¿Resignados al triunfo de AMLO?

Juan Manuel Asai

Se extiende como virus entre diferentes sectores de la población un sentimiento de resignación ante lo que parece el inminente triunfo de López Obrador en la elección presidencial de julio.Hablo, desde luego, de los grupos y organizaciones que no comulgan con su causa. Tal parece que estamos ante algo inevitable, algo que no tiene vuelta de hoja. Lo mejor, dicen, es comenzar a acomodarse a las nuevas circunstancias. Ahí está el ejemplo de varios de los hombres más ricos de México, entre ellos Carlos Slim o Ricardo Salinas, que ya tienen gente cerca, de su plena confianza, en el equipo del tabasqueño. Claro que señores como Slim nunca pierden las apuestas políticas, pero esa es otra historia.

Me ha tocado percibir esta resignación entre banqueros, empresarios, académicos, ciudadanos conservadores y hasta colegas periodistas que ya imaginan un escenario nacional en el que López Obrador es el presidente de la República y Morena el partido hegemónico. No es extraño, en consecuencia, que el propio López Obrador también lo crea. Hace un par de días dijo que aunque es una idea tentadora no se reelegirá.Comprende a quienes lo hacen en otros países, porque sienten que seis años no son suficientes para corregir una situación adversa, pero que la reelección no va con él. De hecho trabajará 16 horas al día, para que el sexenio parezca de doce años.Habrá que anotarlo para que conste en actas. O sea ya se ve como presidente, incluso en la recta final de su mandato.

Lo raro de todo esto, de este sentimiento de resignación, de que no hay nada qué hacer, de que ungir al tabasqueño es una fatalidad; lo raro, digo, es que las campañas todavía ni siquiera empiezan.Faltan veinte días para el banderazo de salida.Las campañas durarán tres meses, abril, mayo y junio. No tiene sentido asumir que todo está escrito. No tiene sentido porque no es verdad, cualquier cosa puede pasar.

En el año 2006 a estas alturas del año todo mundo decía que el triunfo de Obrador estaba seguro, así lo marcaban las encuestas, justo como hoy lo hacen, y solo era necesario dejar que pasara el tiempo. A la hora buena, perdió, por un puñado de votos, pero perdió y se desquitó con los comerciantes de Paseo de la Reforma, donde se fue a hacer un largo plantón. ¿Margarita en la boleta? Asumo que me equivoqué con Margarita.

Aunque me simpatiza como persona, pues atestigüe su comportamiento discreto, atinado, como primera dama, no pensé que tuviera los arrestos para enfrentar y cumplir los estrambóticos requisitos impuestos por INE, siguiendo la voluntad de los partidos que escribieron la ley electoral.

Los partidos hicieron esa ley para desalentar la competencia.

En buena medida lo consiguieron, por eso ha sido tan difícil cumplir los requisitos de casi 900 mil apoyos ciudadanos y dispersión en al menos 17 entidades federativas, pero no contaban con la perseverancia y el temple de Margarita.

El pleito a muerte que tuvo con Ricardo Anaya sacó a relucir la mejor versión de Zavala que ya es uno de los personajes claves de la elección presidencial 2018, incluso si su nombre finalmente no aparece en la boleta.

El joven Anaya, también es perseverante y audaz, aunque su interés no es ni el poder ni el servicio público, sino que su nombre aparezca, tarde o temprano, en la lista de Forbes de los más ricos.

Ahí la lleva.

Me ha tocado percibir esta resignación entre banqueros, empresarios, académicos, ciudadanos conservadores y hasta colegas periodistas que ya imaginan un escenario nacional en el que López Obrador es el presidente de la República y Morena el partido hegemónico.

 

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