Jesús Reyes Heroles, el último gran político-intelectual de México | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 21 de Marzo, 2018

Jesús Reyes Heroles, el último gran político-intelectual de México

Homenaje. Él estaba convencido de que el historiador que sólo se dedicaba al pasado, estaba condenado a ser mediocre. “Dedicarse a la historia no es vivir del ayer o hacer necrología, sino encontrar en el pasado acicates para transformar, para modificar el mundo en que se actúa”, dice Javier Garciadiego

Jesús Reyes Heroles, el último gran político-intelectual de México | La Crónica de Hoy
Javier Garciadiego, Otto Granados, Mariano Palacios y José Carreño en el homenaje a Jesús Reyes Heroles.

Jesús Reyes Heroles (1921-1985)  fue el  último  gran político-intelectual en México y de haber presenciado el envenenamiento de la vida pública de los últimos lustros y la mediocridad intelectual, política y mediática que ha invadido  estos tiempos, habría terminado, como en el poema de José Gorostiza: “¡Oh inteligencia, soledad en llamas!/ que lo consume todo hasta el silencio”, señaló el secretario de Educación Pública, Otto Granados Roldán.

Ayer por la mañana, en la librería Rosario Castellanos del FCE, se reunieron antiguos colaboradores del jurista, historiador y político para rendirle un homenaje en el 97 aniversario de su nacimiento. Una tertulia, como la definiría José Carreño Carlón, moderador de la misma, y en la cual participaron el también historiador Javier Garciadiego, Otto Granados Roldán y el expresidente del PRI, Mariano Palacios Alcocer.

Granados Roldán destacó la profundidad del pensamiento de Reyes Heroles y su visión reformadora. Para él, añadió el titular de la SEP, la opción viable de desarrollo era el camino de las reformas, porque si son profundas dan lugar a su vez a nuevas y sucesivas. “La opción es seguir por este sendero para lograr cambios de gran calado que beneficien a las mayorías”.

Explicó que Reyes Heroles fue un político de poder, no de oposición y lo ejercía incluso con ciertas dosis de autoritarismo ilustrado cuando las circunstancias lo aconsejaban. “No fue un revolucionario ni jamás pretendió romper con el régimen  al que toda su vida perteneció. Trató de dotarlo con cierta organicidad desde el punto de vista intelectual, incluso en aquellos aspectos más controvertidos”.

Fue, más bien, un hombre de Estado, añadió Otto Granados en su discurso,  “pero como no podía ser Presidente, porque entonces todavía había un impedimento constitucional, trató de ser una influencia poderosa. Él decía que “quien se ocupa de los detalles, no puede ser estadista”.

También era un político, agregó, que creía en la democracia,  pero en una donde el Estado se ubica por encima de los conflictos, regula los distintos componentes de la sociedad e interpreta y administra sus intereses persiguiendo finalidades superiores.

De esta manera, explicó Granados Roldán, él también creía en el liberalismo, “pero en uno heterodoxo e ilustrado que no reduce al Estado a una función subsidiaria, sino en uno que preserva, defiende y privilegia su poder”.

El titular de la SEP recordó que conoció a Reyes Heroles el 3 de diciembre de 1982,  día en que entró a trabajar en la dependencia. Una fecha de partida para decir que el historiador era un jefe complicado, gruñón, malhablado, pero en cambio era por igual una fuente de aprendizaje riquísima, magistral, abundante e ilustrada. “Verlo en acción era un privilegio”.

En su intervención, Javier Garciadiego Dantán evocó el momento que Reyes Heroles ingresó a la Academia Mexicana de la Historia (AMH), en sustitución del padre Ángel María Garibay, un absurdo para el intelectual que no concordaba con la iglesia.

En ese día 7 de agosto de 1968, poco tiempo antes de que se sucediera la sangrienta noche de Tlatelolco, Reyes Heroles leería su discurso cuyo eje era las relaciones entre la Historia y la Acción, la disyuntiva “entre el conocer y el hacer, entre la teoría y la práctica”. Fue el dilema que marcó su vida, agrega Garciadiego Dantán.

Esta dicotomía, añadió, explica su fascinación por el estudio del Siglo XIX,  que tenía el singular atractivo de “tratar con hombres que hacían la historia y también la escribían”.

Porque, agregó Javier Garciadiego,  “él estaba convencido de que escribir historia obligaba a ocuparse del pasado desde el presente, pero no desde un mirador inerte, con un diálogo entre “individuos aislados de hoy y ayer, sino entre hombres que forman parte de sus tiempos, que los hacen interactuar”.

Por lo anterior, Reyes Heroles  estaba seguro de que el historiador que sólo se dedicaba al pasado, estaba condenado a ser mediocre:  “Dedicarse a la historia no es vivir del ayer, hacer necrología, sino encontrar en el pasado acicates para transformar, ara modificar el mundo en que se actúa”.

Garciadiego explicó que ajeno a toda versión estática del pasado y contrario a toda concepción involutiva de la política, Reyes Heroles buscó  siempre el “prolífico terreno” que daba cauce y significación a la influencia de la Historia en la Acción.

De esta manera, recordó, confrontó a quienes negaban la utilidad de la historia, a quienes desacreditaban  su estudio, “convencidos de que la disciplina únicamente enseña que nada puede enseñar, por lo que fue siempre un optimista que recomendó “aprovechar el ayer para construir el mañana”.

Por lo anterior, destacó, “Reyes Heroles fue un hombre de la historia de México y a tiempo comprendió que su destino era formar parte de ésta…. Sin duda ni discusión alguna, su vida y el Movimiento Estudiantil de 1968 son parte esencial de la transición a la democracia en México.  Cuando leyó su discurso de ingreso a la AMH, ya se habían registrado algunas represiones violentas de la policía, ya había sido destruido el histórico portón de San Ildefonso; a pesar de ello, todavía la movilización estudiantil tenía un carácter doble, festivo y propositivo”.

En ese momento, indicó Garciadiego Dantán, él era el mejor intermediario, por no decir el único, entre las partes en conflicto, “pero fue evidente que faltó voluntad de negociación en ambos contigentes: un mes después vendría la ocupación militar de la Ciudad Universitaria y luego la fatídica jornada sangrienta de Tlatelolco”.

Tras esto, explicó, “como país se nos vino encima una noche larga, sin amanecer. Sobrevino el silencio: a falta de diálogo sólo hubo descalificaciones”.

En su discurso ya vislumbraba lo anterior,  y teniendo al presidente Gustavo Díaz Ordaz y al secretario de Educación –Agustín Yáñez­—, escuchándolo, claramente recomendó: “Aprender de aquellos a quienes pretendemos enseñar”. Estas palabras de Reyes Heroles estaban apegadas a las convicciones que siempre tuvo: sólo con la acción concertada de ambos, políticos y jóvenes, se podría “contribuir a configurar un mundo siempre antiguo  y nuevo”.

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