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Tultepec celebra... ...al patrono de la pirotecnia

La fiesta dejó más de cien heridos con quemaduras leves. Desfilaron cerca de 300 toritos, algunos medían hasta 7 metros. Inicia la 30 Feria Internacional del cuete

La celebración del santo de la pirotecnia, San Juan Dios, inició en Tultepec, Estado de México, con un recorrido donde desfilaron los tradicionales toritos elaborados por familias dedicadas a este oficio.

La fiesta no sólo fue de tronidos y luces, también dejó a algunas decenas de personas con quemaduras leves que fueron atendidas por paramédicos agrupados en torno a esta muchedumbre enardecida por el fuego.

La venta desmedida de alcohol provocó un par de batallas campales controladas por policías y la fiesta seguía mientras quemaban decenas de toritos, a los que los espectadores, desde la distancia adecuada, grababan o fotografiaban con sus celulares.

Esta celebración marca el inicio de la 30 Feria Internacional de la Pirotecnia, que en esta edición cuenta con la participación de pirotécnicos de Italia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Bolivia y México, y Chile como país invitado.

Miles de personas se agruparon en torno al desfile que recorrió los barrios de la cabecera municipal.

Hubo toritos de todos los tamaños, los cuales eran manejados por niños y adultos. El recorrido inició en la Capilla de la Piedad y se avanzó por las calles Galeana, Juventino Rosas, Venustiano Carranza, hasta llegar a la Concha Acústica, en la Plaza Hidalgo.

Ya con la noche entrada, cerca de las 19:00 horas, el sonido y la luz de la pirotecnia congregó a cientos de turistas y a los pobladores frente a la iglesia de San Juan de Dios para que cada uno de las estatuas de cartón, papel y pólvora rindiera homenaje a San Juan de Dios para luego comenzar la faena y la quemazón.

Los estallidos rebasaron los decibeles que permite la ley y cientos de cohetones reventaron sin descanso por varios minutos, mientras la gente se protegía de silbadores o palomitas sueltas; hubo algunos osados que, como si volvieran de una batalla, presumían ante los demás sus quemaduras forjadas con valentía e impericia.

Y para amenizar no faltó la música que percutían desde bandas de viento hasta grupos de ska. La noche se preveía larga, así como la lista de heridos, pero ser espectador de la quema de un torito con más de 300 silbatos y 400 buscapies vale la quemada.

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