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El Papa dice que pagar por sexo es “criminal” y supone “tortura”

Jorge Bergoglio tilda de “enfermedad” el hábito de acostarse con prostitutas y lamenta que muchos de los clientes sean católicos

El papa Francisco, ayer, en El Vaticano.

El papa Francisco afirmó ayer que quien paga por tener relaciones sexuales es “un criminal” y que hacer eso significa “torturar a las mujeres”. “Si un joven tiene esta costumbre, que lo deje. Puede decir que va para hacer el amor, pero esto no es hacer el amor. Es torturar a una mujer. Es una enfermedad”, denunció Francisco durante la apertura del presínodo de los jóvenes que se celebra en el Vaticano.

Francisco escuchó el testimonio de una joven nigeriana que, engañada, llegó a Italia, donde cayó en la prostitución, y señaló ante el Papa que muchos de los que acuden a prostitutas son católicos. “Pido perdón por todos los católicos que cometen este acto criminal”, indicó Jorge Bergoglio, que añadió que entre los clientes, “es verosímil que el 90 por ciento son bautizados católicos”.

El pontífice subrayó además que siempre piensa en el “asco que tienen que sentir las mujeres cuando van con estos hombres que les piden cosas”. También criticó lo que consideró “un crimen contra la humanidad” y que nace “de una mentalidad enferma que dice que la mujer tiene que ser explotada”.

Respondiendo a otra chica argentina, Francisco también explicó que critica mucho “el mundo virtual”, porque, dijo, “tiene muchos peligros” y puso el ejemplo de una familia en la que el padre y la madre ven la televisión mientras los hijos no dejan de mandar mensajes con su teléfono.

Francisco enfatizó que el virtual “no es un mundo líquido, como decía (el filósofo) Zygmunt Bauman, sino que ha llegado a ser gaseoso” y que aparta a los jóvenes de lo concreto.

JORNADAS JUVENILES. El Papa respondió improvisando a las preguntas de los jóvenes durante la apertura de este presínodo, organizado para preparar el sínodo de los obispos sobre los jóvenes que se celebrará en octubre.

En estos días se reunirán en grupos por idiomas unos 300 jóvenes de los cinco continentes, representantes de movimientos eclesiales y del voluntariado, de otras confesiones cristianas y de otras religiones y también chicos que llegan de situaciones delicadas como la cárcel o la toxicodependencia, y habrá tres víctimas de la prostitución y la explotación laboral.

 

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