¿Y por qué nosotros? Las pensiones de los telefonistas

Carlos Matute González

El pasado 12 de marzo el eterno líder del sindicato de telefonistas, Francisco Hernández Juárez, atacó públicamente la resolución del Instituto Federal de Telecomunicaciones, que determinó la división del negocio de Slim de telefonía en dos empresas. América Móvil se quedará con la telefonía móvil y la tradicional en Telmex que es la sociedad con lo que se tiene suscrito el generoso contrato colectivo. El corporativo del multimillonario ingeniero hizo mutis de la escena.

Una lectura superficial de este hecho puede conducir a la conclusión que los trabajadores están muy comprometidos con la empresa. Sin embargo, la explicación sería otra si se revisan los estados financieros de Telmex, que arrojan un pasivo laboral de largo plazo que suma una cifra alrededor de los 100 mil millones de pesos, que representa un año de ingresos de la empresa.

Entonces, la división del negocio puede dejar sin financiamiento a las pensiones en curso de pago de telefonistas y las expectativas de quienes se encuentran todavía laborando y que pudieran llegar a tener las mismas condiciones: último salario como base para fijar el monto de la jubilación, pensión dinámica, es decir, actualizada por la inflación, con cortos tiempos de cotización y baja edad de jubilación.

La pregunta es: ¿Cómo se han financiado las pensiones desde que se privatizó Telmex? La respuesta es sencilla: con la tarifa de interconexión. La tasa cero afectó el flujo de caja de la empresa y afectó las reservas para el pago de pensiones. El consumidor del servicio de telefonía cubre por esta vía este sistema pensionario de excepción, que lo es si se le compara con la mayoría de los trabajadores cotizantes al IMSS.

¿Y nosotros por qué? Es un cuestionamiento legítimo que se hace un consumidor de bajos ingresos, que paga un servicio de telefonía relativamente caro en beneficio de un grupo pequeñísimo de trabajadores si se le compara con los usuarios de las tarifas de pre-pago que son las más utilizadas por los sectores poblacionales más pobres. ¿Es justo?

Lo mismo sucede con el recibo de luz que trae incluido un subsidio al costo -amable lector por favor revíselo con cuidado- que no es otra cosa que una transferencia presupuestal para cubrir un sobre-costo introducido por el pasivo laboral de largo plazo. Hay un subsidio cruzado en el que el presupuesto se utiliza para apoyar a sectores de la población más favorecida si se compara a los trabajadores de la industria eléctrica con el resto de los trabajadores formales e informales.

Esta historia ya la vivimos con la liquidación de Luz y Fuerza del Centro y la quiebra de Mexicana de Aviación, en la que llegó un momento en que era insostenible el modelo de negocio con el pago de la enorme deuda del pasivo laboral. En el primer caso, hubo una transferencia presupuestal de cerca de 40 mil millones pagados por los contribuyentes y, en el segundo, se mantuvo lo posición gubernamental de no rescatar a la empresa, puesto esto hubiera significado convertir en deuda pública el compromiso pensionario.

El esquema de todos pagamos los beneficios a unos cuantos vía el pago de tarifas de bienes y servicios públicos es inaceptable. Es comprensible que atrás de estas liquidaciones y quiebras haya auténticas tragedias humanas, pero hay que evitarlas generando mayor conciencia sobre el particular en los jóvenes.

No es viable seguir cargando a las generaciones de trabajadores en activo el costo de las pensiones de los trabajadores retirados vía pago de tarifas o subvenciones presupuestales. Más aun cuando lo previsible sea un envejecimiento demográfico en los próximos treinta años. Por lo tanto, hay que aumentar el ahorro colectivo, la cotización a sistema de cuentas individuales en diversas formas. Hay que ir desapareciendo paulatinamente los regímenes excepcionales para evitar colapsos como los mencionados y el previsible en los telefonistas después de la decisión del Ifetel.

La demagogia y las mentiras sobre el particular sólo aplazarán la solución del problema y lo agravarán. Es hora de que dejemos de fingir que no pasa nada y que otros, los que vengan, serán los responsables de enfrentar la situación. La política del avestruz sólo acumula contradicciones y aumenta la explosividad social en el largo plazo.

No nos extrañe ver en las filas de la oposición a los telefonistas, no para que haya una solución adecuada para la mayoría, sino para que se mantenga el estado de cosas: eliminar la competencia en telefonía, subir la tarifa de interconexión y que los consumidores del servicio paguen el pasivo laboral.

Profesor de posgrado del INAP

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