Daniel Wong, pianista: “nuestra herencia china es un hilo que no se rompe” | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 10 de Marzo, 2018

Daniel Wong, pianista: “nuestra herencia china es un hilo que no se rompe”

De niño o adolescente, al acreditado jazzista y catedrático Daniel Wong (Ciudad de México, 1965), sus compañeros jamás lo llamaron por su apellido paterno, Hidalgo.

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De niño o adolescente, al acreditado jazzista y catedrático Daniel Wong (Ciudad de México, 1965), sus compañeros jamás lo llamaron por su apellido paterno, Hidalgo. “Siempre fui Wong”, sonríe. “Así se me quedó. Claro que no reniego de mi otra familia, a la que adoro, pero la herencia china siempre ha sido muy fuerte”.

Wong, un reconocido pianista en el mundo del jazz por sus trabajos tanto como solista como fundador e integrante del Mad Trío, con una discografía personal de 13 producciones además de muchos otros trabajos en conjunto, comparte con Crónica su historia como parte de la comunidad china mexicana, donde el vínculo con la tierra de su abuelo materno es real y concreto.

“La mía, la de mi familia, es una historia que tiene su interés y que le es común a muchos paisanos chinos mexicanos”. El origen de aquel movimiento migratorio no es grato: la guerra chino-japonesa (1894-1895) detonó un fuerte movimiento migratorio que intentaba llegar a la Unión Americana y que, desde allí, avanzó hacia territorio mexicano. “Aquellos chinos llegaron a San Francisco, y se fueron quedando; fueron bajando hacia el sur. En California aún hay muchísimos chinos, y en nuestro país, en Tijuana hay un núcleo importante. Muchos se quedaron allá, pero otros se movieron al centro del país, a la ciudad de México. Así llegó mi abuelo materno a la capital mexicana”.

Al abuelo Wong, que al mexicanizarse se llamó Benito, simplemente le encantó el país. Aquí volvió a empezar, se hizo de una familia nueva, de una historia distinta. “Él era viudo y se dedicaba al comercio, como la mayoría de los chinos que vinieron en aquella época. Dejó familia en Cantón, y en México se casó con una mexicana: así nació la rama familiar a la que pertenezco”.

Daniel Wong piensa que, en el entorno familiar, los varones chinos son machistas y piensa que esa es una de las claves de la figura de su abuelo materno. “El abuelo tuvo en México seis hijas y ningún hijo varón, y no les heredó la lengua. Ni mi madre ni mis tías hablaban chino. Sin embargo, yo creo que mi abuelo fue muy feliz en México, con su esposa mexicana. Él murió cuando yo era muy pequeño, pero lo recuerdo sentado delante de la televisión, fumando su puro. Tengo la sensación de que siempre estaba de buen humor, y de que era muy bromista. Esa percepción se confirmó con las historias que mi madre y mis tías contaban de él.”

El abuelo fue muy longevo: “Vivió 99 años y cachito, y siempre fue muy sano; nunca se enfermó de nada. Tuvo una vida que a mí me parece espectacularmente agitada, con una historia en China y otra en México, y murió tranquilamente: se quedó dormido en su sillón, delante del televisor”.

EN BUSCA DE LAS RAÍCES. La familia Hidalgo Wong fue como una de tantas con padres profesionistas, asentada en la colonia Lindavista de la ciudad de México. El peso de la figura del abuelo fue determinante: el saberse parte de una historia que llegaba a tierras muy lejanas hizo que Daniel Wong y sus hermanos buscaran, cada quien a su manera, el vínculo con la familia que el abuelo había dejado atrás cuando salió de China.

 “Adoraba a sus nietos, pero tampoco nos transmitió la lengua. Pero hay algo en la sangre que es tan fuerte, que impulsó a muchos de nosotros, los Wong, a buscar nuestras raíces. Tenemos familiares en China, y mi madre fue la primera que los buscó y logró entablar contacto con ellos. Mamá fue varias veces a China para verlos; ya no vivían en Cantón. Ahora residen en Hong Kong.”

Así, los hermanos Hidalgo Wong crecieron con la cultura  china completamente adosada a su vida cotidiana. “Nos identificamos con la música, con la comida, con todo… de ese vínculo, que se hizo muy fuerte surgió uno de mis sueños más grandes: ir, por mis propios medios, gracias a mi trabajo en el mundo de la música, a encontrarme con ese mundo y con mis parientes de allá”.

¿Lo logró Daniel Wong? Claro que sí. Graduado de las carreras de Piano Jazz y Piano Clásico de la Escuela Superior de Música, recorrió muchos caminos y participó en numerosos proyectos musicales, entre ellos, trabajar en cruceros. “Precisamente, el último contrato que tuve con un crucero implicaba un viaje que le daba la vuelta al mundo, y uno de los puntos era Hong Kong. Gracias al contacto que muchos años antes hizo mi madre con mis  tíos y mis primos, pude conocerlos.

