Las mujeres en México

Maria Elena Álvarez de Vicencio

Según los censos de 2016, las mujeres en México representan el 51.43% de la población nacional. Los datos que arrojan los censos son indispensables para conocer la realidad y el  punto de partida para la elaboración de las políticas públicas de los gobiernos, las cuales tendrán que responder a las necesidades que los datos expresan.

Antes del año 2000 los datos del INEGI no eran del todo confiables, ya que se presentaban arreglados de acuerdo con lo que los gobiernos requerían para la presentación de sus informes o para la asignación de los presupuestos; hoy podemos confiar, y esperamos que así siga, en la veracidad de las cifras que los censos presentan.

Dos son los cambios que más han afectado a la sociedad y a las mujeres en particular, el trabajo remunerado fuera del hogar y su participación en la política. La ­Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo señala que el 43.9% de las mujeres  forma parte de la población económicamente activa, todavía distante del porcentaje de  hombres, que es de 78%.

La realidad de las cifras  refleja la dificultad que para las mujeres está representando el proceso de cambio de su papel en la sociedad. Con datos de 2016, el 66.9% trabajan como subordinadas,  pero sólo recibe remuneración  el 7.5%, el resto no recibe pago alguno por su ­trabajo. De las que sí lo reciben, el 37.7% no cuenta con acceso a los servicios de salud como prestación laboral; el 41.9% labora sin tener contrato escrito y sólo la ­mitad goza de vacaciones pagadas.

Las mujeres han entrado al campo laboral con grandes desventajas; la primera es la  dificultad  para ser contratadas ya que por el hecho de que pueden ser ­madres, muchas empresas prefieren contratar a hombres. Quienes finalmente lo logran, se encuentran con que su salario es menor al de los varones, tan ­sólo por el hecho de ser mujeres, aunque ellas ­realicen la misma actividad y tengan el mismo, o aun mayor rendimiento.

 La política es otro campo en el cual las mujeres estaban ­ausentes y ahora participan ­activamente. México es uno de los países cuyas leyes favorecen en alguna medida su participación, pero en la práctica las dificultades se multiplican. Los varones que se sentían dueños de todos los cargos públicos; por ley, en algunas áreas del gobierno, han perdido la ­mitad de esos cargos, los cuales ­deberán ser ocupados por mujeres. La respuesta de los varones ante esta realidad ha sido agresiva al defender lo que consideraban propio. En esa defensa aplican múltiples prácticas ­desleales y violentas  para impedir que las mujeres ocupen los cargos que por ley les corresponden.

La violencia se enmascara con el argumento de que en la democracia el voto es quien decide. En este caso esas leyes se consideran como acciones afirmativas que se justifican como medidas transitorias, en tanto cambia la cultura milenaria que excluía a las mujeres del campo político.

En muchos países del mundo, como en México, se ha empezado a aceptar la igualdad entre hombres y mujeres y varios ya han elegido a mujeres para la Primera Magistratura de su país; México también va en esa ruta. Ahora tendremos como candidata una mujer que ha tenido que superar los obstáculos y resistencias propias de los cambios que rompen tradiciones milenarias.  Se ha enfrentado a la competencia desleal que  encubre los impedimentos culturales, como el que ella depende de otro; que su  inteligencia es inferior a la masculina; que su voz no es enérgica, etc. Si en otros países  lo han logrado, las mujeres mexicanas también podrán y se comprobará que la igualdad beneficia a todos por igual. 

Doctora en Ciencias Políticas

melenavicencio@hotmail.com

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