Lady Macbeth, un ángel corrompido | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 17 de Marzo, 2018

Lady Macbeth, un ángel corrompido

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La inocencia del ser humano comienza a verse trastocada cuando es invadida por el amor, la ambición o el conocimiento. Posiblemente esta es la premisa del filme Lady Macbeth, dirigido por el británico William Oldroyd, cuyo título es un gancho para el espectador y, a su vez, una referencia agradable por vincularse a la obra shakesperiana, razón por la que se transmite la sensación de observar una puesta teatral en los movimientos, diálogos y miradas de los personajes.

Dicha relación con la obra del poeta y dramaturgo inglés, sólo existe superficialmente, ya que la película está basada en la novela poco conocida de Nicolai Leskov, Lady Mcbeth de Mtsensk (1865).

En la película se muestra a una figura femenina sumisa, rodeada de elementos religiosos, con los que se asocia la pureza de un personaje que posee una mirada llena de incertidumbre e inocencia.

La presencia de Katherine, interpretada por Florence Pugh, por momentos resulta sobrenatural y pasmosa, envuelta en elementos característicos de una Inglaterra rural del siglo XIX, como la disparidad de razas, clases y géneros. La experiencia teatral del director crea ambientes casi pictóricos, llenos de una mezcla de estoicismo y curiosidad que se convertirán en el rasgo de esta mujer.

Los protagonistas se encuentran dentro de un matrimonio creado por imposición, situación común de la época, en el que la indiferencia y amargura de Alexander Lester, interpretado por Paul Hilton, hacia su relación con Katherine, comienza a permear en la personalidad de esta última. El encierro y prohibición de las distracciones del mundo exterior son imposiciones que alimentan el espíritu salvaje de la joven dama, además de un despertar sexual que será el punto de quiebre de toda la historia y que iniciará la perdida de cordura de Katherine.

Es una historia con un guión discreto por parte de Alice Birch, y llena de símbolos que evolucionan junto a los personajes y su trama prácticamente victoriana, con ciertos tintes góticos, que generan en el espectador incertidumbre hacia el personaje principal. Los vestidos y la transición de sus colores en relación con humor del personaje serán las ventanas que poco a poco se abren más para mostrar el mundo que rodea a Katherine, los encuadres geométricos y miradas hacia el espectador, son elementos que ofrecen lecturas diversas y, por lo tanto, riqueza en su argumento.

Desde un punto de vista particular, estamos observando un paralelismo a la historia del ángel Lucifer, una figura bella e imponente que poco a poco fue corrompida por la ambición y sed de poder y conocimiento. Katherine, el ángel caído, muestra a una protagonista corrompida por la belleza de la naturaleza, el deseo sexual y el hambre de poder; que es complementada por dos increíbles interpretaciones por parte de Cosmo Jarvis, quien interpreta el papel de Sebastian, y Naomi Ackie, quien da vida a Anna, cuyos personajes serán los cómplices en cada uno de los arrebatos y desplantes desarrollados por una adolescente, obligada prematuramente a ser adulta, y que coloca a Florence Pugh como una figura a seguir.

Una película con muchas aristas argumentales, una riqueza visual y simbólica importante que, poco a poco, atrapa a la audiencia en un ambiente genuinamente británico y su atmósfera angustiante.

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