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Muere Winnie Mandela, la otra cara de la lucha antiapartheid

El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, lamentó la muerte de la “madre de la nación”. La que fuera esposa de Mandela vivió rodeada por la controversia

Winnie y Nelson Madela.

El rostro femenino de la lucha contra el Apartheid, Winnie Madikizela-Mandela, segunda esposa del legendario expresidente sudafricano Nelson Mandela, falleció ayer a los 81 años.

Winnie, que padecía diabetes, falleció “tras una ­larga ­enfermedad” que la hizo ir y ­venir del hospital desde principio de año y por la que ha ­“sucumbido pacíficamente en las primera horas de la tarde del lunes” rodeada de su familia,­ ­explicó un vocero familiar.

“Madre de la nación”. El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa lamentó la muerte de la “madre de la nación”. “En medio de la represión, ella fue la voz de la rebeldía y la resistencia. Frente a la explotación, ella fue una campeona de la justicia y la igualdad”, expresó.

Su partido, el CNA —gobernante en Sudáfrica desde el inicio de la democracia, en 1994— también la recordó como “mujer amada y venerada, cuyo nombre se inscribe para siempre en la historia del país por haber ­desempeñado un papel fundador” en Sudáfrica.

Madikizela-Mandela ha sido una figura de referencia dentro del CNA, especialmente entre las mujeres.

El arzobispo y Nobel de la Paz sudafricano, Desmond Tutu lamentó la muerte de la ­activista y recordó que “se negó a ser doblegada” por el encarcelamiento de su marido, por el ­acoso de las fuerzas de seguridad a su familia e incluso sus propias detenciones.

Winnie y Nelson Mandela se casaron en 1957 y tuvieron dos hijas. Tras continuar en libertad la lucha de su marido, encerrado 27 años en una cárcel, se ­separaron en 1992, dos años después de ser excarcelado ­Mandela y dos antes de convertirse en el primer presidente ­democrático de Sudáfrica, tras las elecciones de 1994.

Polémica. Pese a ser una figura icónica de la lucha contra la­ ­segregación racial también fue un personaje controvertido en Sudáfrica, especialmente en las últimas décadas, ya que estuvo salpicada por numerosos escándalos.

El más sonado fue el que implicó a sus guardaespaldas, en 1988, en el secuestro y apaleamiento de cuatro jóvenes negros de Soweto, uno de los cuales murió. Por este delito fue condenada a seis años de cárcel, si bien fue puesta en libertad bajo fianza.

También fue acusada de malversación de fondos del CNA, por no declarar donativos que había recaudado, y condenada por fraude.

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