Amlodipino para todos

Wilfrido Perea Curiel

En semanas recientes, López Obrador le pidió al presidente Peña Nieto que se serenara, irónicamente le sugirió tomar el medicamento amlodipino, para ayudarlo, supuestamente, al manejo de la presión generada por las campañas en curso. Como van las cosas, los laboratorios tendrían que incrementar la producción de tal fármaco, ya que presenta alta demanda por parte de la angustiada e irritable clase política del país.

Aunque automedicarse nunca ha sido buena idea, el propio tabasqueño tendría que tomar tres dosis al día de dicha sustancia para manejar su estrés. Precisamente cuando en todos los estudios de opinión, aparece consolidado en la primera posición con una muy amplia ventaja; justo cuando los astros se le alinean y la guerra entre el PRI y el PAN parece no tener fin, de nueva cuenta evoca ese misterioso mecanismo de autodestrucción que, de alguna manera, incidió en sus derrotas de 2006 y 2012. El amago del tigre sin correa estuvo de más; con ello AMLO insinúa que no aceptará su derrota y que, en caso de darse, consecuentemente provocaría un desgarre social. Quizá si la figura hubiera sido evocada por Martí Batres o Fernández Noroña, habría cabido; pero no por quien está realmente cerca de convertirse en presidente de la República. La mesura de su discurso en la intercampaña le había reportado dividendos, le daba talla de jefe de Estado. Ahora sus detractores tendrán argumentos para machacar con aquello del “Mesías tropical”. Que alguien le diga que se ubica en una situación envidiable y se trata de que administre su ventaja.

Por lo visto, Peña Nieto ni siquiera ha adquirido la caja de comprimidos, aunque las decisiones que está por tomar demandan mucha sobriedad y responsabilidad. Dado el ADN político del mandatario, debe ser enorme la tentación de meterse en la elección y torcerla.El reciente incidente de la PGR y las airadas reacciones que desató no debieran ser soslayadas. Algún asesor le debería perfilar escenarios de cómo quedaría ante la historia y que aquel incidente del desafuero de Fox sería una anécdota muy menor comparada con lo que pudiera desatarse. Las horas más oscuras se viven en Los Pinos, la cavilación en soledad debe ser profunda y compleja, dejar pasar, pactar, torcer, confiar, temer.

Quizá el amlodipino le habría venido mejor a José Antonio Meade, más que los suplementos alimenticios en polvo que tomó este fin de semana. Para un equipo de campaña tan superficial que confunde operación política con sacarse fotos, subirlas al face y tomar café, debió haber sido muy dolorosa la rechifla en el estadio de las Chivas. Como también lo debió haber sido observar que, en los más recientes cortes de las encuestas, la costosa ocurrencia de la PGR y su video, no le reportó ganancia significativa. Hay más problemas en puerta para el PRI, ante el revuelo interno que generará la publicación de las listas definitivas de las candidaturas para diputados federales y senadurías. De acuerdo con diversas encuestas, la prospectiva apunta a que, de las nueve gubernaturas en juego, el tricolor sólo es competitivo en Yucatán. De igual manera, se avizora una debacle para el PRI en las cámaras de Diputados y Senadores.

Ricardo Anaya tendría también que recurrir al mentado amlodipino, o tal vez a un calmante más potente. Se dice que desde Estados Unidos vendrá el misil letal. Que el gobierno federal no cesará en su ofensiva, que escalará el conflicto y que viene su descarrilamiento definitivo. Aunque asimismo se apunta en el debate público que, si nada de esto ocurre, Anaya resultaría fortalecido, sus emociones deben andar al tope. Llama la atención que, a pesar del sistemático bombardeo en su contra,el amparo de su partido haya sido más bien tibio. Salvo el jefe Diego —quien lo mismo lo escuda que se va a brindar con Meade—, el blanquiazul parece indolente a lo que sucede con su candidato. Claras señales de molestia interna. Sus más decididos defensores han sido sus nuevos amigos del PRD y un destacado grupo de intelectuales.

pereawilfrido@me.com

 

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