Despierta al neurolíder que todos llevamos dentro | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 16 de Marzo, 2018

Despierta al neurolíder que todos llevamos dentro

Salud integral. Para lograr tener una mente que inspire a ser seguida por las demás, es necesario adquirir conductas cerebroamigables, las cuales además de mantener ágil a la materia gris, también contribuyen a mejorar y mantener la salud en general. #Hazmelíder

Despierta al neurolíder que todos llevamos dentro | La Crónica de Hoy

No hacer nada es una de las actividades fundamentales para lograr que el cerebro sea tan ágil y certero como el procesador de una computadora de última generación. No es necesario tener una mente privilegiada como la del astrofísico británico Stephen Hawking, tampoco se requiere tener el carisma de Nelson Mandela, basta con explotar la creatividad y ser congruente con uno mismo.

La propuesta es convertirse en un neurolíder, meta que cumplirá los requerimientos que deben cubrir las personas que hoy en día aspiren a ser la cabeza o guía de cualquier organización, entidad o federación, pudiéndose tratar de una empresa, la nación y sobretodo de la familia.

El neurolíder es aquella persona capaz de seducir a las neuronas de quienes lo rodean. Esta conquista se da porque su personalidad inspira lo suficiente para provocar que se genere la dopamina con la que nace el enamoramiento. El neuroconquistador cautiva a hablar, pues sus oyentes secretan tantas endorfinas que es difícil no hacerse adictos a ellos. El guía neurológico garantiza a su equipo que todos juntos llegarán a la meta porque su orientación y visión genera la noradrenalina suficiente para mantener la motivación.

Consolidarse como un neurolíder ayuda a superar las barreras de comunicación, convivencia y relación que hay entre las personas de diferentes generaciones. Por ejemplo: es usual escuchar que los adultos de entre 35 y 55 años no comprendan las conductas, pensamientos y valores de los individuos que pertenecen a la generación Millenial.

En este sentido, podría ser todavía más difícil empatar los códigos que hay en la cabeza de los miembros de la Generación X con los de los jóvenes de la GenZ, es decir, de los adultos que hoy en día tienen hijos de entre 15 y 20 años de edad.

Sin importar la edad del neurolíder, —ni la de quienes lo rodeen—, esta virtud la construye uno mismo con la cooperación de todos, razón por la que el liderazgo del guía neurológico es consistente, creíble y congruente, características que con frecuencia están ausentes en las personas que están al mando de la empresa, organización, país o núcleo familiar.

Integración para liderear. “La gente está tan absorta con la gran distracción del mundo digital y obsesionada con las finanzas, que la inclinación por trabajar en uno mismo y aprender a destacar de los demás ha desaparecido”, advierte Silvia Damiano, autora del libro El liderazgo está de cabeza y creadora del modelo Las 4i Revolución Neurolíder.

La fundadora y directora general del AboutmyBrainInstitute explica que actualmente se vive en la era de la imaginación, época en la que la creatividad es más importante que el conocimiento, pues la información está contenida en los libros y buscadores de la red pero para desarrollar el pensamiento creativo que lleve al neuroliderazgo se necesita de herramientas como la intuición, pues si uno sabe escucharse asimismo, entonces podrá tener una mente más ágil.

El modelo de las 4i Revolución Neurolider consiste en unificar conductas, hábitos y valores de quienes deseen convertirse en mejores personas y al mismo tiempo en guías neurológicos para los demás. Ricardo González, director de desarrollo para México del AboutmyBrainInstitute, explicó que el modelo con el que trabajan, está enfocado a equilibrar las áreas biopsicosociales de las personas que se entrenan con ellos.

El modelo de las cuatro letras i empieza con la i de integración, es decir, la habilidad de unificar cerebro, mente y cuerpo. La segunda es la i de inspiración, la cual se refiere a la capacidad de proyectar positivamente en los demás. Seguido de esto está la i de imaginar, que es la destreza que permite innovar en el día a día; y por último la i de intuición, que es la pericia que las personas deben tener para escuchar y decodificar sus instintos.

Cuando una persona llega al AboutmyBrainInstitute, se le hace una evaluación para que sea ella misma quien describa cómo se encuentra dentro de las cuatro áreas que conforman cada letra i. Aunado a esto se le pide que proporcione el nombre de veinte personas con las que esté involucrada de manera directa la mayor parte del tiempo, pues serán los padres, la pareja, los hijos, amigos, jefes y compañeros de trabajo quienes también evaluarán al futuro neurolíder.

Con estas evaluaciones, la persona que se está entrenando puede hacerse consciente de que tan real y congruente es lo que piensa de sí mismo respecto a los principales círculos con los que tiene convivencia. “Una persona se puso 60 en ética, sus familiares lo calificaron con 20 y sus compañeros de trabajo con 10. Además de que de esta manera la persona en cuestión se entera de la forma en la que lo ven los demás, estos indicadores nos sirven para implementar un plan de trabajo que se seguirá durante seis u ocho meses y al finalizar se debe hacer nuevamente la evaluación para medir el progreso”, comentó el entrenador maestro.

Aunado a esto, en el AboutmyBrain Instituto también se trabaja en aprender a tener hábitos cerebroamigables, por ejemplo: no hacer nada durante algunos minutos, comer de manera sana, ya que para el cerebro no es lo mismo ingerir los nutrientes que pueden estar en una ensalada, a las grasas y óxidos contenidos en productos fritos. “Lo que nosotros estamos manejando es la neurociencia aplicada al liderazgo, lo que queremos es que tu cerebro funcione bien y con ello el cuerpo que habitas”, concluyó Ricardo González.

Neuroliderazgo en pantalla

Si quieres saber más cómo puedes convertirte en un neurolíder y conocer otras conductas cerebroamigables, consulta el siguiente video en youtube: Conviértete en un neurolíder.

 

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