Andrés Manuel, el peligro aparece de nuevo

Rafael Cardona

Debo reconocer una sorpresa de la cual no me repongo todavía: nunca ­había escuchado a un político en campaña (menos) confesar públicamente su cercanía a la locura, como lo hizo recientemente Andrés Manuel López cuando se describió a sí mismo ­como terco, empecinado, tenaz y rayando los límites de la ­insania.

Él trazó, eufórico y sincero, su propio “autorretrato hablado”. Recordemos su discurso al ­asumir la candidatura de Morena, la cual —dicho sea de paso—, le pertenecía desde la fundación del movimiento “regenerador” por definición y mérito autoadjudicado:

“….soy terco —es de dominio público—, medio obcecado, perseverante, como suele llamarse a quienes defienden una causa. Con esta misma convicción actuaré como presidente de la república, con terquedad, con necedad, con perseverancia, rayando en la locura, de manera ­obcecada…”

La perseverancia, obviamente, es una cualidad del temperamento. Habla de la fortaleza de las intenciones y la hondura, en algunos casos, de las convicciones. Por la perseverancia les otorgan diplomas a los estudiantes y sólo ella derriba barreras cuando el mundo se llena de obstáculos.

Pero cuando alguien persevera en el error, el mérito se desvanece y comienza la contumacia, la cual puede ser—en momentos graves—una actitud peligrosa, una pérdida de la objetividad, una obsesión. Y las obsesiones, fuera del romanticismo musical, cuando sirven para hacer canciones de amor estilo María Greever, son muy riesgosas. Nublan el foco, confunden la realidad y a fin de cuentas matan la voluntad porque la dirigen a un solo punto sin capacidad de rectificar, como el borracho abrazado a su botella, el adicto a su aguja y el fanático a su credo.

Andrés Manuel López ha enfocado todo su empecinamiento en terminar con la corrupción en este país.

Quizá lo pudiera hacer en algunas áreas del sector ­público, pero no del país entero. Si la corrupción es el incumplimiento de la ley para obtener un beneficio en dos vías, el promotor y el disimulado, quien soborna y quien se deja sobornar, pues su trabajo está de antemano limitado. Pero a fin de cuentas nadie lo podrá criticar por tan loable empeño.

El problema, en todo caso radica en el torcimiento de la realidad para alcanzar ese fin.

Un ejemplo de esto es su obsesión por incorporar a las filias del grupo legislativo de Morena a Napoleón Gómez Urrutia, quien vive refugiado en Canadá, protegido por los capitales de la minería canadiense (de los cuales parece gestor a distancia), asentados en México en contravención con el idealismo nacionalista de Morena.

—¿Defender y promover a un corrupto, me corrompe a mí también? Aquí hay dos respuestas, la real y la política. Y las conocemos ambas.

Pero ése es un asunto menor. Quizá sirva nada más ­como ejemplo de la propiedad moral de las dos varas de Andrés, pero lo visible ahora es la llegada de los esperados trenes: por la misma vía circulan varios convoyes y ya llegaron al choque: los empresarios, quienes se quejaron (CCE) de la inclusión de forajidos (forajido es quien huye de la persecución de la ley) en el Poder Legislativo y el gobierno de Estados Unidos.

Obviamente este asunto internacional y las opiniones de Trump o miembros de su gabinete, como Wilbur Ross, secretario de Comercio, quien habla de un candidato ­antiamericano después del dicho de Trump sobre algunos menos buenos en la papeleta, nos deberían dejar impávidos, sobre todo a quienes desean circular por la vía del nacionalismo, pero la verdad es otra: los americanos no son electores, pero pueden hacer muchas ­cosas para corregir una elección lejana a su agrado o cuyo resultado consideren riesgoso a sus intereses, los cuales son extensos e intensos.

Y en ese sentido, el Andrés Manuel del NO, ya ha aparecido en escena, como también ha llegado al centro de la pista de este circo el domador de tigres, quien anuncia su retiro si alguien abre las jaulas de los ­animales salvajes los cuales nadie más sino él, podrá controlar cuando, cebados por la sangre de fraude electoral, deambulen hambrientos por las calles de México.

