Falta de voluntad, problema de las cárceles de México - Israel Moreno | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 15 de Marzo, 2018
Falta de voluntad, problema de las cárceles de México | La Crónica de Hoy

Falta de voluntad, problema de las cárceles de México

Israel Moreno

Uno de los principales problemas de las cárceles en el país es la sobrepoblación; a lo largo de la historia, este problema impide al sistema penitenciario mexicano cumplir con uno de sus principales objetivos: la readaptación social.

A ello debemos sumarle la falta de personal técnico capacitado en diversas materias, como derechos humanos e incluso en primeros auxilios, por poner sólo un par de ejemplos.

Lo anterior constantemente ha provocado en algunos penales como los de Topo Chico y Ciudad Victoria, problemas que se han salido de control, con reacciones tardías del personal o, peor aún, por negligencia y no contar con medidas preventivas. De simples riñas, se ha pasado a la tragedia. Si hacemos memoria, en Topo Chico, Nuevo León, murieron 49 reos de manera dramática. Por varios días se difundieron imágenes de la riña que dejó ese saldo y, en algunas tomas de video, se ve un número mínimo de elementos de seguridad. Fue hasta que terminó la riña cuando ingresó el grueso de la seguridad a retomar el control.

En el segundo penal mencionado, en Tamaulipas, la disputa entre reos arrojó 8 internos heridos, situación que, como he descrito tiene, entre otras causales, la sobrepoblación.

Lamentablemente no es la única problemática que existe, pero sí una de las más serias. La venta de drogas es otra.

Según las cifras de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) para junio del 2015 más de la mitad de los penales en el país tenía un problema de sobrepoblación. En las 420 cárceles que hay en nuestro país y que cuentan con una capacidad de 195 mil 278 mil personas, hay 46 mil 722 internos más, es decir, hay un total de 242 mil reclusos en estos centros penitenciarios sobrepoblados, lo que conlleva que en algunos de estos lugares los reos duerman amarrados en las rejas de las celdas, de pie.

A estos internos se les llama gárgolas por la forma de dormir derivada del hacinamiento. En efecto, muchos allí ni siquiera cuentan con una cama.

Lo lamentable de esto es que en México se le apuesta a construir cada vez más prisiones para desahogar las ya existentes y así evitar los problemas descritos.

Por obvias razones, son medidas correctivas con pocas probabilidades de éxito ya que no son preventivas. Si esos recursos para construir prisiones se destinaran a la recuperación de valores, desde los núcleos de los hogares, no existiría la necesidad de más paredes que se encarguen de privar de la libertad a la gente.

Esto no es un sueño guajiro; a continuación describo ejemplos de sitios en los que las autoridades sí se han atrevido a tomar ese camino.

En Noruega y Finlandia por ejemplo, tienen de las tasas de encarcelación más bajas de Europa, ya que existen 66 presos por cada 100 mil habitantes en Noruega y 52 en Finlandia.

Estas cifras no deberían alegrar a nadie, toda vez que mientras exista un preso esto se deberá a que algo se está haciendo mal; pero que existan cientos de miles de presos, como pasa en nuestro país, es porque las cosas no están nada bien, y lo peor es que no se quieren hacer cosas diferentes a lo que hasta ahora se ha hecho y no ha funcionado, pues cada día las cifras penitenciarias crecen.

Como dato, en los Estados Unidos se registran 727 presos por cada 100 mil habitantes y en Colombia 393, lo que nos indica que existe sobrecupo de 117 mil en nuestro vecino del norte mientras que en el segundo hay 78 mil reos de más de lo que se puede recluir en sus prisiones; y pongo estos dos ejemplos para darnos una idea de que en diversas culturas y tipos de educación este problema subsiste, en comparación con Escandinavia, región geográfica caracterizada por su alto grado de educación y en donde las diferencias sociales son menores, lo que inhibe que los individuos sientan necesidad de recurrir a cometer actos ilegales para ganarse la vida o subsistir.

Incluso cuando un escandinavo —entiéndase que me refiero a un islandés, finlandés, noruego o sueco— es condenado por violación a la ley, es sometido a una serie de programas para su rehabilitación o reinserción social mediante actividades de orden pedagógico, por ejemplo, música, arte, lectura y agricultura y todo ello sumado a terapias con las que aprenden el valor del trabajo y de la ética, así como el ejercicio de sus talentos naturales como fuerza productiva del país.

En otras palabras, detonan su formación intelectual, de manera que aprendan a integrarse en el mundo en que viven y lo más importante, a identificarse con su realidad.

“El mensaje de la política carcelaria en los países que conforman Escandinavia (zona cultural al norte de Europa) hace hincapié en privilegiar la necesidad de reintegración del condenado en la sociedad más que en la necesidad de castigo y no se concibe el castigo como justicia…” por lo que en síntesis, de acuerdo con fuentes, es que “si robaste, produces; si mataste, aprendes el valor de la vida; es decir, una acción negativa se contrarresta con una acción positiva diametralmente opuesta a la que se incurrió”, factor que bien sintetiza Pitágoras en la siguiente frase: “ Educad al niño, para  no castigar al hombre”.

Twitter: @israelmorenori

 

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