Academia

Mexicana es reconocida como joven talento de la ciencia mundial

Selene Fernández Valverde, del Langebio-Cinvestav, fue galardonada con la Beca L’Oreal-UNESCO en la categoría International Rising Talent. Se especializa en la investigación del ARN no codificante

Selene Fernández obtuvo en 2016 la Beca L’Oreal-UNESCO en su modalidad local, galardón que se realiza junto con Conacyt y la AMC.

La investigadora Selene Fernández Valverde fue elegida como una de las científicas ganadoras de la Beca L’Oreal-UNESCO en la categoría International Rising Talent, por sus trabajos en el conocimiento y análisis del ARN. El galardón lo recibirá el próximo 21 de marzo en París, junto con otras 15 jóvenes investigadoras de todo el mundo, en la categoría que es un paso intermedio entre el galardón nacional —que obtuvo en 2016— y el que reconoce a científicas consolidadas, el cual ya han ganado otras mexicanas.

La beca le permitirá continuar sus estudios en ARN no codificante, área de frontera en la ciencia que busca entender para qué funciona gran parte de esta información genética que permanece, en su mayoría, como un misterio.

La científica, adscrita al Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio) del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Unidad Irapuato, obtuvo la beca nacional para mujeres en la ciencia L’Oreal-UNESCO-Conacyt-AMC en 2016, lo que permitió hacerla elegible en el galardón internacional de jóvenes promesas, donde concursaron 127 investigadoras del todo el mundo. Fue una de las dos latinoamericanas elegidas con el galardón. “Fue una sorpresa porque son muchas mujeres compitiendo. Es un honor”, señaló en entrevista.

La también catedrática Conacyt estudia un tipo de moléculas catalogadas como ARN no codificante, descubiertas hace alrededor de una década y de las que se desconoce muy poco. Se conocen diferentes tipos de ARN —ácido ribonucléico—, el más conocido es el “mensajero”, que lleva información del ADN a los ribosomas, donde se sintetizan las proteínas. Su secuencia de nucleótidos determina la secuencia de aminoácidos de una proteína, por lo que se dice que es “codificante”. 

Las moléculas que estudia la investigadora “no codifican” y durante mucho tiempo se desestimó su función, pero poco a poco se ha revelado cada vez un poco más sobre qué papel juegan en el gran rompecabezas genético.

“Este tipo de genes están presentes en el maíz, frijol, humanos y ratones, así como en la mayoría de los organismos que estudiamos”, dice. En su laboratorio, la especialista genera programas de cómputo para realizar comparaciones entre distintos organismos y saber qué partes de estas moléculas pueden ser importantes. 

En el mundo existe un gran interés por llenar ese hueco del conocimiento y por la excitación de descubrir algo nuevo de un campo que se desconocía hace tan sólo diez años. Hay grupos destacados de investigación en Israel, EU y Europa, puesto que el área se vincula a muchas otras del conocimiento. 

“Si buscamos, por ejemplo, genes asociados a una enfermedad como la diabetes, encontraremos que existen muchas mutaciones que caen en estas moléculas, pero como no sabemos qué hacen ignoramos esas regiones”. Lo mismo sucede con tipos de cultivos resistentes a la sequía o con sus ventajas en el medio ambiente, agrega. “Se pueden realizar asociaciones en estas partes del ADN, pero como no se sabe qué hacen se dejan de lado. Por ello, queremos que dichas regiones se incluyan en el análisis para entender mejor qué causa una cierta característica en un organismo”.  

CONSTRUCCIÓN. De lo poco que sí se sabe, menciona, es que estas moléculas cambian en la forma en que encienden y apagan los genes. “Todas nuestras células tienen el mismo ADN, pero no son iguales si están en la piel o en el ojo, por ejemplo, lo que cambia es la cantidad que tienen de cada cosa”.

La científica hace la siguiente analogía: pensemos que las proteínas son como materiales de construcción. Construir una casa o un rascacielos requiere del mismo tipo de materiales, la diferencia está en su cantidad y cómo se mezclan unos con otros. “De igual forma, en todas las células tenemos la misma posibilidad de generar componentes, pero los ARN participan mucho en su control, como los ingenieros que ponen las cosas juntas para construir un edifico. No son los únicos, también hay proteínas que realizan esta función, no obstante, es por ello que nos interesa conocer mejor el encendido y apagado de genes”. Hay ciertas enfermedades complejas que no se entienden bien debido a que hay más de un gen implicado, agrega, por lo que el problema es desconocer el funcionamiento en conjunto.

El ARN cambia rápido y por eso son moléculas cruciales. “Son más flexibles que las proteínas, esto es, si cambiamos un bloque de la construcción el resultado será más drástico, a diferencia del ARN, donde se pueden adquirir nuevas funciones”.

La científica refiere que la biología molecular es cara, así que en la búsqueda de mantener la competitividad internacional en el área se requieren recursos para realizar pruebas experimentales, parte de los cuales ha obtenido ya con sus dos becas para Mujeres en la Ciencia. “Queremos probar si nuestras predicciones son correctas y así mejorar nuestros métodos, los cuales podría usar toda la comunidad científica para que, a su vez, identifique las funciones que tienen estas moléculas, las cuales, aunque no estamos seguros qué hacen, son muy importantes”.

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