Érase una vez - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 27 de Marzo, 2018
Érase una vez | La Crónica de Hoy

Érase una vez

Wilfrido Perea Curiel

Hubo una vez una campaña presidencial nacida para perder y prematuramente destinada al tercer lugar. Hoy en día ese malogrado intento se aborda en universidades y diplomados de estrategia y comunicación política como un ejemplo de desatino. Seis vocerías inconexas, mensaje confuso, desorden operativo, distanciamiento con su partido, confrontación entre los múltiples cuartos de guerra, ocurrencias cotidianas, decenas de generales y escasa tropa, en fin, todo un apotegma del fracaso electoral.

Sucedió en 2012, cuando el partido entonces en el poder se presentó a la contienda presidencial. En torno a quien abanderó aquel proyecto se conformó un multicolor equipo de campaña que nunca pudo fundirse bajo un propósito compartido. Se trató de un verdadero catálogo de vanidades y de envidias. La nave se hundió y nunca nadie rindió cuentas de lo sucedido. Algunos responsables alcanzaron, incluso, encumbradas posiciones en el gobierno de Peña Nieto, o bien, en los cuerpos legislativos. Otros, por sorprendente que resulte, son estrategas electorales en 2018, lo cierto es que ninguno de ellos volteó siquiera a ver el desastre generado.

Por una parte, sobresalían los burócratas que había reclutado quien ostentó la candidatura en su largo recorrido por la administración pública, leales para su causa, quizá rayando en la lisonja, aunque completamente inexpertos en temas electorales. Sus credenciales y altos cargos ostentados, pero, sobre todo, la incuestionable cercanía con la candidata, revestía a este grupo de tecnócratas de un alto desprecio hacia los otros miembros del equipo. Ellos se consideraban el sector más afín a la abanderada y, en su concepto, ganarían las elecciones, a pesar de la grilla partidista y de la impopularidad del gobierno. La burocracia fácilmente suele caer en la abyección y, aunque éste era el grupo en mayor medida depositario de la confianza de la candidata, nunca generó condiciones para la autocrítica, no pudieron valorar oportunamente lo mal que iban, no quisieron leer lo que las encuestas disponibles les sugerían y permearon de desconfianza a la abanderada, al grado de encerrarla en un círculo muy estrecho.

Por otra parte, quedó la dirigencia partidista, altamente pragmática y ocupada de sus propios intereses. Ellos sí calcularon la inminente derrota, le regatearon apoyos a su candidata, al grado que devolvieron en 2013 recursos al entonces IFE de las prerrogativas que debieron haberse gastado en la campaña presidencial. Acordaron con el futuro gobierno de Peña obtener una interlocución privilegiada y desde la etapa de transición empezaron a colaborar en el llamado Pacto por México. Le fue mal a la abanderada, pero bien a los dirigentes, quienes previamente habían garantizado su lugar en las listas de plurinominales.

Mención aparte merecen los “apoyos” enviados desde Presidencia. Alguien muy cercano al primer mandatario, con un protagónico papel en el staff de Los Pinos fue mandado a coordinar la campaña, su papel fue por demás polémico, rechiflas en estadios, plazas vacías, confrontaciones con el resto del equipo ¿Cuál fue la verdadera misión de ese coordinador?

En tanto, aquella casa de campaña se quedó esperando a que fluyeran los recursos financieros, la operación estaba maniatada. Se creía que Gobernación soltaría la “bomba” que destruiría a quien palpablemente encabezaba las encuestas. A la candidata no le permitieron más que escasos espacios en las plurinominales. Su capacidad de decidir sobre su propia campaña era limitada. Se confiaba en la capacidad de operación en tierra, empero el llamado día D los operadores no actuaron. Se pensaba que en los debates se daría la vuelta, en fin, puros supuestos que nunca tuvieron lugar.

Para entonces, en Los Pinos se entendían ya mejor con quien encabezaba las encuestas y de esos acercamientos nunca participaron a quien ostentó esa candidatura. Sólo el grupo de los “fieles” y zalameros burócratas aplaudía y repetía irreflexivamente “en la próxima encuesta ahora sí de verdad vamos a remontar”. 

En realidad, la iniciativa privada le dispensaba ya al candidato puntero un estatus de presidente electo. La prensa internacional vislumbraba ya a un triunfador. El acuerdo marco quizá ya estaba hecho. Érase una vez en 2012, tan lejos, tan cerca.

pereawilfrido@me.com

 

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