Temporada de pesmismo

José Carlos Castañeda

La fotografía de nuestra actualidad tiene un sabor amargo. Para los que nacimos en la década de los sesentas, la historia parecía tener un itinerario: la libertad. El movimiento del 68 imaginó un camino de emancipación. Su ánimo rebelde enfrentó diversos modos de discriminación, servidumbre y exclusión que permanecían ocultas, pero activas en la sociedad. La pasión de ese activismo conmovió a la estructura de todo andamiaje social, de la familia a la universidad, pasando por el sistema electoral, los derechos civiles o el medio ambiente. Todo cambió en la forma de pensar. El 68 es una auténtica revolución pacífica de la razón pública.

¿Cómo retrocedimos? ¿Por qué hoy la discriminación es de nuevo el eje de la política migratoria en tantos países? ¿Por qué la exclusión es la forma de enfrentar los retos de la convivencia pública? ¿Por qué la hoja de ruta se convirtió en un laberinto sin salida? ¿Dónde quedó el anhelo de autonomía, cuando los fanatismos y la intolerancia invaden la calle? En esos años sesenteros, los gritos fueron por la liberación. Hoy la persecución y los muros crecen para impedir el contacto entre quienes son diferentes.

Más que una respuesta, advierto que vivimos una temporada sombría y ofrezco algunas reflexiones para abordar esas dudas sobre el laberinto. Imagino al pesimismo como una lente de aumento que indaga en la única realidad que conocemos.

Pongo esas ideas en boca de sus autores para ser fiel a sus perplejidades: Schopenhauer: "La mayoría de los hombres, por no decir todos, están constituidos de tal suerte, que no podrían ser felices en ningún mundo donde sueñan verse colocados.

Si ese mundo estuviera exento de miseria y pena, se verían presos del tedio y en la medida en que pudieran escapar de éste volverían a caer en las miserias, los tormentos, los sufrimientos".

"La vida misma es un mar sembrado de escollos y arrecifes que el hombre tiene que sortear con el mayor cuidado y destreza, si bien sabe que, aunque logre evitarlos, cada paso que da le conduce al total e inevitable naufragio, la muerte".

"En cada individuo, si se considera en su conjunto y en general, sin fijarse más que en los rasgos principales, es siempre un espectáculo trágico; pero vista en sus detalles se convierte en sainete, pues las vicisitudes y tormentos diarios, las molestias incesantes, los deseos y temores de la semana, las contrariedades de cada hora son verdaderos pasos de comedia".

Nietzsche: "En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento.

Fue el minuto más altanero y falaz de la 'Historia Universal': pero, a fin de cuentas, sólo un minuto.

Tras breves respiraciones de la naturaleza el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer.

Alguien podría inventar una fábula semejante, pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza.

Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana.

No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en el girasen los goznes del mundo.

Pero, si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo".

Marguerite Yourcenar: "...la vida es atroz, y lo sabemos.

Pero precisamente porque espero poco de la condición humana, los periodos de felicidad, los progresos parciales, los esfuerzos de reanudación y de continuidad, me parecen otros tantos prodigios, que casi compensan la inmensa acumulación de males, fracasos, incuria y error".

 

 

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