El AMLO filantrópico - Juan Manuel Asai | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 02 de Abril, 2018
El AMLO filantrópico | La Crónica de Hoy

El AMLO filantrópico

Juan Manuel Asai

López Obrador arrancó con una bravata al gobierno de Estados Unidos. Le fue a gritar a las puertas de su casa. “No vamos a ser piñata de ningún gobierno extranjero”, dijo en Ciudad Juárez, Chihuahua, a unos metros de territorio norteamericano.

Desde luego arrancó el aplauso de los presentes. A la gente le gustan esos desplantes. Después de todo, la elección es en buena medida la búsqueda del macho alfa de la manada. Elegir al que brinque primero cuando el orgullo nacional lo requiera. Ya antes ha dicho que hará que Donald Trump entre en razón. Está en la etapa de la contienda en que no tiene que decir cómo le hará. De hecho nadie le pregunta qué hará para que el norteamericano se serene y nos trate con respeto, como no trata ni siquiera a su esposa.

Yo creo que el gobierno mexicano se ha esmerado muchísimo y que tenemos hoy la mejor relación que es posible tener con Trump, pero como ni Peña ni Videgaray pelean a puño limpio, pues como que a la gente no le gusta. Los tacha de tibios. Quieren una mentada, un descontón, un escupitajo. Total, los dos, Donald y Andrés Manuel están muy quebrantados como para subirse al ring ellos en persona. Mandarán a otros al ajuste de cuentas.

En esto del discurso antimperialista, López Obrador también se parece, y mucho, a los gobiernos de la docena trágica, esa de Echeverría y López Portillo, que también eran buenos poniendo el pecho a las balas de saliva. A las balas de verdad no le entraban. López Obrador quiere ser la versión siglo XXI del ogro filantrópico, la figura que usó Octavio Paz para describir al Estado mexicano. Autoritario, unipersonal, ensimismado, pero con una amplia política social para arropar de manera por demás paternalista a las masas. Vargas Llosa utilizó aquello de la Dictadura perfecta, pero Paz le dio la vuelta poética.

En aquellos años, hablo de la década de los años 70, se tenía una esperanza irracional en la democracia. Muchos pensaban que cuando hubiera una competencia formal de partidos y nadie tuviera el triunfo asegurado muchos de los problemas del país se resolverían como por arte de magia. La alternancia llegó y los problemas ahí siguen, como si no tuvieran noticia de que hoy elegimos a nuestros gobernantes con un padrón electoral confiable, una credencial para votar con fotografía única en el mundo y un montón de actores y partidos políticos compitiendo por puestos de elección popular. En la elección de julio habrá más de 3 mil 300 puestos en disputa, lo que es verdaderamente algo colosal.

El propio Paz era uno de esos creyentes en los poderes mágicos de la democracia, que enderezaría el tumo y rectificaría muchos de nuestros extravíos. Creo que el problema está en el concepto de democracia, restringido casi a la jornada electoral cuando en realidad supone muchísimo más que estamos muy lejos de alcanzar como la vigencia plena del estado de derecho y la transparencia, que son asignaturas pendientes y que no le importan nada a López Obrador, que hasta piensa amnistiar a los delincuentes y toma las decisiones de su partido en lo oscurito, después de una consulta con su dedito.

Se ha dicho con razón que el tabasqueño anhela replicar ese modelo de gobierno, el de Echeverría y López Portillo, en el siglo XXI. Quiere regresar a los tiempos del nacionalismo revolucionario y del populismo. Busca la restauración del ogro filantrópico. Y lo puede conseguir porque va adelante en las encuestas.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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