Hacia la equidad de género

Rosa Gómez Tovar

Ya han comenzado las campañas, serán 90 días en los que si nos va bien se discutirán las propuestas de las diferentes fuerzas políticas de cara a la elección el 1º de julio. Además de la elección presidencial, se renovarán las cámaras que integran al Congreso de la Unión, 500 diputaciones y 128 senadurías.

En el caso de las diputaciones, 300 lugares corresponderán a la candidatura ganadora de cada uno de los 300 distritos electorales. Este año 656 mujeres y 627 hombres participarán en la contienda de este cargo por mayoría relativa, es decir, los partidos y las coaliciones han postulado 51.1 por ciento de candidatas y 48.9 por ciento de candidatos. Esto es un resultado directo de la reforma de 2014, en la que se estableció que los partidos políticos están obligados a garantizar la paridad entre los géneros. Así, después de las elecciones de 2015, en la Cámara de Diputados el 48 por ciento de las curules están ocupadas por mujeres.

Para el caso de senadurías, este año será la primera vez que se implementen medidas de paridad. La Cámara está integrada por 128 escaños, los primeros 64 se eligen a través de dos fórmulas por entidad federativa que obtenga la mayoría de votos. Para asegurar que la mitad de lugares sean ocupados por mujeres, las fórmulas en cada identidad deben pertenecer una para una mujer y otra para un hombre. Luego, otros 32 lugares se asignan al partido con el segundo lugar de votos en cada entidad para su primera fórmula; por ello, se determinó que en la mitad de las entidades la candidatura asignada a dicha fórmula fuera para mujeres. Por último, 32 lugares se asignan por representación proporcional en listas que deben alternarse las candidaturas entre los géneros.

De esta manera, este año hay 51.1 por ciento de candidaturas encabezadas por mujeres frente a 48.9 por ciento de hombres. Estas medidas impulsarán una mayor participación de mujeres en ambas Cámaras del Congreso, principalmente en el Senado ya que ahora hay una mayoría del 62 por ciento de hombres respecto a 38 por ciento de mujeres.

Ésta es una gran victoria para impulsar la intervención de mujeres en la política, aunque sigue habiendo retos, principalmente en dos puntos.

Uno tiene que ver con la asignación de recursos para hacer campaña; en 2015, aunque existió paridad en la postulación de candidaturas, las candidatas a diputaciones sumaron únicamente el 25 por ciento de los recursos utilizados para ese cargo. Si bien se accede en mayor medida a la contienda, la capacidad para competir en igualdad de condiciones aún no está asegurada.

La segunda cuestión tiene que ver con que la mayor participación de legisladoras no implica necesariamente que se impulsen las políticas requeridas para favorecer la equidad de género, no sólo en la política sino también en la salud, en el ámbito laboral o en el hogar. Eso dependerá de las plataformas que impulsen cada uno de los partidos a los que pertenezcan las diputadas o senadoras.

Entonces, además de postular candidaturas encabezadas por mujeres, los partidos deben otorgar mayores recursos a sus candidatas; y segundo, nosotras como votantes debemos buscar aquellas candidatas cuyas propuestas estén dirigidas a mejorar nuestra participación en la economía, puestos de dirección, a erradicar la violencia de género, entre otras. De otra forma, la participación de las mujeres en la política sólo será una estadística que no tenga incidencia en modificar para bien la situación de la mayoría de mujeres que viven en nuestro país.

rosagomeztovar@outlook.com

 

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