Ana Brun: del retiro a Mejor Actriz en la Berlinale | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 25 de Marzo, 2018

Ana Brun: del retiro a Mejor Actriz en la Berlinale

La actriz protagoniza Las herederas, el debut cinematográfico de Marcelo Martinessi, que fue sensación en la última edición del festival alemán

Ana Brun: del retiro a Mejor Actriz en la Berlinale | La Crónica de Hoy

Ana Brun estaba “retirada completamente de las tablas cuando se le presentó la oportunidad de protagonizar la película Las Herederas, un rodaje que vivió “de forma fácil” pese a su poca experiencia cinematográfica y que le sirvió para alzarse con el Oso de Plata en la última Berlinale.

De hecho, pese a su devoción por el teatro, la trayectoria de Brun ha estado siempre ligada a la abogacía, que aparcó para dar vida a Chela, el personaje que la encumbró en Berlín junto al director del filme, Marcelo Martinessi, premiado con el Oso de Plata-Premio Alfred Bauer.

“El personaje de Chela me pareció tan triste, pero a la vez el hecho de cómo ella lo resuelve lo sentí como mi propia vida, porque yo tuve un montón de cortes en mi vida, toda truncada mi carrera, todo truncados mis proyectos, un montón de sueños rotos… y siempre empezaba de nuevo. Por eso tomé cariño a ese personaje”, comentó la actriz a Efe en uno de los palcos del Teatro Municipal de Asunción.

Allí fue donde se acercó por primera vez a la interpretación, cuando con cuatro años participó en la ópera Madame Butterfly, de Puccini, como hija de los protagonistas.

Le siguieron papeles en obras como El diario de Ana Frank y pequeñas apariciones en cine y televisión, pero siempre como aficionada.

“Yo nunca tomé esto como una profesión, porque no sé. Vivir del arte y del teatro aquí en Paraguay… No sé si habrá alguno acá, pero es muy difícil. Yo sabía que eso no me iba a dar de comer”, aseguró Brun, amante de las artes gracias a su madre, que le inculcó el cariño por el teatro y la literatura.

Si de ella heredó la sensibilidad artística, su padre le dejó un despacho jurídico especializado en propiedad intelectual que ahora gestiona con sus cuatro hijos, ya que Brun, que antes de Las herederas utilizaba su nombre real, Patricia Abente, es abogada de formación, aunque nunca logró colgar el título en su despacho.

Ése fue otro de los “cortes” de la vida de Ana Patricia Abente Brun, su nombre completo, una historia interrumpida con frecuencia que la ha obligado a enfrentarse a su propia página en blanco en varias ocasiones y a empezar de cero.

Como le ocurrió con Las herederas, un papel que le suscitó ciertas dudas, pero que aceptó como “un desafío”.

“En realidad, mi personaje era deambular por mi casa, como dice Marcelo (Martinessi, el director), como una gata silenciosa. Tengo poco parlamento, es más lo que voy vagando por ahí, pero me gustó hacerlo. Lo que no sabía es que iba a tener tanta trascendencia, yo no creí que fuera a pasar la frontera”, manifestó.

La actriz, además de impregnar de su propio pasado al personaje de Chela, también quiso convertir a esa mujer “dominada” por su entorno en un “homenaje a las mujeres de más de 50 o más de 60 años”, a las que la sociedad “tiene medio arrinconadas”.

“Siempre me llegó al corazón la vida de esas personas que acá nadie les da importancia y tienen todavía un montón de vivencias que contar, un montón de deseos que no pueden expresar o que no se animan porque la sociedad no les da espacio”, confesó.

Ése es el mensaje de los silencios de Chela hasta que “conoce la posibilidad de trabajar” y “siente que ella puede” desatarse de la presión que le impone, incluso desde la ausencia, su pareja sentimental, Chiquita, interpretada por Margarita Irún.

Brun, acostumbrada a rehacerse a sí misma, está dispuesta a seguir disfrutando de un éxito maduro que nunca imaginó y con el que ha descubierto que el cine le gusta “más incluso que el teatro”.

“No se imaginan lo feliz que me siento, y todavía no me he despertado de este sueño, ésa es la verdad. No sé si es cierto o no, pero estoy dudando todavía; a veces me tengo que golpear”, admitió.

Esa alegría que trajo de Berlín le ha servido a Ana Brun para entenderse con Patricia Abente y compensar “todas las cicatrices” que el pasado marcó en su vida.

“Todos esos comienzos me han enseñado que yo no puedo lamentarme todo el tiempo. Sí, me lamento, lloro bien. He llorado millones de veces encerrada en el baño para que no vea nadie. ¡A rabiar lloraba! Y bueno, ya se acabó, a otra cosa. Porque así es la vida. No me tenía que rendir. No te puedes rendir”, sentenció la mujer en la que habitan Ana Brun y Patricia Abente.

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