Espectáculos

Cuando las telenovelas mexicanas conquistaron el mundo

Especial. Fueron una de las grandes aportaciones mexicanas a la industria del entretenimiento. Con ellas Thalía llegó a ser recibida como heroína nacional en Filipinas

Mucho antes de que Angelina Jolie fuera embajadora para Naciones Unidas, Verónica Castro fue nombrada embajadora de la paz en Rusia. El motivo del reconocimiento fue la singular popularidad que alcanzó gracias a su trabajo en la telenovela Los ricos también lloran. Aquella telenovela se vio en las pantallas mexicanas en 1979, y después de 15 años en Rusia, en 1992, en la recién caída URSS, fue recuperada.

Entonces se tenían que llenar los espacios que ocupaba la programación oficial en la televisión. Así el Commonwealth Channel Ostankino decidió contratar los derechos de la telenovela mexicana y doblarla al ruso. La telenovela no gustó sino que obsesionó a la población rusa. Un 70 por ciento de ella miraba la transmisión. Se estima que ese día aproximadamente fueron doscientos millones de rusos los que la convirtieron al episodio en el programa más visto en un país en la historia de la televisión.

Así de grande es el impacto de las telenovelas mexicanas.

Antecedentes. En un breve viaje en el tiempo para saber sus orígenes nos remonta a que las telenovelas son descendientes del folletín francés por entregas del siglo XIX, más tarde de la historieta rosa y más directamente de la radionovela, particularmente la producida en Cuba con éxito en la primera mitad del siglo XX, antes del régimen de Fidel Castro, en donde se originan clásicos como El derecho de nacer (1938), de Félix B. Caignet. Como esa también llegó a convertirse en una telenovela popular otras como Anita de Montemar (1941).

Los cuatro primeros autores de telenovelas, no sólo en México, sino en Latinoamérica, vinieron de la radio. Ellos conocían perfectamente los estilos, como lo menciona la escritora Celia Alcántara: “Nené Cascallar tenía como protagónicos a mujeres de alta sociedad, finas que vestían bien. Alberto Migré hacia muy bien historias románticas que ocurrían en lugares pobres y populares. Abel Santacruz podía hacer tanto drama como comedia. Las estrellas de mis novelas eran muchachas que provenían del campo”.

Después de eso hay que destacar que las primeras telenovelas fueron impulsadas por productos de jabón y detergentes, que veían a las historias como una manera de promocionar sus productos, ya que desde entonces veían a las telenovelas como contenidos para un público femenino y era natural pensar que las verían las amas de casa, como ocurría con las radionovelas.

Cuba y Argentina habían adoptado esta forma de entretenimiento en la radio. Poco a poco ganó popularidad en el mundo pero fue en México donde se realizó el primer prototipo de una telenovela con la adaptación de la radionovela cubana Ángeles de la calle (1948), que llegó a realizarse con patrocinio de la Lotería Nacional en 1951. Esos primeros experimentos pasaron an desapercibidos para el público.

Primera década (1958-1967). En esa etapa de experimentación fue tomada como ejemplo por Palmolive para crear la telenovela con mismo nombre que la marca, sin embargo no tuvo éxito. Fue hasta el 6 de junio de 1958 cuando nació la primera telenovela mexicana bajo el nombre de Senda prohibida, una obra escrita en principio para radionovela, original de la escritora Fernanda Villeli (autora de varias telenovelas producidas en México), protagonizada por los actores Silvia Derbez, Rafael Banquells y Francisco Jambrina.

Aquella historia sentó las bases de la telenovela tradicional: Varios capítulos con secuencias entre cada uno; manejo del suspenso al finalizar cada capítulo y transmitida al aire a través de un canal de televisión. Fue patrocinada por Colgate-Palmolive, que cumplió su cometido.

La segunda telenovela, Gutierritos (1959). Aquí el protagonista masculino es el esposo mártir y dócil, quien después de varios sufrimientos logra el reconocimiento y amor de su autoritaria esposa. La venta de televisores se incrementó ese año a niveles nunca antes vistos en el mercado (la venta de televisores en México se inició en 1950, con la creación del canal 4 de Telesistema Mexicano).

