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Con bacterias, mexicanos generan empleos, alimentos y medicinas

Reportaje. Científicos y egresados de institutos de investigación han emprendido proyectos en diferentes áreas biotecnológicas para desarrollar productos o procesos de interés industrial. La SE contabiliza 350 empresas de este tipo, que generan alrededor de mil millones de dólares al año

En México, desde el año 2011, existen más de 350 empresas que fabrican productos a partir de microorganismos vivos: algunas fabrican medicamentos, otras fertilizantes biológicos, unas más, pesticidas menos agresivos con la naturaleza y las hay que transforman alimentos o limpian suelos contaminados. Todas ellas, juntas, integran el sector de las bioindustrias mexicanas, que genera más de mil millones de dólares de ganancias al año, según un diagnóstico de la Secretaría de Economía.

En diferentes estados de la república comienzan a aparecer empresas de base tecnológica, fundadas por universitarios o exuniversitarios, que fabrican medicamentos, bioinsecticidas y suplementos alimenticios transformados por bacterias u otros microorganismos modificados gracias a la biotecnología.

En Morelos y Chihuahua se han creado sustancias para erradicar hongos que dañan las cosechas; en Guanajuato usan microorganismos para elaborar pruebas diagnósticas contra enfermedades y en la Ciudad de México y Yucatán se fabrican suplementos alimenticios con esta misma rama de la biotecnología. En cada caso el trabajo combina esfuerzo en tres vías: investigación, protección a la propiedad intelectual y creación de una empresa.

“Queremos demostrar a nuestros colegas científicos que la investigación no está peleada con la formación de empresas. Nosotros seguimos siendo (tanto) productores como investigadores, seguimos elaborando reportes que se publican en revistas científicas, pero además hemos desarrollado un producto que resuelve problemas”, explicó el doctor Enrique Galindo Fentanes, investigador del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y fundador de la empresa Fungifree, creada en Cuernavaca, Morelos, a partir de un producto biotecnológico que combate infecciones por hongos en cultivos de alto interés comercial.

En otra región del país, en Irapuato, Guanajuato, otros científicos crearon StrainBiotech, que es una compañía biotecnológica mexicana interesada en el descubrimiento de nuevas moléculas a través de la colaboración con el sector industrial y con el sector académico. La empresa fue fundada por egresados del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio) y trabaja en estrecha relación con la Asociación Mexicana de Biología Sintética.

Del mismo modo, en el norte de la república, en Chihuahua, científicos como la doctora Mayra de la Torre, investigadora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) han robustecido la agricultura de la región gracias a una apropiación rápida del conocimiento en biotecnología.  En una conferencia ofrecida en la sede del Consejo Consultivo de Ciencias (CCC), de la Presidencia de la República, la doctora De la Torre, informó sobre la existencia de más de 30 empresas fuertes de base tecnológica en la región noroeste, que demuestran que no es ficción la posibilidad de generar más ingresos con base en la transferencia tecnológica.

La doctora De la Torre dijo que algunos de los campos que en un futuro pueden generar ingresos de mejor calidad para los investigadores y para las comunidades son la aplicación del conocimiento en áreas como el microbioma y las empresas innovadoras formadas por comunidades indígenas innovadoras.

Desde otra región de la república, el doctor Alfonso Larque, investigador del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), dijo que la ciencia mexicana no ha podido demostrar a la sociedad su capacidad para transformar el conocimiento en bienestar social y que el aprovechamiento de nuevos productos biotecnológicos producidos mediante el uso de bacterias y otros microorganismos es una oportunidad que no se debe desaprovechar.

“Recordemos que el conocimiento para el bienestar de la población tiene una larga tradición en lo que hoy es México; durante la Colonia, el segundo producto más exportado a Europa, después de la plata, eran los pigmentos, que revolucionaron la industria textil; mientras que siglos antes, los mayas ya aprovechaban para diferentes usos la papaína, que es una enzima que hoy conocemos como un buen ablandador de carne”, explicó el investigador que realiza sus labores en Mérida.

CONTROL DE PLAGAS. Uno de los productos que nació en laboratorios mexicanos de la UNAM, y que ha logrado cruzar el llamado “Valle de la Muerte”, para convertirse en patente y después ser la base de una empresa, es  Fungifree AB, un producto que combate algunas enfermedades producidas por hongos que afectan la producción agrícola en México.

Luego de 12 años de trabajo, que fueron desde el desarrollo de la investigación básica hasta la comercialización, los investigadores de la UNAM lograron crear y registrar el primer biofungicida 100 por ciento mexicano con certificación orgánica para el control de enfermedades en 20 productos agrícolas importantes, por ejemplo, la antracnosis, que es la enfermedad más común que echa a perder los frutos de mango al provocarles manchas negras.

Llevar esta solución desde el laboratorio, en Cuernavaca, hasta el mercado de todo México requirió que los investigadores involucrados enfrentaran el proyecto con una visión más tecnológica que académica. Esto originó que ellos hicieran los trámites para proteger legalmente su autoría del desarrollo, por medio de una patente, y que posteriormente crearan la empresa que finalmente licenciaría la tecnología y llevaría el biofungicida al mercado.

El doctor Galindo Fentanes, uno de los líderes del proyecto que ha permitido incrementar las exportaciones mexicanas de mango y otros productos, dijo que  es importante enfrentar el tabú de que los investigadores no pueden ser empresarios.

“Sí, obviamente nos costó muchísimo trabajo, hubo ocasiones en que estuvimos a punto de tirar la toalla porque los campos de la investigación y la comercialización son muy diferentes”, recordó en una conversación con el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT).

