Rigoberto Salgado

El lago del Bosque de Tláhuac se secó por una grieta producto del temblor del 19 de septiembre pasado y, a seis meses, el delegado no ha movido un solo dedo para recuperarlo. Su displicencia y poco interés lo ha demostrado en los últimos días, pues cada vez que se le contacta para que nos hable del tema, el morenista pide que se le llame más tarde, y después ya no contesta. Y mientras se esconde el lago está muerto; en medio, sólo trajineras varadas, lodo y la falla geológica de siete metros.

 

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