Varios han sido los momentos, yo diría; peligrosos ­para el propio Andrés todos, frente a audiencias similares. El primero, ya mencionado, cuando dijo a los banqueros la advertencia del tigre.

“…Yo tengo dos caminos y lo he expresado, a Palacio Nacional o a Palenque, Chiapas. Si las elecciones son limpias, son libres, me voy. También, si se atreven a hacer un fraude electoral, yo me voy y a ver quién va a amarrar al tigre, el que suelte el tigre que lo amarre, ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral, advirtió Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia a la Presidencia del país”.

Otro momento riesgoso para sus propósitos (por las contradicciones) fue el de los contratos petroleros, definición a la cual llegó ­después de un roce interno entre los rancios morenitas (Taibo II) y los conversos del capital ­(Romo). Andrés Manuel, terminó dándole la razón a Taibo II, pero maestro del doblez, también a Romo.

Dijo Taibo:

“ …(Vanguardia).- Mi pregunta es muy sencilla, es: ¿quién chingaos le dijo a Romo que ­somos ‘nos’… ¿a nombre de quién habla?”

“Porque, que yo recuerde hasta ahora, en el último congreso y los tres últimos consejos nacionales de Morena se ratificó plenamente la de que hay que echar abajo la reforma energética.

“Y esa demanda es nuestra, no sólo es de ­Andrés, que lo dijo muchas veces. Entonces habría que preguntarle a Romo ¿a nombre de quién hablas?, ¿a quién le hablas al oído?

“Porque si le quieres hablar al oído a las trasnacionales, pues muy tu pinche gusto, pero a nombre del conjunto de los mexicanos que vamos a votar en julio, yo creo que la demanda ­sigue viva y hay que exigir que siga viva. Ni un pinche paso atrás: ni la reforma educativa ni la reforma energética ni la ley de playas ni la ­reforma a la ley hacendaria.”

Ante esa “pinche vehemencia” de Taibo II, la actitud fue ésta:

“…El candidato Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza los sondeos para las elecciones mexicanas del 1 de julio, dijo que en ­caso de llegar a la presidencia revisará decenas de contratos otorgados por el gobierno tras la reforma al sector energético”.

Pero para revisar un contrato primero debe ­haber un contrato. Y si se puede contratar, ­como ellos dicen, sobre el destino y aprovechamiento de los recursos de la nación, entonces la Reforma sigue en pie. No es un  asunto de claridad o limpieza ni tampoco de corrupción, es un tema de propiedad del subsuelo y sus productos. La realidad o la utopía. La razón o la obsesión.

Eso se llama tener los dedos en la puerta.

Como en la puerta están después del asunto del Aeropuerto. Si primero se trataba de echar abajo todo y ahora de hacer un comité tripartita para revisar “la limpieza de los contratos” y acabar con el pozo de corrupción de esas costosas obras (18 mil millones de dólares), entonces no estamos ante un  redentor sino ante un contralor.

Y dicho sea de paso: si el NAICM es un “pozo de ­corrupción”, cuál es el sentido de un triple comité para revisar lo hecho hasta ahora. La sola mirada de Andrés, en un recorrido de un a hora, casi por esas obras, ya le permitió detectar la corrupción imperante.

Entonces ya no tiene caso hacer nada: Él ya lo ­sabe todo.

Pero los empresarios de aquí y de allá, ya movieron las orejas. Ya sintieron la embestida descompuesta y ya comenzaron tomar sus previsiones, aunque cuando el CCE haya aceptado en principio la mesa de los ­quince “técnicos” (gobierno, constructores y Morenos), lo cual dividió al empresariado, pues la Cámara Nacional de Aerotransportes se niega a la supervisión de alguien sin  autoridad pública para hacerlo. Nada más un candidato quien ya propone actos de gobierno.

Por lo pronto ya son muchos quienes en el mundo del capital —con todo el poder cuanto puedan juntar— lo han vuelto a considerar un peligro. Quizá no para México pues eso es demasiado abstracto; contra sus negocios.

Y puede más el dinero, por encima del patriotismo.

Ése, el patriotismo, es apenas el nombre de una avenida en la ciudad de México.

 


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