Facebook y Cambridge Analytica: ¿de qué se asustan? - David Gutiérrez Fuentes | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 22 de Marzo, 2018
Facebook y Cambridge Analytica: ¿de qué se asustan? | La Crónica de Hoy

Facebook y Cambridge Analytica: ¿de qué se asustan?

David Gutiérrez Fuentes

El negocio de Facebook está en la recopilación de ­datos de sus usuarios y la venta de los mismos a terceros para diferentes usos. Lo mismo pasa con Google y con muchas aplicaciones diseñadas para los más populares sistemas operativos de teléfonos inteligentes: Android e IOS.

Pero el asunto de esta semana es el manejo de la data personal para influir en procesos democráticos, particularmente en el de Estados Unidos, donde ganó un candidato de derecha perseguido por el escándalo y la corrupción, que remontó encuestas no por su probidad ni sus propuestas, sino por sus ocurrencias en ­Twitter y la manipulación de la opinión en redes sociales.

En los servidores de Facebook se concentran los perfiles de 2,000 millones personas (una cuarta parte de la población mundial) ­vinculados al negocio de Mark Zuckerberg, quien hace ­catorce años se burló de los primeros cuatro mil suscriptores de su red al llamarlos tontos por confiarle sus datos personales. Me limito a retomar un oportuno recuerdo de Arwa Mahdawai que dio pie a la entrada de un interesante artículo publicado por The Guardian: Facebook: is it time we all deleted our accounts? Facebook: ­¿llegó la hora de eliminar nuestras cuentas?

Una red que cuenta con 2,000 millones de personas —quienes a través de sus perfiles van dejando el rastro de sus ideas, hábitos, gustos y temores en cada incursión al programa o aplicaciones asociadas—, representa una mina de oro para los promotores de productos, servicios o personas con diversas cualidades. Sobre todo si lo que se requiere es promover chatarra —como una ­coca-cola—, una aerolínea que sobrevende vuelos o un presidente como Donald Trump. La mayor cantidad de datos disponibles por persona en monopolios o entidades menores y poco auditadas, sin el consentimiento de uso o con consentimientos pocos claros, puede convertirse tambiém, como Cambridge Analytica, en un verdadero peligro para las democracias.

El famoso reportaje realizado por Channel 4 News evidenció la cloaca que acompaña a esta empresa e hizo manifiesto que ­ambridge Analytica puede, en función del país y del tipo de cliente, contribuir a darle la vuelta a una elección y más si se valen de estratagemas para incidir en resultados. También son capaces de recurrir a la peores tácticas de una guerra sucia como el ­empleo de “chicas” (sexoservidoras ucranianas) para obtener información de un político y además grabarlo en video, o bien, utilizar la información personal de los electores para saturarlos con fake news. Así lo explicó Alex Tayler, jefe de datos de Cambridge Analytica, ante el periodista encubierto del canal británico, citado por la BBC: “Si estás recolectando información de personas y estás haciendo un perfil de ellos, eso te da más conocimiento que puedes usar para saber cómo segmentar a la población, para darle mensajes sobre temas que le importan, y usar un lenguaje e imágenes con los que es probable que se involucre”.

Gracias a sus métodos poco éticos, “Cambridge Analytica ­logró saber cuál debía ser el contenido, tema y tono de un mensaje para cambiar la forma de pensar de los votantes de forma casi ­individualizada.” Esta segunda opinión pertenece a Christopher Wylie, científico de datos y exempleado de la empresa, también entrevistado por la BBC.

El reportaje encubierto evidenció que Cambridge Analytica operó en México y muy probablemente en el Estado de México. ­Además,  hay indicios de que puede seguir haciéndolo, quizá con otro nombre y quizá con promotores en círculos políticos como ­Ernesto Cordero, zavalista confeso, o Alejandra Lagunes, priista con camiseta del verde.

En una entrevista para Aristegui Noticias, Genaro Villamil resumió lo que no para todos es tan evidente: “El problema no es solamente Cambridge Analytica; el problema es el ­algoritmo de Facebook; el problema es el acceso o la posible manipulación de cientos de miles de cuentas”.

En otras palabras, es suficiente con que un “tercero” haga mal uso de los datos de usuario con los que comercia Facebook, para que de manera casi automática no haya responsabilidad de uno de los bancos de información personal más codiciados y alimentados del mundo. La venta de datos que le hizo Aleksandr Kogan, recopilados para “fines académicos” vía Facebook, a Cambridge Analytica, es una manera de burlar los candados a la seguridad que tiene la red de manera “legal”. Esto lo desprendo del ya citado artículo de Arwa ­Mahdawai, quien retoma la palabras del vicepresidente de ­Facebook, Andrew Bostworth: “Las personas eligen compartir sus ­datos con aplicaciones de terceros y si esas aplicaciones de terceros no siguieron los acuerdos de datos con [nosotros/los usuarios], es una violación.[Pero] no se infiltraron sistemas, no se ­robaron ni se piratearon las contraseñas ni la información”.

Sería injusto decir que el robo de datos sólo proviene de Facebook, aunque el botín con el que lucra es jugoso para cualquier aplicación de “terceros”; hay, desde luego, otros monopolios mencionados al principio de este artículo. Pero ahí no se acaba el problema. En países altamente corruptos como México, existen redes de tráfico de datos o incluso partidos políticos como Movimiento Ciudadano, que resguardaron el padrón electoral en servidores que resultaron oportunamente hackeados. Sería ingenuo suponer que no hay tiburones con sus respectivas rémoras, dispuestos a entrecruzar toda la información disponible de los electores para conformar noticias dirigidas a perfiles específicos que traten de darle vuelta a las preferencias electorales. Irónicamente, por lo menos en este momento, la mejor manera combatir ­estas intrusiones es no aislándonos de las redes, donde se ­está definiendo la elección.

dgfuentes@gmail.com

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