Cultura

Identifican por primera vez estrellas de mar en ofrendas del Templo Mayor

Arqueología. Son más de 55 mil los fragmentos ubicados que corresponden a 111 individuos de al menos seis especies. Las más abundantes son Nidorellia armata, mejor conocida como chocochip porque tiene unas espinas color café, las cuales se distribuyen desde el Golfo de California hasta Guerrero

Identifican por primera vez estrellas de mar —asteroideos— en las ofrendas de Templo Mayor. Se trata de 55 mil 069 fragmentos que corresponden a 111 estrellas de mar depositadas en 20 ofrendas, entre las que destacan las colocadas en la ofrenda del monolito de la diosa de la tierra: Tlaltecuhtli, en donde arqueólogos y biólogos identificaron especies con medidas que duplican a las estrellas de mar que hoy viven en aguas nacionales.

“Debajo del monolito de Tlaltecuhtli, habían ofrendas con decenas de miles de objetos, entre éstos, encontramos placas que no sabíamos qué eran, unos decían que eran algas calcáreas, otros que eran esponjas. Hasta que el experto de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Francisco Solís-Marín, nos resolvió el misterio: eran endoesqueletos de las estrellas de mar”, comentó el arqueólogo Leonardo López Luján.

A partir de ese momento, los expertos del Proyecto Templo Mayor, en conjunto con especialistas del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, iniciaron la separación y la limpieza de 49 mil 633 de estas placas o fragmentos de estrellas de mar para identificar a qué especies pertenecían. 

“Los arqueólogos nos mostraron un conjunto de placas desarticuladas, todas revueltas, porque ni ellos ni nosotros sabíamos cómo separarlas, pero al final lo hicimos por forma. Eran cubetas y cubetas llenas de placas”, detalló la investigadora de la UNAM, Carolina Martín-Caro.

Posteriormente, dijo, iniciaron con el trabajo de identificarlas a nivel de especie, “pero como nosotros normalmente vemos a las estrellas cubiertas de piel, desconocíamos la apariencia de las placas, por lo que tuvimos que tomar ejemplares modernos y con cloro, remover la piel y el resto de material orgánico para tener una imagen de placas articuladas y compararlas con lo hallado en Templo Mayor”.

Hasta el momento, los expertos han registrado seis especies de estrellas y las más abundantes son Nidorellia armata, mejor conocida como chocochip porque tiene unas espinas color café, las cuales se distribuyen desde el Golfo de California hasta Guerrero.

“Conforme fuimos revisando estos ejemplares, teníamos la idea de que eran placas muy robustas y grandes, sin embargo, como las encontramos desarticuladas, no teníamos manera de explicar o de relacionar si realmente correspondían a organismos de mayores tallas que las actuales”, comentó Martín-Caro.

Entonces, realizaron un estudio llamado tamaño del radio mayor, es decir, midieron del centro de la estrella de mar a la parte más alta, de uno de sus picos (o punta). El resultado fue, que en comparación con los mismos ejemplares que resguarda la colección de estrellas de mar del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, las halladas en Templo Mayor eran mucho más grandes.

“Los ejemplares más grandes de las ofrendas llegan a tener 14 centímetros de radio mayor, es decir, de punta a punta en total miden 28 centímetros y actualmente el ejemplar más grande que tenemos en la UNAM, es de ocho centímetros”, destacó.

¿Por qué han disminuido su talla? La especialista Martín-Caro precisó que antes las condiciones del mar eran distintas, posiblemente la temperatura era menor y también la acidificación, incluso había más nutrientes y menos contaminantes.

“La otra explicación es que muchas veces a esta estrella Nidorellia armata, la sacan para usarla de suvenir y, a lo mejor, nosotros mismos no estamos permitiendo que alcance la talla que antes tenía”, explicó.

Las otras especies que los científicos identificaron en Templo Mayor son: Astropecten regalis, Luidia superba, Phataria unifascialis, Astropecten duplicatus y Pentaceraster cumingi.

EL TRASLADO. Una hipótesis que plantean los integrantes del Proyecto Templo Mayor, que cumple 40 años de existencia y que actualmente dirige el arqueólogo Leonardo López Luján, es que las estrellas de mar halladas fueron recolectadas en tiempos prehispánicos a menos de 20 metros de profundidad.

“Hay un mural muy conocido en Teotihuacán, en el barrio de Tetitla, que nos muestra a un buzo teotihuacano sumergido en las profundidades de Teotihuacán con una red y en donde no hay estrellas, pero sí conchas. Esto nos muestra que hace 2 mil años antes del presente el hombre ya estaba en la costa recuperando estos materiales trayéndolos al Altiplano”, señaló López Luján.

¿Cómo eran transportadas las estrellas de mar?, la investigadora Carolina Martín-Caro comentó que durante 10 días de trayecto y posiblemente en recipientes cerámicos con agua de mar.

“Lo que nos cuesta trabajo entender es la distancia que tenemos hacia las costas, hay 290 kilómetros de la Ciudad de México hacia el Pacífico y 245 kilómetros hacia Golfo. Entonces se ha estimado que los portadores tenían jornadas en las que recorrían entre 25 y 30 km, es decir, de 8 a 10 días del Golfo de México y hasta 12 días para el Pacífico”, destacó. 

Una ventaja de las estrellas de mar, añadió, es que pueden pasar varios meses sin consumir alimentos, además de que pueden cambiar su alimentación de acuerdo a los recursos disponibles, por lo tanto, a veces pueden ser herbívoras, carnívoras o caníbales. 

“Estas estrellas ¿eran puestas en las ofrendas vivas o muertas?, ésa es otra gran pregunta. Si sacas del agua a las estrellas, mueren en pocos minutos porque es como si se estuvieran ahogando y empiezan a perder el color y a tener un olor desagradable. Es factible que las hayan llevado muertas pero también es factible que las hayan llevado vivas en recipientes cerámicos con agua de mar”, dijo.

Otra incógnita que los expertos tienen, es por qué no están representadas en el arte mexica, es decir, en los atavíos de las deidades, en esculturas o bajorrelieves.

“Están representadas en Teotihuacán, del 150 y 600 d.C.; en Cacaxtla, Xochicalco y Teotenango durante los años de 650 al 900 d.C; en Tula del 950 al 1150 d.C, pero no hay representaciones de estrellas de mar de 1325 a 1521 d.C., no está presente en el arte, hay otros equinodermos pero particularmente estrellas que encontramos en las ofrendas, no están en el arte, es una pregunta que no sabemos responder aún”, precisó López Luján.

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