El verde en la ciudad, la ciudad en el verde

Voces de la UAM

Saúl Alcántara Onofre*

En el escenario de las políticas de desarrollo urbano que se han aplicado en los últimos 60 años en México sin discusión alguna, no han nacido, ni crecido a medida humana, debido a que han dado paso a la especulación edilicia fuera de escala paisajística que genera un deterioro ambiental y cultural.

Este paisaje urbano, se configura como un terreno privilegiado para un reto político, técnico y cultural: la recuperación y recalificación ambiental de las partes deterioradas de la ciudad y de las áreas periféricas que son las más intensamente pobladas, las cuales deben ser consideradas prioritariamente para la reordenación urbana. 

El desafío es la puesta en valor del espacio público y del verde, en particular, con específica atención en los jardines, huertos, arboledas urbanas, espacios abiertos entre la vivienda, las edificaciones de educación, de salud, de trabajo, de transporte y de movilidad.

Es importante subrayar el papel ­especializado e insustituible que juega, en la ciudad, el espacio público, los elementos vegetales, principalmente las plantas nativas y endémicas; el suelo y el agua que son elementos primordiales para la recalificación física y de las funciones vitales de la ciudad, así como las oportunidades que ofrecen para la planificación paisajística.

De igual modo, atañe, sobre todo, a los ciclos naturales que se dan en la ciudad, con singular atención a los estándares, no de cantidad como los urbanos, sino de calidad, mensurables no con metros cuadrados, ­sino con análisis químicos, acústicos, biológicos, de anhídrido de sulfuro, dióxido de carbono, cromo, plomo, níquel e incluso asbesto. 

Dichos estándares son únicamente la punta del iceberg de un sistema ecológico al borde del colapso, en el que los elementos patológicos son los protagonistas. Estos indicadores miden sólo la fiebre de un ­estado ­nocivo, en el que se debe intervenir en términos generales y, en lo ­particular, en el espacio abierto.

De este contexto, se pueden aislar los elementos patológicos, ya que cada uno de ellos es capaz de influenciar y cualificar las unidades de paisajes que constituyen el ­esquema urbano, por lo que es posible diagnosticar los problemas e inducir ­terapias de intervención por medio de Planes Paisajísticos.

Al hablar del espacio público, no puntualizo únicamente al verde considerado por muchos un neologismo, el concepto de verde aún se ­sujeta a muchos defectos del urbanismo tradicional, más bien se debe referir al sistema de reorganización de la arquitectura del espacio abierto, es decir, al negativo de la ciudad construida.

El papel especializado del espacio abierto enumera preocupaciones y exigencias de orden ambiental. La estructura urbana es volteada como un guante, el espacio abierto pierde toda voluntad parcial, ­sale del gueto en el que se encuentra, ni en el bien ni en el mal. Emerge como una nueva frontera de planificación y ­diseño paisajístico,­ ­para ­resolver los grandes problemas ambientales de la ­urbe, cambia ­hasta de nombre, desde el momento en que no se trata más del verde, en ­sentido estricto, ­sino de la arquitectura del ­espacio abierto que, por lo ­general, se encuentra sin control alguno, sin mantenimiento, ni gestión: es ­hijo de nadie. 

El arbolado urbano no es un ­costo adicional y no debe considerarse ­como decoración urbana, porque de esta manera no ­habrá ­jamás ­disponibilidad de recursos financieros para la recalificación de la ­ciudad y se seguirán plantando ­especies arbóreas ajenas a los ­paisajes urbano y cultural, en ­lugar de realizar una plantación ­planificada, con una investigación sobre las plantas nativas y endémicas que históricamente tienen un lugar en la ciudad.

Los componentes del arbolado urbano son la cosmética de la cara desfigurada de la Ciudad de México que ha crecido mal, es decir, del maquillaje que esconde y mimetiza las deformaciones. 

El espacio público, en gran parte de la ciudad, es una ­anticiudad en la que transcurre parte de la vida colectiva de sus habitantes. Los distintos gobiernos son reticentes a aventurarse en el terreno del diseño, planificación y conservación del paisaje urbano, a causa de los costos con respecto a otra forma de urbanización. La plantación de árboles se encuentra entre los costos más bajos, es medianamente inferior a una banal carpeta asfáltica o un ­concreto estampado.

El inconveniente de los costos es un pretexto, debido a que los expertos del ramo toman como modelo las ­categorías del jardín áulico o del verde sofisticado, ­como en residencias de élite, algunas veces de mal gusto o la moda de los jardines verticales cuyo mantenimiento es incosteable, los cuales proporcionan la idea de costos inalcanzables. 

Considerar el árbol como adorno urbano es una distorsión tradicional del urbanismo. Es decir, el papel protagónico de los edificios respecto al papel subordinado y complementario asignado a las arquitecturas vegetales. 

La arquitectura del espacio abierto forma una trama que establece una segunda estructura urbana que circunda los espacios edificados, emplazados en un paisaje con determinado carácter, hasta formar hitos urbanos o paisajísticos, ofrece un patrimonio de visuales consagradas por la memoria. Surge de la ignorancia más absoluta y expresa el caos de la ciudad, del barrio o del núcleo habitacional y la ciudad se desploma en el caos visual y expresivo.

En las ciudades mexicanas todo se ha pavimentado e ­impermeabilizado, el último toque del pincel deberían darlo los árboles, pero son obligados a cubrir el rol de tapicería vegetal, reducidos a mera decoración para tratar de ­enmendar los errores del diseño urbano, víctima de acciones incongruentes; por ejemplo, la plantación de especies vegetales con colores agresivos, de volúmenes desequilibrados, árboles de tallas inmensas constreñidos en espacios ridículos, la construcción de arriates inútiles, pavimentos con materiales incompatibles al contexto.

La arquitectura del espacio abierto debe ser entendida como un elemento de calidad para diseñar, planificar y conservar la ciudad con una renovada jerarquía de sus valores histórico, ambiental y artístico, entre los cuales se entrelazan la ­arquitectura y la naturaleza, utilizando para este fin la planificación paisajística en una relación lógica, como entre masculino y femenino, entre polo positivo y polo negativo, sin la subordinación del uno al otro.

-* Coordinador del Posgrado en Diseño, Planificación y Conservación de Paisajes y Jardines de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana y Miembro Titular del Seminario de Cultura Mexicana.  Miembro Asesor y exvicepresidente de las Américas del ­Comité Internacional de Paisajes Culturales ICOMOS-IFLA.

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