“Latir”

Edgardo Bermejo Mora

"En México 10 de cada 100 habitantes son adultos mayores. Para 2030 se espera un incremento del 25%. Los ancianos representan el punto más vulnerable de la sociedad. En su gran mayoría no cuentan con programas de jubilación o pensión, ni ayudas para sus gastos médicos. Del 2006 al 2011 se capturaron a más de cuatro mil ancianos que tenían relación con el crimen organizado. Ante la necesidad de techo y alimento, y la mala oferta de trabajo que para ellos existe en este país, han declarado: no teníamos nada que perder. En los últimos diez años la criminalidad entre ancianos ha aumentado 28% en Alemania y 49.5 en Japón”.

Con esta introducción al inicio de la obra, la dramaturga mexicana Bárbara Colio explica los motivos para haber escrito  la pieza teatral “Latir”, al mismo tiempo íntima y perturbadora, y que aborda un aspecto poco visitado a la hora de pensar en la agenda demográfica, social y de seguridad de nuestro país: lo que hemos dados en llamar nuestros adultos mayores.

Se trata de un proyecto literario que contó a su vez con la colaboración de la Fundación Anglo Mexicana y del British Council, y que se ha estrenado esta semana como parte del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

Para su escritura Bárbara Colio contó con el apoyo del Royal Court en Londres, la organización británica que promueve a los dramaturgos emergentes del Reino Unido y muchos otros países, entre ellos México, y luego de haberse publicado recientemente en edición bilingüe  por la editorial Paso de Gato de Jaime Chabaud, ha sido puesta en escena por la Compañía Nacional del Teatro del INBA, con la participación de la joven directora escocesa Debbie Hannan  como invitada de la compañía.

Dos maneras de la desmemoria y del olvido: Corazón, una mujer con Alzheimer que va perdiendo la memoria y el sentido de las palabras en un asilo privado; y Vladimir, otro anciano olvidado en aquel lugar por su único hijo. “Yo lo olvido todo, pero a ti te han olvidado”, le dice Corazón a su compañero de retiro.

Ambos se conocieron desde la juventud, y tras varios encuentros y desencuentros  inesperados a lo largo  de las décadas, se reúnen de nuevo y por casualidad en ese  otro espacio del olvido y el despojo existencial que es un asilo, cuando “el tiempo es una palabra que ya no existe”, cuando no quedan más puertas que abrir, y vocablos como “siempre”, o “nunca” resuenan huecos. “Decir nunca a los ochenta años es como tramposo ¿No cree?, cuantos nunca nos pueden quedar”.

Corazón sufre la amenaza de ser expulsada del asilo a falta de pago, mientras  Vladimir recibe de parte de uno de los enfermeros del asilo la oferta de participar en el asalto a una joyería, aprovechando su condición de ancianos para engatusar al joyero y permitir el atraco a la hora que debe cerrar el negocio.

 Vladimir enfurece al saber que Corazón será expulsada. El asilo, piensa, quizá es peor que la cárcel: “En la cárcel todos pagan porque uno esté. A los asesinos les dan techo, ropa, comida ¡Gratis! En la cárcel esperan que uno se regenere.  Aquí le cambian los medicamentos por azúcar a la gente que fue decente toda su vida para que desocupen una cama. Para que se curan las enfermedades si luego nos van a exigir que nos muramos rápido”.

No teniendo nada más que perder, impulsados por el brío  de la desesperanza, ambos deciden participar en el atraco como la única manera para obtener el dinero que le permita a Corazón continuar en el asilo. Tras tomar la decisión, ella encara al enfermero cómplice con una frase demoledora: “Mira, chamaco de mierda, cuando tengas el valor de vivir más de ochenta años como yo, entonces sabrá de lo que uno es capaz”.

Luisa Huerta y Gastón Melo protagonizan en esta obra que más adelante tendrá una temporada completa dentro del calendario de la Compañía Nacional de Teatro que dirige Enrique Singer.

“Latir” es una propuesta teatral que acude a las palabras para reflexionar sobre momento de la vida donde justamente son las palabras las que nos van dejando, hasta despojarnos de nuestra identidad. Cuando se ha cruzado para siempre alguna puerta, cuando hay espejos que nos aguardarán en vano.

La obra de Bárbara Colio bien podría admitir un epígrafe de Borges:

“Si para todo hay término y hay tasa —escribió el argentino al final de sus días  en su poema “Límites”— y última vez y nunca más y olvido, Quién nos dirá de quien, en esta casa, sin saberlo, nos hemos despedido. (…) Creo en el alba oír un atareado rumor de multitudes que se alejan; son los que me han querido y olvidado; espacio, tiempo y Borges ya me dejan”.

 


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