“Fue mágico. En realidad no sabíamos de ellos sino lo que mi madre conoció por sus visitas y el trato que tuvo con ellos; pero en 2009 me comuniqué con mis primas por medio de Facebook, y acordamos vernos en el puerto en cuanto yo llegase a Hong Kong. Fue a recogerme uno de mis tíos, y en la placita donde habíamos quedado de reunirnos, se puso a gritar “¡Mr. Wong!”, para ver quién era yo. Claro que gritar “¡Míster Wong!” en Hong Kong es como gritar “¡Señor García!” en la ciudad de México, pero ahí estaba yo, míster Wong”.

Esa reunión dejó una huella profunda en el pianista. “Tengo una foto con mis tíos y mis primas; ves el parecido familiar y empiezas a sentir cosas extrañas. Te dices “esa es también mi familia, no es una ilusión que llega de lejos, es algo directo, una realidad”.

LA VIDA DE UN JOVEN CHINO MEXICANO. La experiencia de Daniel Wong en sus primeros años escolares, recoge el eco de aquellos sentimientos xenófobos. “En la primaria y la secundaria, a mis hermanos y a mí nos hacían bullying por ser de origen chino; había a ratos una especie de trato peyorativo. Pienso que se debe a un fenómeno de ignorancia hacia la cultura china. Absurdo, porque no se trata de comparar ambas culturas, donde las dos son enormemente ricas. Sí, nos hacían bullying, pero nunca me afectó ni pensé en quitarme el apellido Wong y solamente usar el Hidalgo porque la herencia china siempre fue muy importante.”

¿Por qué no les afectó ese bullying a los hermanos Hidalgo Wong? “Lo que importa es lo que ocurre en tu familia”, responde el pianista. “Importa la manera en que, en tu casa, asumen esas herencias culturales. En la nuestra fue muy importante; pero no se sobrevaloraba. Entendíamos el peso de esta cultura ancestral. Hoy, lo que ves de China, lo que ve toda la gente, es su formidable manejo comercial, pero nosotros no fuimos educados en la tónica de que los chinos eran comerciantes y ya, sino que eran parte de una cultura esencial. Eso fue lo que impidió que, por más bullying que hubiese, no nos afectara como para querer ocultar nuestra parte china. Claro, creces, llegas a la prepa, en mi caso a la Escuela Superior de Música, y te encuentras con otra cosa, con el respeto al otro, a otra cultura”.

De padre médico y madre enfermera, ese destino rompió con la tradición comercial que trajo el abuelo. “Todos hicimos carreras diferentes, y todos tuvimos formación musical. De los seis, tres nos dedicamos a la música, y ahí está una gotita de parte del abuelo: mi madre cuenta que él tocaba un instrumento chino de una sola cuerda, que se toca con arco. Él hacía música”.

Recuerda el jazzista, que ha sido catedrático en la Universidad de Texas y hoy lo es en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y en la Escuela Superior de Música, que su familia siempre estuvo integrada a la comunidad china mexicana, y así comparte sus recuerdos.

“Antes la fiesta del año nuevo no era la celebración comercial que hoy se hace en el barrio de Dolores; solamente estábamos invitados los que pertenecíamos a la  comunidad. Era un gran festejo, porque los chinos son muy fiesteros, y muy jugadores. De hecho, mi abuelo llegó a ganar un café a las cartas. En ese sentido eran sectarios. Estábamos los que “café con leche”, los que éramos chinos mexicanos; estaban los chinos chinos, y aquellos que por ser tercera o hasta cuarta generación a veces ya no tenían apellido chino. A ellos, les decían “españoles”.

La memoria de aquella antigua comunidad del barrio de la calle de Dolores se vuelve, en las palabras de Daniel Wong, una estampa entrañable: “Era muy disfrutable ver a los ancianos jugando, tomando  sus bebidas chinas. Entre los jóvenes, mucha comunicación y convivencia; uno de los juegos preferidos en la comunidad es el ping pong y había torneos… yo me consideraba bueno, porque para entrar a esos torneos tenías que serlo, y la verdad es que todos jugaban increíble. Esa vida en comunidad me generaba una profunda identificación. Pero para mis hermanos había otras cosas que, a su manera, también los unían a nuestra herencia china. Pablo, mi hermano –el flautista Pablo, con quien Daniel también hace alianza en el conjunto The Wong Gang-, halló su vínculo en la comida, y es un excelente cocinero de comida china.

Ya hay una nueva generación de los Wong. Los hijos mayores de Daniel, que también hacen carrera en el mundo de la música, tienen interés por conocer esa parte de la historia familiar. Un pequeño de seis años y su hermano menor “el nuevo Daniel Wong”, de unos cuantos meses de nacido –de madre suiza mexicana- recibirán en algún momento la impronta de su herencia china, pero al padre de estos niños, le parece que todo se resume en un concepto: “somos ciudadanos del mundo, con un hilito que no se rompe y que nos sigue uniendo a China; sabrán siempre esta historia, completita.”

 

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