Cultura

Tocar un instrumento es un acto de fe, asegura Horacio Franco

Festejo. El flautista, director de orquesta y Premio Crónica celebra 40 años de su debut como solista en el Palacio de Bellas Artes. El 12 de abril de 1978, interpretó el Concierto en La menor para flauta de pico, de Vivaldi, con la esperanza de que la emanación de sonidos sutiles tocara los corazones de su padre y madre para que lo dejaran ser músico

Cuando toco música, concentro toda mi atención en emitir o irradiar una energía hacia otras personas, dice Horacio Franco.

Con 14 años de edad “bien cumplidos” y parado al centro del escenario del Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México, el pequeño flautista Horacio Franco, estudiante de tercero de secundaria, sólo pensaba en una cosa el día de su debut como solista: “Quiero convencer a mis papás de que yo tengo que ser músico”.

Entonces, llegado el momento, y tras recibir la indicación del maestro de orquesta italiano Icilio Bredo, Horacio cerró los ojos y comenzó a soplar a través del instrumento musical de viento. Así interpretó el Concierto en La menor para flauta de pico, de Antonio Vivaldi, con la esperanza de que la emanación de sonidos sutiles tocara los corazones de su padre y madre.

“Para mí, interpretar un instrumento musical frente a otras personas es un acto de fe, porque es un momento en el que uno cree firmemente en que lo que está interpretando es lo último que vas a compartir en tu vida y que es lo más trascendente que vas a hacer en toda tu vida”, comparte en entrevista el artista ganador del Premio Crónica 2016, al recordar su debut profesional, un 12 de abril de 1978.  Agrega que cuando toca música, concentra toda su atención en emitir o irradiar una energía hacia otras personas, sabiendo que no puede hacer nada más que esperar que el ritual funcione y que alguien sea tocado por esa emoción.

“Al día siguiente de aquel debut mis padres estaban muy contentos por cómo me había ido. Pero me dijeron: ‘tú tienes que estudiar una carrera de a deveras porque esto no te va a dar de comer’. Entonces, con la seguridad que me dio el haber tocado en Bellas Artes, les dije: si cuando cumpla 25 años soy un músico sin oficio ni beneficio, entro a estudiar la carrera que ustedes quieran, pero en este momento déjenme aprovechar estos años que son fundamentales para aprender música. Ellos se calmaron un poquito o supieron que ya no les quedaba de otra”, dice, mientras sonríe, este artista que ha grabado 23 discos y ha tocado en los cinco continentes del planeta.

Ahora, cuando faltan unos días para que vuelva a tocar en Bellas Artes, el 14 de abril de 2018, para celebrar sus 40 años de carrera profesional, el músico, profesor y director de orquesta, Ganador de la Medalla Mozart Austria-México, aclara que aunque desde niño amaba tocar la flauta, cuando entró a estudiar música en el Conservatorio Nacional tuvo que elegir otro instrumento porque no había clases para flautistas.

“Entre todos los instrumentos decidí entrar a estudiar violín porque era lo único para lo que me alcanzaba y mi maestro, Icilio Bredo, me trataba como la peor chancla del Universo porque no tocaba yo nada bien. Así que un día me presenté a un ensayo, porque él dirigía a la Orquesta de Cámara, y le dije que yo quería tocar de solista. Él se burló de mí y dijo que cómo pretendía ser solista si apenas podía con el violín. Entonces saqué mi flautita y empecé a tocar un concierto de Vivaldi.... Y se quedó de a seis... Se quedó muy asombrado y meses después debuté bajo su dirección, como solista, tocando la flauta en el Palacio de Bellas Artes”, cuenta Franco.

En ese momento el joven Horacio no lo sabía, de la misma forma que hoy muchos lo ignoran, pero en 1978 estaba ocurriendo en México el mayor impulso gubernamental a la música clásica que haya ocurrido en el último siglo, gracias al gobierno de José López Portillo, cuya esposa Carmen Romano era una pianista y consumada melómana o amante de la música clásica.

“Yo no tenía idea de lo que estaba pasando alrededor. Sí sabía de la importancia que tenía tocar en el Palacio de Bellas Artes pero no dimensionaba la responsabilidad que implica tocar como solista y, en realidad, lo único que yo quería era convencer a mis papás de que me dejaran tocar. Además tenía otro problema, aunque ya comenzaban a formarse orquestas de jóvenes, yo no quería tocar música clásica, deseaba tocar música antigua, por eso me enfoqué en estudiar el Barroco y la música de los siglos XVI XVII y XVIII. Este interés también hacía que en el conservatorio me miraran como freak o bicho raro”, agrega.

RITUAL Y ACTO DE FE. Muy pronto, Horacio Franco cobró conciencia de que tendría que trabajar a contracorriente si quería lograr lo que quería. Por eso tuvo que aprender mucha música barroca de manera autodidacta y por eso tuvo que fundar, el mismo, la carrera de Flauta de Pico, en el Conservatorio. También las limitantes para aprender flauta le hicieron emigrar a Holanda y, al regresar, fundar la primera orquesta de música barroca de México, llamada originalmente Capella Cervantina y actualmente Capella Barroca de México.

“Cuando yo estoy tocando música, sobre todo con obras que son muy difíciles, se siente uno como un equilibrista, caminando al borde de un precipicio, pues puedes caerte con una sola nota y el resto se cae. Pero eso ocurre al interior del músico y, al mismo tiempo, hacia el exterior necesitas hacer que la gente sienta algo y que disfrute. Y la mejor manera que tiene el músico de hacer que la gente sienta algo es saber, él mismo, exactamente qué quiere hacer sentir a la gente. Sabiendo exactamente lo que quieres hacer sentir lo haces posible”, subraya.

El músico reitera que, para muchos artistas que aman la música, el Palacio de Bellas Artes de México es un templo que impone respeto, amor y una tradición de gran profundidad.

“Siempre supe que para mí, dedicarme a la música no iba a ser, para nada, fácil”, subraya Franco. “Por eso, para mí tocar es un acto ritual, lo siento cada vez como el último momento y lo hago con fe. Por eso, ahora que voy a volver a tocar en Bellas Artes, 40 años después de debutar en ese escenario y también con música de Vivaldi, lo estoy tomando como un ritual”, indica el director de la Capella Barroca de México, con la que presentará siete obras diferentes en el próximo concierto del 14 de abril, a las 19:00 horas, en el Palacio de Bellas Artes, de la Ciudad de México.

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