La tercera telenovela, Teresa (1959), protagonizada por Maricruz Olivier, quita la faceta de mártir a las protagonistas. El papel principal es el de una joven ambiciosa y perversa, estudiante de Derecho, que lucha por todo para obtener su meta. Al final acaba sola y abandonada.

A partir de entonces comenzó una etapa de popularidad que los llevó a experimentar como con adaptaciones de las historietas de bolsillo Lágrimas y risas, María Isabel (1966) y Rubí (1967). Si bien en Latinoamérica también hubo telenovelas, el caso de México puso el sello de títulos que enfatizan amores pecaminosos e imposibles como Cadenas de amor (1959), Amar fue su pecado (1960), Estafa de amor (1961), Agonía de amor (1963), Siempre tuya (1964), Secreto de confesión (1965) y Amor y orgullo (1966).

En la historia de las telenovelas hay tres nombres clave: Emilio Azcárraga, Ernesto Alonso y Valentín Pimstein, de acuerdo al periodista Pablo Helguera, quien en su texto La pandemia mundial de las telenovelas, publicado en Vice, explica cómo “El Tigre Azcárraga, en su momento dueño de Televisa, marcó el plan comercial de las telenovelas en Latinoamérica y, a través de ellas, logró expandir el alcance global de la televisión mexicana. Su decisión de defender el idioma español y no entrar en cuestiones de traducción fue, en particular, significativa”, dijo.

“Alonso y Pimstein, por su parte, contribuyeron a armar la estructura dramática moderna de la telenovela. Pimstein, un inmigrante chileno que se estableció en México, fue de las primeras personas en implementar encuestas de audiencia para determinar los desenlaces de las historias, según se dice, yendo a mercados y otros lugares públicos a recoger opiniones. Una de sus frases más famosas de aquellos tiempos era: ‘Si no lo hacemos así, mi sirvienta no lo entenderá’”, asegura el artículo.

La primera telenovela producida por Ernesto Alonso fue Sor Juana Inés de la Cruz (1962). Él llega en una época en la que además se exploran temáticas como la telenovela policíaca: Cuatro en la trampa (1961). Las producciones más exitosas de esta década por mayor rating fueron María Isabel (1966), Cita en la Gloria (1966) y La sombra del pecado (1966).

Segunda década (1968-1977). Una especie de “moral cristiana” permea la perspectiva humana desde donde se vive el drama y el conflicto de las telenovelas, debido a que no se cuenta sólo una historia de amor, sino de un absoluto, de la justicia esencial, de una reparación moral y hay una enorme gravitación de la culpa, afirma la investigadora Nora Mazziotti.

Las telenovelas encuentran un confort en una serie de narrativas más melodramáticas, con finales casi siempre reivindicativos del sufrimiento de los protagonistas, que a lo largo de los capítulos, en las cuales se juega no con la idea de cómo terminará una telenovela sino como no lo hará.

En los años 70 aunque se incursiona en abrir nuevos subgéneros para las telenovelas, es el melodrama clásico con final feliz el que sigue acaparando las producciones. Las telenovelas con mayor rating de esta década fueron: Mañana será otro día (1976), Barata de primavera (1975), Mundo de Juguete (1974), Mundos opuestos (1976), Vida por vida (1970), Detrás del muro (1967), Fallaste Corazón (1968) y Aurelia (1968). En esta década aún los productores Ernesto Alonso y Valentín Pimstein dominaban el mercado.

Lo más trascendente de estos años fue que aumentaron las exportaciones a Latinoamérica, lo que convirtió a la telenovela mexicana en una importante entrada de divisas para el país. Un ejemplo del peso que han tenido las producciones audiovisuales de Televisa en esta región es Bolivia que en 1969 inició sus transmisiones de televisión con la compra de 400 medias horas de telenovelas mexicanas. Ya en 1970 Telesistema Mexicano (nombre anterior de Televisa), exportaba a 18 países, incluyendo Estados Unidos de América, un volumen aproximado de 700 medias horas mensuales, a través de la cadena Spanish International Network (SIN).

