Los partidos abusaron de los independientes

Juan Manuel Asai

La primera experiencia de los candidatos independientes a puestos de elección popular resultó ser un fracaso colectivo. Hay que asumirlo para cambiarlo.

Los partidos políticos se salieron con la suya. Idearon un procedimiento intransitable. Inhibieron la competencia. Deben estar complacidos. La jugarreta les salió perfecta. La idea original era abrir la posibilidad de que alguien fuera de la corriente principal de la política pudiera competir para obtener un puesto de elección popular, incluso por la Presidencia de la República. No es un secreto para nadie que muchos ciudadanos, millones de ellos, no están conformes con el menú que ofrecen los partidos. Para ese cargo, el de la Presidencia, después de un fatigoso periodo de recolección de apoyos ciudadanos, sólo una aspirante alcanzó la meta. Margarita Zavala hizo un esfuerzo supremo que no regateo, diría incluso que es una hazaña, pero considerar independiente a la ex primera dama del país que fue panista toda la vida es un exceso que  confunde a los ciudadanos. Margarita vivió seis años en Los Pinos. Decoró la casa presidencial a su gusto. No proviene de fuera de la corriente  principal.

La pregunta pertinente hoy no tiene que ver con ella. Hay que plantear si había alguna posibilidad de que un candidato realmente independiente llegara a la boleta. La respuesta es un “no” contundente. Se puso un límite excesivo de firmas y dispersión de las mismas en 17 entidades de la República y un método de captura absolutamente disparatado, pensado para un país que no existe. El resultado fue, como lo muestran con nitidez las cifras de firmas inválidas, es que el proceso se salió de control. Fue un completo desgarriate. Si en elecciones futuras se piensa incluir candidatos independientes, y sería justo que sí, es imperativo que se cambien las reglas del juego para no repetir el patético espectáculo que estamos presenciando estos días.

¿Deben repetir los independientes? Desde mi punto de vista es una necesidad real, pues hay muchos ciudadanos que no se sienten representados, quedó  dicho,  por ninguno de los partidos del menú, Mucho menos ahora que los partidos perdieron sus cauces ideológicos y con su afán de representar a todos no representan a nadie. En esta oportunidad el caso de Marichuy resultó por demás ilustrativo. Una esperanza de visibilidad que terminó en tragedia en una carretera abandonada de Baja California. El propósito de ella y su grupo era aprovechar la coyuntura electoral, la atención mediática que provoca, para dar visibilidad a un sector de la población que ha estado, desde siempre, fuera del radar de los políticos, hablo de las comunidades indígenas.

Desde el momento mismo en que inició sus trabajos, el equipo de Marichuy se dio cuenta de no estaba llamada para participar en el proceso. Le faltaba bancarización y acceso a la tecnología. No sólo eso, en un gesto por demás criticable, ninguna de las fuerzas políticas formales intentó un acercamiento real a Marichuy. La ignoraron como han ignorado a los indígenas siempre.

Colombianos.- Una persona cuya opinión respeto me hizo notar que mi artículo del lunes pasado, “El Manotas y otros colombianos”, podría estigmatizar a una nacionalidad de la manera en que lo hace Trump con los mexicanos. Le respondí que en el texto había hecho un deslinde entre los colombianos que están entre nosotros y se conducen dentro del marco legal, de los que se han internado al país para delinquir. Si no fui claro y lastimé a alguien con mi  texto lo siento. Mi intención fue  alertar sobre un problema de seguridad.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

Imprimir

Comentarios