“Dice que sabe más que nosotros, castígalo” | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 31 de Marzo, 2018

“Dice que sabe más que nosotros, castígalo”

“Dice que sabe más que nosotros, castígalo” | La Crónica de Hoy

Guardias romanos, sacerdotes del Sanedrín, María, madre de Jesús, y un grupo considerable de judíos, todos rodeaban a Jesús de Nazaret. Unos pasos adelante, se ­encontraba Poncio Pilatos, quien se dirigía a su palacio —un templete ubicado sobre la banqueta frente a la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México—, a donde minutos más tarde fue llevado el Nazareno.

Pilatos no entendía por qué  los judíos querían que juzgara a Jesús de Nazareth. Entre la gritería se escuchaban los argumentos: “se dice rey de los judíos”, “No tenemos más rey que el César; ¡castígalo!”, “dice que sabe más que nosotros, que somos los sacerdotes del Sanedrín”, “no es nuestro rey”…. Unas voces apagadas demandaban “libéralo”; eran María, Magdalena y Verónica.

Desconcertado, Pilatos no veía mayor pecado en el acusado, y decidió fuera azotado el Nazareno, su orden se cumplió, pero no fue suficiente.

Más de un centenar de curiosos se arremolinaban pendientes de la suerte del Nazareno, representado por Francisco Arroyo, integrante de la Compañía teatral Fénix Novohispano; a unos pasos de distancia María, la madre de Jesús —representada por Jacqueline Bribiesca—, sufría el dolor de su hijo, sin poder hacer nada por aliviar su dolor, así como Verónica (Norma Duarte). Mientras Poncio Pilatos  —personificado por Víctor Zeus—, miraba a la distancia,  la muchedumbre alejarse.

En su lento andar, Jesús de Nazaret caminaba con mucha dificultad y fue levantado por los romanos, mientras los judíos demandaban apresurar el paso, pues apenas y tenían tiempo para realizar los preparativos para la Pascua.

Con la pesada cruz, siete veces cayó y siete veces fue ayudado a levantarse. A su madre le permitieron acompañarlo en su doloroso andar. Verónica le limpió el rostro, Simón de Cirene lo ayuda a cargar la cruz hasta el Gólgota.

La crucifixión se dio y el amor de Jesús fue escuchado: “¡Padre, por qué me has abandonado!”, estremeciendo a propios y extraños.

Los sacerdotes en su loco afán por terminar de una vez por todas con aquello que habían iniciado, demandaron a los soldados romanos romper los huesos de las piernas de los crucificados, “así sus brazos no podrán soportar el peso de sus cuerpos y morirán de asfixia más rápido”, con Jesús no fue necesario tal procedimiento: un grito desgarrador de María, hizo reaccionar a uno de los guardias: “este hombre ya está muerto, no es necesario romperle los huesos de las piernas. Sólo salió sangre y agua”.

Así, la compañía “Fénix Novohispano”, dirigida por Francisco Hernández Ramos y acompañada por una banda de 30 percusiones y 10 trompetas, escenificaron por décimoséptima ocasión el viacrucis de la Pasión y Muerte de Cristo, en el zócalo capitalino.

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