Debatir la democracia

Isidro H. Cisneros

El modelo de la democracia deliberativa representa la novedad más relevante en el campo de la teoría democrática. Aparece como una alternativa frente al declive de la participación electoral, la crisis de los partidos tradicionales y el debilitamiento de los vínculos asociativos que afectan a los sistemas políticos de nuestro tiempo. Por ello, resulta relevante la decisión adoptada unánimemente por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que revoca el acuerdo restrictivo adoptado por el Instituto Nacional Electoral que prohibía, en el periodo de intercampaña, los debates en medios de comunicación entre dos o más candidatos a ocupar algún cargo en las próximas elecciones.

Nuestro máximo órgano jurisdiccional sostiene que no debe haber mayores restricciones al derecho a la libertad de expresión, que aquellas previstas por la ley o que fueron establecidas por criterios jurisprudenciales. Claramente el INE excedió sus facultades reglamentarias al establecer impedimentos para la organización y desarrollo de mesas de debates, análisis u opinión en las que participaran candidatos y fueran transmitidas por radio y televisión, imponiendo límites a la libertad de expresión y al derecho a la información. También afectaba negativamente el trabajo periodístico, el desarrollo de la prensa libre y el debate de ideas que exige la opinión pública en el marco del actual proceso electoral. La importancia de esta resolución es clara desde la perspectiva ciudadana.

Defender el derecho a la deliberación quiere decir promover el diálogo y el debate para el fortalecimiento de la conciencia ciudadana. Es posible identificar importantes destellos de la participación deliberativa a lo largo de la historia del pensamiento político. Fue Aristóteles quien por primera vez defendió el valor del proceso en el cual los ciudadanos de la Polis discuten públicamente sobre los asuntos comunes. Deliberar quiere decir, según Juan Jacobo Rousseau, introducir la idea del bien común y de la voluntad general en la base de la sociedad política. Por su parte, John Stuart Mill al analizar las dimensiones de la libertad, propone una interesante conjugación de los conceptos democracia y deliberación. Se podrían agregar las reflexiones de Hannah Arendt relativas al espacio público y la ciudadanía.

No obstante, ha sido el filósofo Jürgen Habermas quien mejor ha desarrollado el vínculo entre deliberación democrática y principio de soberanía popular. Considera que la fuente esencial de la legitimidad es el juicio colectivo del pueblo, el cual no es la expresión de una voluntad absoluta, sino de una situación discursiva ideal en la que los actores son tratados como iguales ya que poseen igual atención, competencia y conocimientos motivados no solamente por el autointerés, sino por el deseo de comprensión recíproca y donde los actores son influenciados por la fuerza del mejor argumento.

El modelo de democracia deliberativa que necesitamos para México debe permitir validar las diferentes propuestas en relación con la promoción del bienestar colectivo. Debatir implica el uso público de la razón y el reconocimiento del pluralismo existente sobre las maneras para llevar a cabo las transformaciones que requiere nuestro país. La democracia deliberativa incorpora los principios de inclusión, participación, libertad e igualdad entre los candidatos, quienes no pueden evadir la responsabilidad de debatir sus propuestas.

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Twitter: @isidrohcisneros

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