La amenaza emergente

Manuel Gómez Granados

En estos días que preludian ya el inicio formal de las campañas electorales de este año, se publicó en San Diego, California, un documento de 28 páginas en el que se analiza lo que implica el surgimiento de una de las organizaciones criminales más violentas de las que se tenga memoria: el Cártel Jalisco Nueva Generación.

El documento titulado The new generation: Mexico’s emerging organized crime threat (La nueva generación: la amenaza criminal emergente en México), publicado por el proyecto Justicia en México de la Universidad de San Diego, la Fundación McArthur y la Iniciativa Mérida, analiza la estrategia seguida por el gobierno de México en los últimos doce años de “descabezar” a los cárteles y cómo, lejos de rendir los frutos que se esperaban, nos ha sumido en la más reciente ola de violencia.

Al descabezar lo que fue el Cártel de Sinaloa, de Joaquín El Chapo Guzmán, se generaron las condiciones ideales para que, por una parte, surgiera el Cártel Jalisco Nueva Generación y, por la otra, para que se recrudeciera la violencia en distintas regiones de México, por los reacomodos tanto en las operaciones de producción y transporte de las drogas, como por el quiebre de los equilibrios que se expresaban en el liderazgo del Chapo.

Los autores del documento dan cuenta de la manera en que “el CJNG se ha beneficiado de una serie de vacíos de poder que resultan de la destrucción de las estructuras de liderazgo en los grupos del crimen organizado. Así, aunque hay esfuerzos bien intencionados por parte de las instituciones policiacas y legales para quebrar a los grupos del crimen organizado en México, la estrategia seguida ha resultado en lo que distintos académicos llaman el ‘efecto hidra’, que hace que el arresto o la eliminación de las cabezas de las principales organizaciones de narcotraficantes, simplemente resulte en el surgimiento de nuevos grupos criminales” (p. 25 del documento disponible en http://bit.ly/JMexCJNG2018).

Entre los datos que ofrece el documento, que vale la pena considerar, está cómo Rubén El Mencho Oseguera, uno de los líderes del CJNG, pasó de ser un peón en los ranchos productores de aguacate en Michoacán, a ser narcotraficante en San Francisco, EU, y luego se convirtió en agente de la policía en un par de municipios de Jalisco, donde sentó las bases para crear, en 2012, el CJNG (p. 9 del documento).

Lo más importante, sin embargo, son las recomendaciones que el documento hace: la primera es reconocer que la estrategia de descabezar cárteles NO funciona (p. 25); en segundo lugar, mejorar la capacidad de las instituciones de justicia en México para realizar investigaciones de largo aliento, macro-procesos como los que se han realizado en Italia, para verdaderamente extirpar a las organizaciones criminales (p. 25).

En tercer término, mejorar los mecanismos de cooperación entre México y Estados Unidos, algo que se antoja difícil dado el carácter mercurial de las decisiones tomadas por Donald Trump, como lo demuestra la tontería de buscar la pena de muerte para los narcotraficantes, pues hará que México, Canadá, Colombia y otros países se vean obligados a no atender las solicitudes de extradición de capos del narcotráfico, pues los tratados de extradición impiden que se extradite a personas que pudieran ser condenadas a la pena de muerte. Finalmente, el documento llama a introducir reformas que mejoren la regulación de la producción, distribución y consumo de drogas distintas a la mariguana, en el entendido de que el enfoque debe ser de salud pública (p. 27).

Ojalá se atiendan estas recomendaciones y no se insista en repetir lo que ha fracasado.

 


manuelggranados@gmail.com

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