La tercera década (1978-1987). Esta década se distingue porque comienza el auge de las exportaciones, ya que comienzan a venderse telenovelas en otras partes del mundo diferentes a la región de Latinoamérica, como Europa del Este, China y Oriente Medio. Gracias a su alianza con la cadena SIN (que se convirtió en Univisión), Televisa llegaba a más de 240 estaciones en el mundo.

Se venden entonces telenovelas como Los ricos también lloran (1978)37, El derecho de nacer (1982), Cuna de lobos (1986) y Rosa Salvaje (1987) a más de cien países, fuera del ya conocido mercado hispanoamericano. En especial en Europa del Este tuvo grandes éxitos, que permiten continuar hoy las exportaciones, no sólo de Televisa sino también de TV Azteca.

Como ejemplo de lo anterior, se puede mencionar que en 1982 y 1983 las telenovelas representaron el 80 por ciento del total de las exportaciones de Televisa, representando un total de 18 y 22 mil horas al año, respectivamente.

Ante el mundo las producciones llegaron a conocerse como “Modelo Sabido”, y gracias a la UNESCO también llegaron a países de pocos recursos con la finalidad de promover en medios audiovisuales la educación en planificación familiar, salud reproductiva y equidad de género. El “modelo” llegó a la India, Etiopía, Kenya, Costa de Marfil, Malawi, Burkina- Faso, Nigeria, Ruanda, Sudán y Swazilandia. Ejemplo de ello es la adaptación de las telenovelas Vamos juntos que en la India se llamó Humraahi y Caminemos que en Kenya se llamó Tushauriane.

Como sugiere Mazziotti: “En el contexto de las luchas y los sufrimientos que causan el desempleo, la violencia, la pobreza y la exclusión social (...) la ficción televisiva se convierte en uno de los pocos lugares en donde sueñan, se miran, se refugian, se emocionan y se comparten nuestras precarias y acosadas identidades”, escribió en uno de sus libros.

Pero sobre todo, “la redención” del o los personajes se hace posible por el sufrimiento, clásico tema ejemplificado magistralmente en esa famosa telenovela Los ricos también lloran que dio vuelta al mundo y cosechó audiencias tanto en Europa como en Rusia, China y Oriente Medio.

En cuestión de evolución se oficializó la telenovela policiaca con Cuna de lobos (1986), aún cuando la primera en realidad fue Cuatro en la trampa (1961). Pero fue la primera la que alcanzó grandes ratings en la audiencia nacional. Se grabó la primer telenovela de terror El maleficio (1983), escrita por Fernanda Villeli y producida por Ernesto Alonso. Las telenovelas con mayor rating fueron: Los ricos también lloran (1979), Vivir un poco (1985), De pura sangre (1985), Esperándote (1985), Muchachita (1986) y Cuna de lobos (1986).

El éxito de las telenovelas en el mundo también se debió al star system de Televisa. Sobre todo las figuras femeninas llegaron a tener conceptos de personajes obsoletos como las históricas “lloronas” Amparo Ribelles o Silvia Derbez, –famosas por sus conmovedoras interpretaciones en la telenovela Lágrimas amargas de Yolanda Vargas Dulché– hasta Angélica María, Lucía Méndez, Verónica Castro o Thalía.

Telenovelas como Rosa Salvaje (1987) permitió a Televisa llegar por primera vez a Alemania; Cuna de lobos (1987) se expandió en países como Suecia, Australia, Alemania, Venezuela, China, Italia, Rusia, Nueva Zelandia, Noruega y Líbano; con Simplemente María (1989) la gente se volcó en Moscú en 1992 para recibir a la actriz Victoria Rufo…

Corazón salvaje (1993) tuvo gran éxito en Latinoamérica y Europa, especialmente Italia, a donde fueron los protagonistas; con María Mercedes (1992), Thalía viajó a Ucrania, Uzbekistán, Rusia, Turquía, Armenia, Indonesia y Jakarta por el éxito de sus telenovelas, además de salir en las revistas norteamericanas Time, Newsweek y People por ser recibida como heroína nacional en Filipinas.

Con Marimar (1994), en Costa de Marfil, muchas mezquitas adelantaron sus horarios de oraciones durante 1999 para permitir a los televidentes disfrutar de esta telenovela, como también ocurrió con María la del barrio (1996), y así la lista del impacto mediático que llegaron a alcanzar.

 

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