“La transferencia de tecnología puede generar empleos mejor pagados en industrias que adoptan nuevas tecnologías o en empresas formadas por los investigadores. Esto es algo que debemos hacer para no desaprovechar el bono demográfico del país, es decir, el talento con el que ya contamos”, indicó el universitario.

MINERÍA MOLECULAR. Otro ejemplo de ciencia de primer nivel mundial que ya está generando empleos e ingresos y que tiene como base pequeños organismos que generan productos con sus reacciones bioquímicas, es el caso de la empresa StrainBiotech, la cual se dedica a crear las mejores cepas de microorganismos que sean provechosas para aquellas industrias que utilizan procesos de fermentación y otros tipos de transformación de productos con ayuda de bacterias, levaduras, hongos y actinomicetos.

Al crear estas mejores cepas de microorganismos, los integrantes de StrainBiotech pueden fabricar algunas moléculas que son muy cotizadas en la industria, por ejemplo, las llamadas inhibidoras de proteasas, que sirven para retrasar la degradación de las proteínas que hay en muchos productos.

Edgar Omar Piña Barraza, gerente de desarrollo de negocios de StrainBiotech, explica que en el sector farmacéutico y en la industria química existe gran demanda por las moléculas inhibidoras de proteasas, que retrasan la degradación de proteínas.

“¿Por qué es importante retrasar la degradación de las proteínas en los procesos industriales y en la investigación académica? Porque existen muchos productos de alto valor agregado, por ejemplo las vacunas, en los cuales se pierde mucho durante los procesos de fermentación por la degradación natural que ocurre en los procesos biológicos”, detalla el gerente de desarrollo de negocios de StrainBiotech al explicar cómo una molécula microscópica puede ayudar al ahorro de millones de pesos que se pierden en mermas de producción.

En su estudio “La biotecnología en México”, la Secretaría de Economía señalaba que ya había 70 empresas que únicamente se dedicaban a vender servicios biotecnolócos a otras industrias de siete sectores: agrícola, pecuario, alimentos procesados, acuacultura, control de contaminación, químico-farmacéutico y servicios de investigación.

En muchos de estos casos se usan procesos para obtener biomoléculas, que son complejos y vulnerables, pero los mexicanos de StrainBiotech han hecho más rápidos y eficientes algunos de esos procesos por medio de una herramienta bioinformática original, hecha en México, y llamada EVOMINING.

“Recientemente se ha utilizado tecnología genómica para este proceso y a eso se le llama minería genómica porque se trata de buscar la molécula valiosa, como si se tratara de una gema en una mina”, narra el cofundador de StrainBiotech y responsable de investigación, Pablo Cruz Morales.

“Yo desarrollé la herramienta que se llama EVOMINING, que utiliza la teoría de la evolución de Darwin para detectar cuáles moléculas están evolucionando rápidamente y esto se hace dentro de los genomas. Así se acelera el proceso de descubrimiento y lo dirige hacia moléculas muy originales”, indica el joven egresado del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav).

SOCIEDAD Y EMPRESA. En México, por lo menos 25 millones de personas no saben qué comerán la siguiente semana. Éstos son cálculos que fueron publicados en el primer trimestre de 2017 por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Además, esa institución del gobierno federal calculó que 63 millones de mexicanos —poco más de la mitad de la población—tienen dificultades para conseguir los satistactores más básicos como agua y alimentos.

A partir de esta información, un grupo de egresados de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) crearon la empresa ALNUBIO, que usa la biotecnología para producir harinas nutritivas con base en camote y que ahora tiene una nueva área de desarrollo que es producir proteína en polvo a partir de granjas de microorganismos, lo que ellos llaman “Granjas moleculares” o molecular farming.

ALNUBIO es una empresa que genera una línea de productos tradicionales sin aditivos químicos, de alta calidad nutrimental y excelente sabor. Su proyecto más exitoso surgió tras observar que el camote no se aprovecha en México y al investigar sus propiedades nutricionales que pueden ayudar a revertir las carencias alimenticias durante la niñez, la tercera edad y el embarazo, principalmente.

Laura Grecia Fuentes Ponce, egresada de Ingeniería en Bioquímica Industrial de la UAM y maestra en ciencias por el Instituto de Biotecnología de la UNAM, formuló y desarrolló productos en polvo con la raíz de camote y posteriormente lo puso al servicio de la población a partir de un programa en África llamado VITA A –en el cual proporcionaron este tipo de harina a varios países con una variedad de camote anaranjado para combatir la desnutrición—. Ésta fue la base para que se pensara en desarrollar una línea de productos nutracéuticos.

“Este proyecto nació cuando finalicé la licenciatura y hace dos años que terminé la maestría, decidí retomarlo. Formamos un grupo multidisciplinario para encargarnos de la producción, de manera piloto, y posteriormente constituimos la empresa ALNUBIO, que bajo la marca Camorina aloja una línea especial de harinas con los nombres Smart, Camorina, Multiplex y Diabetics”, informó la maestra Laura Grecia.

La maestra Fuentes Ponce informó que para la población infantil han iniciado la formulación de un batido y snacks de buenas características nutricionales, pero que la investigación continúa.

Los productos marca Camorina se elaboran con ingredientes 100 por ciento naturales, no contienen conservadores, su sabor es único y están listos para hornear. Las harinas con el nombre Smart y Multiplex van dirigidas a las personas con enfermedad celíaca y con problemas nutricionales, respectivamente.

Fuentes Ponce asegura que su proyecto tiene tres dimensiones: científica, económica y social. “Todos los científicos soñamos con lograr un desarrollo que ayude a México, pero al crear una empresa de base tecnológica atendemos otro problema que se está presentando: el hecho de que hay muchos jóvenes científicos muy brillantes que egresan y no tienen empleo. En estas empresas tales jóvenes pueden tener ingreso y seguir investigando”, concluye Fuentes Ponce.

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