Espectáculos

El mecanismo pone en el ojo del huracán a la corrupción gubernamental brasileña

El realizador José Padilha lleva a la pantalla chica el escándalo de la Operação Lava Jato sobre cómo los políticos han conspirado para robar grandes sumas de dinero del Estado

Desde que el cineasta brasileño José Padilha comenzó su carrera ha mostrado un interés por abordar temas relacionados con el crimen, la justicia y la violencia, con una perspectiva que examina tanto a los infractores y a quienes las imparten como a los que se ven afectados por sus acciones. En sus inicios, en el 2002 filmó Bus 174, un documental sobre el secuestro de un autobús ocurrido en Río de Janeiro en el año 2000, y desde entonces es común ver que en sus temáticas la policía es central en sus historias.

Hoy el cineasta ganador del Oso de Oro de la Berlinale, por Tropa de Élite, se alía nuevamente con Netflix (después del éxito de la serie Narcos), para lanzar una nueva serie inspirada en uno de los escándalos brasileños más conocidos de los últimos años conocido como Operação Lava Jato (o autolavado). Titulada como El mecanismo, muestra la investigación de una trama de corrupción gubernamental con empresas petrolíferas y de construcción descubre un escándalo en Brasil.

Mecanismo es el término usado por Padilha para referirse a la corrupción generalizada y el esquema de sobornos que él asegura tomaron las riendas de la democracia en Brasil prácticamente desde 1985, cuando el país salió de una dictadura militar que se extendió durante veintiún años. Él y millones de brasileños creen que los políticos, banqueros, hombres de negocios y jueces han conspirado para robar grandes sumas de dinero del Estado, independientemente de quién esté en el poder.

“El hecho de que el mecanismo no tenga una ideología es fundamental”, dijo Padilha en una de las entrevistas promocionales. “Mi tesis es que el mecanismo opera en todas las elecciones de todos los niveles de gobierno en Brasil, en todas partes. Las empresas que son clientes importantes del gobierno, por lo general constructoras pero también grandes bancos comerciales, los financian a todos, ya sea de manera legal o a través de fondos ilegales secretos”.

A cambio, cualquiera que esté en el poder “contrata a esas empresas para prestar servicios, y las empresas inflan estratosféricamente los contratos, con sobornos ya sea para políticos individuales o sus partidos”.

El protagonista de El mecanismo, cuyos ocho episodios están disponibles desde el 23 de marzo, es Marco Ruffo (Selton Mello), un impulsivo y querible policía federal que humanamente pierde los modales, cruza los límites y da con un colosal entramado corrupto gracias a su obsesión y terquedad. Este antihéroe y padre de familia lanza varias frases meditabundas: “Nadie combate un cáncer y sale ileso”, “En Brasil, la gente piensa que ser policía es invadir favelas y enfrentarse a los traficantes a balazos. Eso no es ser policía. Eso es ser un policía idiota”, dice.

La primera temporada desmenuza los orígenes de la investigación cuando dos policías, Ruffo y Verena, se proponen acabar con el negocio millonario de un astuto delincuente especializado en lavar dinero. En su batalla descubren que el mecanismo corrupto es mucho mayor de lo que esperaban y llega a los despachos de diputados, partidos políticos, funcionarios públicos y de los principales constructores del país.

La serie de ocho episodios está basada en el libro Lava Jato: el juez Sergio Moro y los bastidores de la operación que sacudió a Brasil, del periodista Vladimir Netto, que Padilha adaptó junto a la guionista Elena Soarez (Hijos del Carnaval). Su idea era dejar en claro que el mecanismo a través del cual funciona la corrupción en el país no tiene banderas ideológicas.

El guion, por ejemplo, pone en boca del personaje que encarna al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva una frase que no es suya. Preocupado por el avance de las investigaciones, el personaje de Lula dice a su exministro de Justicia que “hay que acabar con esta sangría”.

“En Brasil, la corrupción forma parte de la lógica de la estructura política. No es la excepción, es la norma. Ese mecanismo no tiene ideología: está tanto en los gobiernos de derecha como en los de izquierda”, dijo el cineasta José Padilha, que compartió la dirección junto a sus colaboradores Felipe Prado, Daniel Rezende y Marcos Prado.

 “Las grandes empresas que tienen interés en ganar contratos de obras o servicios de los gobiernos financian a todos los partidos políticos en sus campañas, ayudan a elegir candidatos y luego obtienen ventajas de esos políticos una vez que están en el poder. Los presupuestos de licitaciones son exagerados, hay dinero desviado que va a parar de vuelta de forma ilícita a los partidos o para enriquecer a políticos”, agregó.

Otras referencias a empresas y partidos reales son fácilmente reconocibles: la petrolera estatal Petrobras se volvió PetroBrasil, la constructora Odebrecht se tornó Miller & Brecht, el Partido de los Trabajadores (PT) fue bautizado como Partido Obrero, la presidenta Dilma aparece simplemente como Janete, y el juez Moro se llama aquí Paulo Rigo.

 

 

La serie no es un documental, es ficción basada en hechos reales

“La serie tiene un anclaje muy verídico, pero no es un documental, debe funcionar como entretenimiento. Para los fines de la dramaturgia condensamos personajes y simplificamos situaciones para que se entiendan los conflictos”, señaló la guionista Elena Soarez.

Ni a la ex presidenta brasileña Dilma Rousseff ni a Luiz Inácio Lula da Silva les ha caído en gracia la serie del servicio de streaming, pues la primera acusó a la plataforma digital Netflix de realizar proselitismo electoral en Brasil pues dice que ataca tanto su reputación como la de su antecesor.

“Netflix no puede hacer campaña política, y si lo está haciendo en Brasil lo puede hacer en tu país. Le diré eso a todos los líderes políticos con los que me encuentre; están haciendo campaña de forma indebida”, dijo Rousseff el lunes en una conferencia de prensa en Río de Janeiro.

Padilha se defiende al decir que se trata de una ficción libre basada en hecho reales y confía en que la industria del cine y la televisión tienen un poder de conciencia que puede llegar a tocar sensibilidades y lograr cambios: “Debemos ser capaces de enviar a prisión a los políticos, las autoridades y los empresarios poderosos. En Brasil tenemos un poco de esperanza, aunque es difícil porque no podemos confiar en la Corte Suprema, cuyos procesos están manipulados”, dijo.

“Pero ahí está la presión de la sociedad y de la prensa para que las cosas se desarrollen (…) La corrupción es real. La conocemos, yo la conozco y las poblaciones de Brasil y otros países la conocen. Entonces la pregunta no es si conocemos o no estos sucesos. Lo que debemos preguntarnos es cómo debemos organizarnos para lidiar con ellos y hacer algo al respecto”, concluyó.

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