Legislativo nuevo, no reciclado - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 10 de Marzo, 2018
Legislativo nuevo, no reciclado | La Crónica de Hoy

Legislativo nuevo, no reciclado

Aurelio Ramos Méndez

Está en su apogeo, en todos los partidos y frentes, el despliegue por parte de caciques y mandamases de toda laya del más amplio repertorio de maniobras, zancadilleo, codazos, truculencias y estratagemas para tratar de ganar lugar en las listas de diputados federales y senadores, cuyo registro ante el INE inicia este domingo. Es imperativo atajar esta acometida.

Los institutos políticos están convertidos en herraderos, donde menudean coces y corcoveos por quienes buscan prefigurar unas cámaras legislativas iguales a las de siempre, no unas que realmente cumplan sus funciones y represente con dignidad a los mexicanos.

Abstraídos en la contienda por la Presidencia los ciudadanos han soslayado la necesidad de poner la lupa a la conformación del Poder Legislativo; es decir, la instancia del Estado responsable ni más ni menos que de ejercer control del Ejecutivo.

Cabe la recomendación de colocar reflectores sobre ese proceso partidista, a propósito de la instalación en el PRI, con bombo y platillo pero con seis meses de demora respecto a su creación estatutaria, de una Comisión de Ética –prohibido reír, seamos piadosos--, cuya utilidad será la misma de un paraguas en un vendaval.

Convertidos en fetiches democráticos en nuestro medio desde hace por lo menos tres décadas, los códigos de ética –partidistas, periodísticos, empresariales, institucionales-- son papel picado, catecismos que a nadie obligan.

Y las instancias encargadas de cuidar la observancia de esos bonitos documentos suelen ser campanas que llaman a misa y nada más; entes emisores de recomendaciones de acatamiento voluntario, susceptibles de ser apiladas hasta cubrirse de polvo y caer en el olvido.

A estas alturas de la historia está claro que los políticos y funcionarios deshonestos dejarán de serlo el día que se topen de frente con la ley y la justicia, no cuando apele a su conciencia una comisión responsable de imponer buena conducta.

Dejarán de robar esos señores y se esmerarán por ser eficientes, cuando corran el riesgo de parar en la cárcel o tener que resarcir de su peculio las consecuencias de sus pillerías o incompetencia.

El combo priista que encabeza el ex dirigente nacional José Antonio González Fernández, en todo caso, ya tiene la tarea de revisar el expediente de José Antonio Meade. Le fue asignada por… el propio precandidato presidencial.

Se trata de una misión imposible, que será abordada a sabiendas de que es una pantomima, pues tal expediente no puede resultar más que inmaculado.

Son ocho los integrantes de la pomposa comisión del tricolor. Jorge de la Vega Domínguez, Irma Cué, Paloma Guillén, Gudalupe Gómez Maganda, Karina Culebro, María Fernanda Bayardo y Fernando Zendejas, además de González Fernández.

Está por verse quién de ese grupo es el guapo que osará pasar por el tamiz de la valoración ya no digamos jurídica, sino apenas ética, el tránsito de dos décadas del abanderado presidencial por los más altos puestos del servicio público.

Dilatado recorrido burocrático el del precandidato, del cual emergió sin mancha alguna en su plumaje, por acción ni por omisión, a pesar de su paso por Hacienda, en dos ocasiones. Es decir, por la secretaría encargada de cuadrar las cuentas –partidas públicas, secretas y ultrasecretas--, en función de lo que el gobierno de que se trate requiera.

El grupo de trabajo priista podría, sin embargo, revisar de oficio, al menos por encima y tan sólo por colocar una aduana más, los expedientes de aspirantes a diputados y senadores, con la finalidad de colaborar por esa vía a una verdadera renovación del Legislativo.

Podría así tachar sin miramientos los nombres de quienes han estado enquistados por lustros en el Congreso, columpiándose en el trapecio de una a otra cámara; llegando siempre al poder con dinero para hacer más dinero, concibiendo su función como oportunidad para traficar con todo lo traficable.

Salvo pocas y honrosas excepciones, el grueso de los integrantes del Legislativo, de todos –todos-- los partidos, entienden su encargo como patente para participar en el saqueo del botín del Estado o, en el mejor de los casos, una ventajosa beca por la cual nadie les pide cuentas.

Diputados y senadores ha habido que nunca presentaron una iniciativa de ley ni participaron en debate alguno en comisiones; tampoco pronunciaron discurso propio o ajeno en la tribuna, y muchas veces, en el pleno, alzaron la mano para votar sin saber siquiera el punto del orden del día en que se hallaba la sesión.

Peor todavía, la mayoría de legisladores sabe que puede acudir o no a las cámaras y su jugosa dieta –a despecho del reglamento cameral y las advertencias de coordinadores-- estará siempre a salvo.

Saben esos sedicentes representantes populares que en las curules y escaños y por cuenta de los contribuyentes, se puede dormir, comer, beber, atender negocios personales, entretenerse con las redes sociales desde los celulares y hasta ver pornografía en computadores portátiles. Y en los despachos y salones, hasta organizar fiestas con mariachi.

Chantajistas irredentos, intuyen que el Ejecutivo premiará su sumisión, en efectivo, con puestos dentro de la burocracia o con contratos, cada vez que se requiera aprobar una ley o un decreto en los términos que aquel decida, muchas veces incluso con dictamen elaborado extramuros del Congreso.

La confección, pues, de las listas de aspirantes a San Lázaro y Reforma 135 es oportunidad para intentar el cambio.

Oportunidad para conformar un Legislativo sin moches, trafiques ni clientelismo; que le cuide las manos al Ejecutivo. Que, al tramitar el Presupuesto, defienda con ardor la orientación social del gasto público,  los intereses legítimos de sus representados.

Se necesita, en suma, un Poder Legislativo nuevo, no reciclado. Uno que ayude al Presidente a gobernar con acierto, pulcritud y carácter; distante de la actual ficción de separación de poderes, y, en general, de lo que ahora es ese poder del Estado: un triste muestrario de todos los vicios que pudren la política y el servicio público en nuestro país.

A todo eso pueden contribuir las instancias éticas de los partidos, a condición de darles portazo a los de siempre y propiciar que al Congreso lleguen, sin hipérbole, los mejores mexicanos. Sin  perder de vista que, más que observancia de los códigos de ética, se requiere aplicación en serio de la ley.

aureramos@cronica.com.mx

 

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