¿CCE, sumisión o exorcismo? - Juan Manuel Asai | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 25 de Marzo, 2018
¿CCE, sumisión o exorcismo? | La Crónica de Hoy

¿CCE, sumisión o exorcismo?

Juan Manuel Asai

Desde que Juan Pablo Castañón, presidente del CCE, pidió a López Obrador su visto bueno para la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, impera el caos y la preocupación en el sector privado mexicano. ¿Por qué lo hizo? ¿En qué estaba pensando?

Se ha dicho en estas páginas, pero vale la pena repetirlo, que encabezar encuestas no es, hasta donde se sabe, ningún cargo público. La persona que aparece arriba en los sondeos puede opinar lo que quiera, como si fuera experto en todo, pero no puede decidir ninguna política pública, mucho menos una que está en curso, del calibre de la construcción de la nueva terminal aérea.

Castañón, presa del pánico, olvidó algo básico: las campañas de elección 2018  ni siquiera han empezado. Si anhela el beneplácito del tabasqueño se tiene que esperar algunos meses, digamos hasta finales de julio. Primero Andrés Manuel tiene que hacer buenas las encuestas y de verdad ganar la elección, lo que está por verse.

Sus adversarios, aunque por momentos así parezca, no están mancos. Le van a tirar con todo, de todo, por arriba y por debajo del cinturón, como el propio tabasqueño lo ha hecho los últimos tres lustros. Si AMLO gana y es declarado presidente electo, entonces sí, es pertinente organizar una mesa análisis e incluso se podría considerar invitar a funcionarios del actual gobierno para dar detalles de la obra.

Hacerlo antes es un despropósito colosal que además lastima en exceso a los candidatos que están a favor de la obra, como Meade, Anaya y Margarita y también lastima al gobierno federal que está entre indignado e incrédulo, lo que nos regresa a la pregunta: ¿En qué estaba pensando?

Muchas respuestas son igualmente absurdas. Algunos afirman que Castañón busca un lugar en las listas plurinominales de Morena o que se siente a gusto platicando con el Toro sin Cerca o el Señor de las Ligas, con quienes tiene, apenas descubrió, muchas afinidades. Otros más piensan que darle desde ahora tratamiento de presidente electo al tabasqueño hará menos traumático el inevitable cambio. Más vale ir acostumbrándonos.

¿Por qué la comunidad empresarial ha permitido que López Obrador maltrate las reformas estructurales, les haga bullying sin meter las manos? Esa actitud hace mucho que dejó de ser prudente, parece apocada. ¿Dónde están ahora, cuando más se necesitan, las voces que clamaban, imploraban, exigían, ya, reforma energética? Por qué nadie sale a la defensa de la reforma educativa después de años de criticar de manera feroz el viejo modelo. Si no defienden ahora las reformas, después de la jornada electoral será demasiado tarde.

Las reformas suponen un esfuerzo de modernización del país, de ponerlo en mejores condiciones de competencia ante las nuevas realidades globales. Dar marcha atrás en las reformas y regresar al México del ogro filantrópico que ya probó su fracaso, es un error histórico. Los empresarios deberían concentrar sus esfuerzos en exigir a los políticos cumplir y hacer cumplir la ley. Eso, darle una oportunidad al estado de derecho, sería una verdadera revolución.

Otros más sostienen que en realidad Castañón tiene un plan que no quiere revelar y para concretarlo necesita sentar a López Obrador en lugar cerrado, frente a un grupo de personas con cara de expertos en aeronáutica pero que en realidad son exorcistas curtidos en mil batallas contra el demonio que se ha apoderado, como es fácil detectar, del cuerpo del candidato de Morena. No será una batalla sencilla pero puede exorcizarse a López Obrador, sacarle el chamuco, cortarle los cuernos. Sólo que sea por eso.


jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

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