Cultura

Me gusta burlarme de lo común: Ros

El caricaturista presenta su libro No faltaba más, donde reúne 170 cartones ◗ “Es un humor que invita a la inteligencia… y hay que pensarle porque no quiero sacar un chascarrillo sino una sonrisa”, añade

Uno de los cartones de Ros.

Ros (Ciudad de México, 1962) es un cartonista que no se burla de políticos, es alguien que usa escenarios como una isla desierta, una oficina o el consultorio de un psicoanalista para ironizar simulaciones y estereotipos, es un artista que no enfrenta a sus personajes con los lectores porque sólo busca que la gente sonría de forma inteligente. 

Así lo comenta en entrevista a propósito de su reciente libro No faltaba más, donde reúne 170 cartones con diversas preguntas: ¿qué harías si realmente estuvieras en una isla desierta y te llegara una caja con tus libros favoritos en vez de comida? o ¿qué pasaría si tu oficina fuera desmontada, al igual que tus años de trabajo?

“No estoy peleado con mis personajes, ni mis lectores se enfrenten a ellos, no van a encontrar en mis cartones a un malo con quien descargar un poco de rabia. Sólo quiero que sonrían. Es un humor que invita a la inteligencia, no está tan claro el mensaje y hay que pensarle porque no quiero sacar un chascarrillo sino una sonrisa”, comenta Ros.

El también ilustrador espera que en sus cartones la gente se identifique con las situaciones que plasma. “Eso me pasa a mí con mi propio trabajo y el de otros colegas. Mi trabajo tiene una lejanía con el cartón político porque no hay odio hacia un personaje, no me burlo de nadie más que de uno mismo, por lo general ése es un humor cruel con la persona criticada y con razón porque puede que sea un corrupto o un ladrón, pero también ahí hay una cosa de enfrentamiento. Yo no me enfrento, sólo quiero que alguien más sonría”.

¿Ha cambiado su visión del absurdo?, se le pregunta. “No lo creo. Una cosa que sirve muy bien para encontrar el absurdo, son estos escenarios como la isla o el consultorio del psicoanalista porque son espacios tan reducidos en donde la gente dice verdades porque no hay más que decir ahí”

 Eso, añade, funciona muy bien para el humor porque las verdades al ser brutales, dan paso a situaciones extremas y por ende, al absurdo. “Me gusta llevarlas al límite y encontrar ahí un juego”.

Otro escenario recurrente de Ros en sus cartones producidos durante 2016 y 2017 para El País,  que se reúnen en el libro editado por Lumen, son las simulaciones del arte. 

“Las simulaciones son exageraciones. En el caso del arte, el tema es muy polémico, hay mucho humor que trabajar ahí porque hay contradicciones. Podemos decir que hay artistas, por ejemplo, Duchamp que fue un visionario e hizo cosas sorprendentes, es decir, en el arte hay figuras importantes pero también existen simuladores, hay mucha superficialidad, se ha vuelto un negocio bien pagado para que los millonarios inviertan pero la obra adquirida quizá la guarden en una caja. Es decir, el mercado del arte se presta para ser criticado”. 

En uno de sus cartones, Ros ironiza la típica pregunta ¿qué libros llevarías a una isla desierta?. “Estamos acostumbrados a ciertas frases, hechos e imágenes como la isla a la que iremos a leer y la pregunta de los libros, quizá lo que pensaríamos en llevar sería una lancha para regresar o comida para sobrevivir. Pero por eso mismo va la pregunta de los libros porque ya en un escenario tan extremo, lo que podrías dedicarte es leer. Me gusta burlarme de lo común y de lo cotidiano”.

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