Ayotzinapa, el paso de la tortuga, el documental que silenció a Guadalajara | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 15 de Marzo, 2018

Ayotzinapa, el paso de la tortuga, el documental que silenció a Guadalajara

Ayotzinapa, el paso de la tortuga, el documental que silenció a Guadalajara | La Crónica de Hoy
A través de testimonios y voces de familiares de los desaparecidos, el largometraje busca mostrar el impacto de este acontecimiento en la sociedad.

“1, 2, 3, 4, 5…”.

Dio inicio el conteo que rompió el silencio fúnebre que generó por varios minutos el final del documental Ayotzinapa, el paso de la tortuga, en la segunda de sus funciones en el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), y que fue especial porque fue la primera vez que lo vio el aclamado cineasta mexicano Guillermo del Toro, quien funge como productor junto a su “mamá cinematográfica”, la productora Bertha Navarro y en colaboración con TV UNAM y el Instituto Mexicano de Cinematografía.

El filme es dirigido por el realizador Enrique García Meza, quien minutos antes de la proyección llegó acompañado por Del Toro, Navarro y parte de su equipo de producción: “Recibimos la llamada de dos de las madres de normalistas y nos pidieron que no los olvidemos”, apuntó Bertha Navarro, en un mensaje inicial a los asistentes de la Sala 2 del nuevo Conjunto de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara.

“…11, 12, 13, 14, 15…”

Este documental cinematográfico exhibe “el dolor y la falta de justicia” ante la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, la noche del 26 de septiembre de 2014; hace la crónica de lo sucedido hasta el 27 de septiembre, los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos fueron víctimas de desaparición forzada.

A través de testimonios y voces de familiares de los desaparecidos, el largometraje busca mostrar el impacto de este acontecimiento en la sociedad. La película “busca generar conciencia y recordar a los estudiantes desaparecidos, dándoles voz a quienes buscan justicia”.

“Somos parte del equipo que hicimos esta película. Es muy importante que se vea y se estrene en este festival. Es una película que nos duele a todos, a todo México y la intención es luchar contra el olvido y por la justicia ¡Disfrútenlo, no, mejor súfranlo!”, dijo la productora Bertha Navarro al presentar el documental. Del Toro no hizo ningún comentario, miró de reojo al director del filme y lo animó con un aplauso, luego los invitó a ocupar su lugar en la sala para ver el filme, en una función en la que también estaban personalidades como Damián Alcázar y Dolores Heredia.

“… 21, 22, 23, 24, 25…”

Navarro afirmó en entrevista con la Universidad Nacional Autónoma de México  que el objetivo del documental era crear conciencia “ante el hecho mismo y no olvidar, dándoles voz a los que ya no hablan sobre algo tan doloroso como ese caso”. Luego de tres años y medio de ocurrido este caso que conmocionó a México y al mundo, no ha habido avances reales en la investigación.

El filme se desarrolla en dos líneas, una simbólica, estética y metafórica, que ocupa la menor parte del filme y la segunda documentada y testimonial que funciona como un largo reportaje, en el que, a su vez, primero se hace una crónica explicativa de lo ocurrido el día del incidente, con declaraciones de algunos estudiantes que estuvieron presentes, y luego se muestra una cronología de cómo se ha reaccionado ante la situación en distintos niveles, desde el gobierno a los investigadores y analistas.

“…31, 32, 33, 34, 35…”

“¡Asesinos!”, se soltaba el grito a mitad de la función como una reacción de un espectador al planteamiento de impunidad y alguna declaración política; pero sobre todo la indignación se reflejaba en los asistentes moviendo la cabeza de un lado a otro en una clara muestra de negación.

Terminó el filme y hubo aplausos. Pocos aplausos y luego un largo silencio. Gélido. No hubo una reacción eufórica con Guillermo del Toro como había ocurrido desde que llegó al festival el pasado sábado y que provocó una locura multitudinaria en sus tres conferencias magistrales. Quizás la sala esperaba algún comentario de él o los realizadores, pero no ocurrió. Pasaron los minutos. El cineasta tapatío se detuvo a saludar en discreción a algunos amigos y antes de salir de la sala comenzó el conteo.

“… 41, 42, 43…”

“¡Justicia!... ¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!”, se gritó al unísono en la sala.

Nosotros como padres debemos saber dónde están nuestros hijos, no los podemos abandonar. Si ustedes estuvieran en nuestro lugar harían lo imposible como nosotros (…) Muchas veces nos critican y nos dicenya acéptenlo, ya supérenlo’, pero cómo hacerlo. Nos dicen que nos gusta estar en los eventos y no es así, lo que ya quisiéramos es regresar a casa porque tenemos más hijos, tenemos nietos, y tuvimos que dejar trabajos para emprender esta búsqueda”, dijo ayer, en otra de las funciones, una de las madres de los normalistas que acudió al festival. Nuevamente se silenció la sala y se volvió a escuchar el conteo.

 

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