Cultura

Tiembla reúne las historias de 35 escritores sobre los sismos

Es momento de construir una narrativa sobre los terremotos de 1985 y 2017: Diego Fonseca. “Hay que recorrer el foco de la CDMX y voltear a otras ciudades que fueron afectadas hace seis meses”

No saber nunca más cómo era el edificio que estaba a un lado de tu casa porque hace seis meses se desplomó, la inexistente y televisada historia de Monchito debajo de los escombros que dejó el sismo de 1985 o el poema El puño en alto, que circuló en redes sociales después del 19 de septiembre de 2017, son algunas de las 35 historias que narran 35 escritores como Antonio Ortuño, Luigi Amara y Marcela Turati, en el libro Tiembla.

“Son producciones originales, cada uno de los autores partícipes se sentó en el mes de octubre a trabajar un texto pedido por mi sobre un tema específico alrededor del terremoto”, señala Diego Fonseca, responsable de la edición que fue ilustrada en su portada con la obra Horrible temblor, un grabado de Posada intervenido por el artista oaxaqueño Francisco Toledo.

Este libro editado por Almadía surgió con la pregunta ¿por qué no hacer un libro sobre el sismo?, y también para iniciar una reconstrucción narrativa.

“Creo que todas las cosas tienen un momento, hay un tiempo para montar las tiendas, para remover los escombros, hay un tiempo para ayudar a las familias necesitadas en el momento del sismo, y ahora hay que tratar de construir una narrativa alrededor de los sismos, crear cierto sentido de apropiación, contar historias desde la sociedad civil. México tiene una necesidad de apropiarse del relato y contar desde su propia experiencia lo ocurrido”, precisa Fonseca.

 ¿Cómo le hacemos para que un libro, además de reconstruir con palabras, ayude realmente a la psique colectiva?, cuestiona el editor. “Al momento de plantearme eso, hablé con Guillermo Quijas para que hiciéramos un libro sobre los sismos ocurridos en septiembre, del 7 y 19; entonces Quijas me comentó de la campaña Tejamos Oaxaca y las ganancias que se destinarán a la reconstrucción de estado de Oaxaca”.

Otro motor de esta publicación que reúne los testimonios de escritores que vivieron los terremotos del año pasado, fue el tratar de ponerle palabras del silencio. “Después de ocurrido el sismo, me sorprendió el silencio de la Ciudad de México porque es una ciudad que suele ser esquizofrénica, pero después del 19 de septiembre se había apagado y ahora, progresivamente, ha ido recuperando el ánimo para pasar del duelo a hablar de la vida”.

En su texto, Diego Fonseca comenta que los sismos de septiembre, se redujeron mediáticamente a la destrucción de la Ciudad de México, por lo que el escritor destaca que al poner tanto los ojos en la capital, las personas se olvidan del resto de los estados afectados, “en donde no hay un interés de los medios, de empresas ni de políticos. En Tiembla recuperamos lo sucedido en Juchitán, Ayutla y Axochiapan”.

En opinión del autor, lo que un terremoto no tiene es color político. “No te pide pasaporte para matarte, no te pregunta si estás en la colonia Condesa o en Zaragoza. La naturaleza no es clemente, lo único que hace es actuar, no tiene conciencia ni moral, por ende, pegará en donde tenga la oportunidad de hacerlo y suele golpear con mayor dureza en donde la pobreza, el olvido y las condiciones de vida no son buenas. Reitero, hay que recorrer el foco de la Ciudad de México y voltear hacia las otras ciudades que fueron afectadas hace seis meses”.

Sobre la aseveración de que el 19 de septiembre se vivió con la tecnología del siglo XXI, pero con el espíritu corporativista del sismo de 1985, Fonseca considera que efectivamente la tecnología antisísmica ha avanzado lo suficiente para que las cifras hayan pasado de más de 10 mil muertos a 200.

“No obstante, perder una vida no se puede medir en términos matemáticos y siempre vas a encontrar gente dispuesta a hacer negocio cuando nadie la está vigilando, por ejemplo, vimos los problemas de permisos, el problema de gente que abusó de la ayuda y los funcionarios que abusaron para arribar un voto más a sus carreras políticas. Hoy la sociedad civil es más activa y veremos si eso se refleja en las elecciones por venir, en el ejercicio de solidaridad, en el principio de empatía y en la educación cívica”, opina.

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