Trump y su gabinete de “honrados”

Concepción Badillo

El presidente Donald Trump mide 1.92 metros y pesa 108.6 kilogramos, uno más y sería obeso. Tiene una vida bastante sedentaria, no hace ejercicio y duerme sólo cuatro horas. Su comida predilecta son las hamburguesas y las malteadas. Sin embargo, el médico de la Casa Blanca, Ronny Jackson, declaró que el mandatario de 71 años, está en “excelente estado de salud, gracias en parte a que no fuma ni toma, pero sobre todo a sus buenos genes y a que Dios lo hizo así”.

El reporte fue hecho público pomposamente en rueda de prensa en enero pasado, luego de su revisión médica, la primera y única que se conoce desde que llegó a Washington, donde se estableció que tiene un ritmo cardíaco normal y una presión arterial perfecta. Esto luego de que Trump fuera sometido a la vez a un examen de diez minutos conocido como Montreal Cognitive Assessment que incluye concentración, atención, memoria, lenguaje y funciones visuales, en el que, se dijo, el Ejecutivo contestó perfectamente las treinta preguntas.

Con tan sorpresiva, positiva y saludable imagen del presidente, al que sólo le recomendó que de ser posible baje unos cinco kilos, fue como saltó a la vida pública el doctor Jackson, un almirante en activo de la Marina, de 50 años de edad, que ha trabajado en la residencia oficial durante tres administraciones y quien revisa a Trump al menos una vez al día. Viaja con él y se dice que los dos personajes han desarrollado vínculos de amistad y que es de los pocos empleados con los que el mal geniudo mandatario bromea.

El médico, que estudió biología marina y estuvo en Irak, no tiene, sin embargo, ninguna experiencia política ni administrativa. Aun así fue designado hace unos días por el presidente para ser miembro de su gabinete, como secretario de Asuntos de los Veteranos, una dependencia, la segunda más grande del gobierno en la que laboran 360 mil burócratas y tiene un presupuesto de 186 mil millones de dólares destinados a ayudar a quienes regresan de las guerras con problemas económicos, físicos y mentales. Para los analistas, Trump una vez más, escogió química y simpatía personal en lugar de calificaciones para el cargo.

El jefe de la Casa Blanca sorprende con la elección de sus colaboradores, a los que les da puestos como premios. Pero sobre todo sorprende con la rapidez y frecuencia con que está deshaciéndose de aquellos a los que hace sólo 14 meses trajo con él y a quienes despide informándoles a través de Twitter. Así sucedió en marzo pasado cuando dejó sin empleo al secretario de Estado, Rex Tillerson, quien se encontraba de gira por África cuando se enteró.

Lo mismo sucedió con David J. Shulkin, a quien Jackson substituirá y que fue despedido luego de que enojó a Trump por reportes de prensa donde se supo que realizó un viaje, supuestamente de trabajo, a Gran Bretaña y Dinamarca, donde él y su esposa se dedicaron a turistear y un sábado, su día libre, aceptaron gratis unos boletos para un partido de tenis en Wimbledon. Algo totalmente en contra de las reglas de ética que rigen a los funcionarios aquí.

Al menos otros seis miembros del gabinete de Trump han sido acusados de abusar del puesto o de permitir que miembros de su familias intervengan en asuntos de su trabajo. Gastos que podrían pasar desapercibidos y ser considerados como usuales en otros países, aquí son motivo de investigación y en muchos casos castigos.

Así fue obligado a renunciar el secretario de Salud y Asuntos Humanos, Tom Price, cuando se supo que viajaba en aviones privados; mientras el director de Protección al Medio Ambiente, EPA, Scott Pruitt, está siendo investigado por sus viajes en Primera Clase y porque trascendió que instaló una cabina telefónica a prueba de ruidos que costó más de lo que reportó. Otro que va de salida es Ben Carson, secretario de Vivienda, debido a que se supo que su esposa le redecoró la oficina y entre otras cosas compró un comedor de más de 31 mil dólares.

“Mi gabinete, dijo en una ocasión el presidente, reúne a los más preparados, más eficientes y más honrados que alguna vez han trabajado juntos”, pero parece que no le resultaron tanto. Mientras, los nuevos nombramientos del belicoso John Bolton como consejero de Seguridad Nacional, Mike Pompeo como máximo diplomático, Larry Kudlow como economista en Jefe y el mismo doctor Jackson, son la mejor prueba de que Trump está rodeándose sólo de aquellos que lo elogian y le dan por su lado.

 

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