sistema parlamentario es conformar una mayoría estable que garantice la gobernabilidad. El problema en Alemania fue que en las elecciones celebradas el 24 de septiembre del año pasado, ningún partido obtuvo la mayoría absoluta. En consecuencia, como había ocurrido en otras ocasiones, se tuvo que recurrir a la formación de una coalición de gobierno. En el período anterior se construyó una alianza entre la CDU y el Partido Socialdemócrata (SPD); pero esta vez hubo reticencias dentro de la SPD para que se volviera a repetir la alianza con la CDU.

Para resolver el problema se acordó convocar a una consulta a los miembros del Partido Socialdemócrata, cosa que ocurrió, justamente, el domingo pasado. El 66 por ciento se pronunció a favor de continuar con la Gran Coalición. Se terminan así cinco meses de incertidumbre, tanto en Alemania como en la Unión Europea.

Para nadie es un secreto que la democracia internacional necesita una Unión Europea fuerte delante de un gobierno norteamericano encabezado por un hombre imprevisible y una Rusia con afanes expansionistas.

Vayamos ahora al caso italiano. El Jefe de Estado es Sergio ­Mattarella. En las elecciones del domingo ningún partido obtuvo la mayoría absoluta para poder gobernar en solitario. En consecuencia, se debe buscar una fórmula de coalición para integrar un nuevo gobierno. El partido más votado fue el Movimiento Cinco Estrellas (MCS, por sus siglas en italiano), obtuvo el 32.85 por ciento de los votos. El MCS, fundado por el comediante Beppe Grillo en 2009, es una organización anti-establishment, anti-inmigrantes y anti-europea. Se trata de un partido populista con una ideología difícil de definir, edificado con base en un liderazgo carismático e histriónico como es el de Grillo, tanto así que a sus seguidores les llaman los grillinos. Este, singular personaje fue sustituido en la dirección del MCS —el 23 de septiembre de 2017— por Luigi di Maio, quien ha dicho que está abierto al diálogo con las fuerzas políticas para formar gobierno.

La cuestión es que, si bien el MCS fue el partido más votado, existe otra fuerza —la coalición de derecha— formada por el partido Forza Italia, de Silvio Berlusconi; la Liga Norte, encabezada por Matteo Salvini y otras formaciones políticas, entre ellas Hermanos de Italia (neofascista) que, juntas, alcanzan el 37 por ciento, es decir, rebasan al Movimiento Cinco Estrellas. Un dato importante es que Berlusconi fue inhabilitado para desempeñar cualquier puesto de representación popular o de gobierno al haber sido encontrado culpable de fraude fiscal. Sin embargo, tras bambalinas, sigue operando políticamente. Tanto así que el magnate de la industria inmobiliaria le ofreció el puesto de Primer Ministro —en caso de ganar las elecciones— al actual Presidente del Parlamente europeo, Antonio Tajani.

Los que sufrieron un severo revés fueron los miembros del Partido Democrático —de izquierda—comandado por Matteo Renzi. Se desfondaron al 18.72 por ciento que contrasta con las elecciones pasadas que llevaron, justamente, a Renzi a ocupar el cargo de Primer Ministro. ¿Qué pasó? Pues que en un principio este joven político fue muy bien recibido: emprendió cambios que beneficiaron al país. Con ese respaldo y el ánimo de precipitar las transformaciones propuso un referéndum que le permitiera introducir reformas constitucionales. El cometido era fortalecer al Poder  Ejecutivo. Sin embargo, perdió el referéndum y renunció al cargo. Lo sustituyó Paolo Gentiloni.

De esta manera, como dice Daniel Verdú (El País, 5-III-2018), se ha creado un complicado rompecabezas dividido en tres bloques: el MCS, el centro-derecha y el centro-izquierda. Se abren diversas posibilidades para establecer alianzas y formar gobierno. En un país que ha tenido 64 gobiernos, en 70 años, la gente quiere estabilidad.

Para evitar la ingobernabilidad: “El presidente de la República, Sergio Mattarella, y las instituciones del país ya trabajan en un escenario de consultas y pactos para evitar el caos. Los mercados, por supuesto, preferirían una gran coalición entre el centroizquierda—el Partido Democrático (PD) de Matteo Renzi y +Europa de Emma Bonino—y Forza Italia, un artefacto político parecido al que ayer recibió luz verde definitiva en Alemania.” (Ibidem). Quien pudiese liderar la Gran Coalición sería Mario Draghi.

No obstante, el juego está abierto; hay muchas combinaciones posibles.

 


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@jfsantillan

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