La Libertad del Diablo y la reconstrucción de la verdad en México | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 16 de Marzo, 2018

La Libertad del Diablo y la reconstrucción de la verdad en México

El filme se estrena hoy en varias salas de la Ciudad de México, y previamente a esto, el director Everardo González habla con la prensa y expone las implicaciones de ver esta producción

La Libertad del Diablo y la reconstrucción de la verdad en México | La Crónica de Hoy

La película documental La Libertad del Diablo del director Everardo González es una reflexión sobre los diferentes niveles de violencia que, pese a convertirse en un tema tabú, son una realidad para millones de personas en México.

A través de una serie de relatos se describen diferentes contextos donde la impunidad, la injustica y la verdad salen a la luz, desde la perspectiva de víctimas y victimarios.

“Fue una decisión que me llevó mucho tiempo tomar y me parecía muy relevante porque es una cara que, creo, tenemos que escuchar hoy, además de escuchar, por supuesto, a las víctimas. Me parece que es muy importante, porque estamos en un momento coyuntural en México, que nos va a llevar a discutir conceptos tan complejos como el de la justicia”, comentó Everardo González, en conferencia de prensa.

Respecto a las declaraciones de los victimarios dentro del filme, éstas no pretenden justificar las acciones cometidas, pero sí buscan ampliar el panorama empático del público, para crear una conciencia social más informada sobre las diferentes posturas y vertientes que se viven bajo los contextos en los que estos personajes se ubican.

“Me he dado cuenta de que, efectivamente, muchos de los que ejecutan actos de violencia en este país, no sólo desde el sicariato sino desde las supuestas fuerzas del orden, de haber nacido en una sociedad distinta tendrían un presente también muy distinto, mucho más alentador y creo que era muy importante escuchar a todos esos que de alguna manera también nacieron del lado equivocado” declaró el director.

“Por supuesto, esto fue consultado con las víctimas, yo quería saber si ellos necesitaban escuchar este lado también y cuando me dijeron que sí, pensé que valía la pena hacerlo, mucho más allá de sólo por el hecho de hacer una película”, explicó.

Cada participante en la narración porta una máscara usada comúnmente por personas que sufrieron quemaduras en el rostro; la intención de utilizar este elemento, más allá de salvaguardar la identidad de quien relata, fue la de no generar prejuicios respecto a rasgos faciales, tonalidades de piel, ni otras características que podrían ubicarlos en ciertos estereotipos.

“Algo que yo intenté en un país tan profundamente desigual como el mexicano, a través de la máscara, fue romper con ese estereotipo que nos han dicho todos los medios, prácticamente, de lo que es la cara de la verdad”.

“Al no tener el rostro de la maldad visible, somos nosotros quienes homologamos a las víctimas y a los victimarios, no es la película la que lo hace, es la apreciación de la película, de lo que se ve. Porque entonces, el rostro de un muchacho con suéter como de preparatoria que reconoce sus actividades de sicariato, ¡sorprende!, ¡choca!, porque no estás viendo los tatuajes de las pandillas, la tejana, no ves el rostro que dice también que ésos son los malos, porque somos una sociedad racista que dice ‘ése es el malo’, ‘el pobre’ o ‘el criminal’ ”, enfatizó.

“Tiene que ver más con el concepto complejo de lo verdadero y las posibilidades de verdad que una máscara podía otorgar, con la identidad propia del mexicano, de mostrar siempre un rostro que oculta muchas cosas y saber que el anonimato permite mucha libertad de discurso” argumentó.

Con este tipo de contenido el director busca generar discusión entre el público, crear un estado de catarsis que les impida ser indiferentes a lo que están viendo, que se reconozcan dentro de un contexto que afecta a toda la sociedad y que descubran que no son ajenos a vivir o conocer experiencias similares.

Asimismo, desea crear un tipo de cine que funja como una herramienta de transformación social, que genere un criterio, que confronte al espectador y no que sea tomado como simple entretenimiento.

“Es la otra cara de lo que es la violencia. Estamos muy acostumbrados en este país a que los balazos sean como efectos especiales, pero tenemos que empezar a ver esos eventos como algo terrible, generan viudas, huérfanos, madres desaparecidas, periodistas amenazados y una sociedad que vive con la libertad completamente acotada. El hecho de que vivamos con miedo de que nuestros hijos vayan de fiesta o salgan a la calle, de sabernos vulnerados, es el horror que muestra la película”, contextualizó.

“Aquel que vea de lado lo que sucede en este país, también es responsable, todos los consumidores de violencia, me incluyo, somos responsables de que se cometan actos atroces, somos los que alimentamos esa llama, ahora toca que mire a los ojos a aquel que está en medio del huracán”, concluyó.

 

 

“Aquel que vea de lado lo que sucede en este país, también es responsable, todos los consumidores de violencia, me incluyo, somos responsables de que se cometan actos atroces”

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