Hawking nos dejó un gran legado. Tan inmenso como los infinitos que ocupaba en astrofísica. Es para muchos muy triste saber que ha partido el ser humano que nació justo 300 años después de la muerte de Galileo Galilei y que muere en el día del nacimiento de Einstein. 

Desde lo personal, Hawking deja en mí esa huella indeleble de que los obstáculos físicos no deben de truncar el conocimiento humano. Prueba de ello es su afanosa impetuosidad por develar los misterios que nos rodean desde una silla de ruedas.

Lo dije recientemente al enterarme de su muerte, amigos míos, sus libros me han llenado de esas ganas por estudiar más y compartir conocimiento en igual manera. El primero, de muchos libros que leí de él, fue La teoría del todo. En mi pequeña biblioteca personal tengo una docena de sus libros. Y es que justamente hace tres años empecé a reunir el mismo libro en diferentes idiomas, el elegido fue: Breve historia del tiempo, del Big Bang hasta los agujeros negros, del cual puedo presumir gustosamente que lo tengo las ediciones en alemán, inglés, español e italiano. Y espero este año conseguirlo en francés.

Y al estar hoy aquí, escribiendo estas líneas me da gusto ver en redes sociales que se valore el trabajo de divulgador científico. Creer que compartir ciencia es también construir la forma de un pilar fundamental para hacer ciencia. Las trincheras son multivariables. Emanan desde diferentes ángulos y hacen muestra de que podemos ser uno mismo a través de la ciencia y la escritura. Stephen es una bandera que ostenta que no importándonos las limitantes que podamos ver a simple vista podemos hacer que la ciencia sea apetecible para las personas no tan allegadas a ella. Y se puede decir incluso, que la ciencia ya es de todos. Desde el norte hasta al sur, pasando por la derecha y la izquierda. 

@chicoparticulas

 

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