Nacer en marzo, morir en abril

René Arce

(Segunda parte)

En el anterior artículo comentamos que Octavio Paz se asumió como un hombre de izquierda, participando en movilizaciones juveniles, apoyando reivindicaciones estudiantiles, de obreros y campesinos. Igualmente se solidarizó con la lucha antifascista y apoyó con entusiasmo el surgimiento de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas en los años 20 del siglo pasado.

Durante la Guerra Civil en España, en que el ejército franquista, apoyado por el fascismo italiano y el nazismo alemán, trataba de acabar con la República Española, escribió un poema titulado DNo pasaránN, que el general Lázaro Cárdenas, presidente de México, mandó imprimir en gran número, para obtener fondos y donarlos a la causa republicana.

Laboró como profesor en Yucatán para una escuela de trabajadores, como parte de los proyectos de la educación socialista que impulsaba el Gral. Cárdenas. Cuando fue invitado a participar en el encuentro de Valencia, España de escritores e intelectuales antifascistas, acudió como parte de la delegación mexicana a mostrar su solidaridad con la República Española.

Fue en ese encuentro donde se inició su desencanto con el socialismo soviético y con la izquierda que apoyaba incondicionalmente al régimen bolchevique. La censura del encuentro a André Gide por sus críticas a la URSS y las confesiones de su amigo José Bosch, combatiente anarquista en la Guerra Civil Española, quien le informó de las luchas fratricidas entre comunistas, anarquistas y trotskistas, además del papel tan lamentable de odio, división y persecución ordenado desde Moscú, lograron que Paz se alejara progresivamente de esa izquierda ortodoxa, dogmática y sectaria.

En 1940, el asesinato de Trotsky en México, ordenado desde Moscú y avalado por la mayoría de los partidos comunistas y la izquierda prosoviética, lo alejaron del “compromiso” con la causa socialista, incluso un poco después rompió su amistad con Pablo Neruda y con los intelectuales a los que éste influenciaba. Neruda lo llegó a acusar directamente de traidor y enemigo de la URSS.

Debido a la débil situación económica por la que atravesaba, Paz entró a laborar al servicio diplomático en un cargo menor.

En la oportunidad que tuvo de estar en París, convivió intelectualmente con personajes de la talla de Sartre, Camus y Bretón, de este último escuchó el comentario: “La poesía y la revolución no tienen por qué verse de manera separada, en sí, la poesía es revolución,.

En 1950, se dan dos hechos fundamentales en la vida de Octavio Paz, por un lado, sus artículos contenidos en una obra denominada El laberinto de la soledad, un análisis sobre el ser del mexicano, causó un gran impacto en los intelectuales y en un sector muy importante de su país natal. Por otro lado, lee un artículo publicado en Le Figaro de la autoría de David Roussel, donde se describen los campos de concentración en la URSS, en los que se comete un genocidio contra la población. La izquierda prosoviética inmediatamente descalificó este informe y acusó a Roussel de apoyar a los enemigos de la Revolución Socialista. Paz investigó minuciosamente el caso y publicó un documento sobre estos campos de concentración, confirmando el actuar criminal y genocida del Estado soviético. Casi toda la izquierda, amiga de la URSS, se volvió nuevamente contra Paz, acusándolo de traidor anticomunista.

En 1953, Octavio regresa a México, mientras un sector de la izquierda mexicana lo repudia, encuentra la solidaridad y el apoyo de escritores e intelectuales como Carlos Fuentes, Juan García Ponce, Leonora Carrington y Elena Poniatowska. Con ellos impulsa la Revista Mexicana de la Literatura, durante cinco años escribe ensayos, poesía y debate con quienes lo critican por sus opiniones políticas.

En 1959 regresa a París; al año siguiente lo envían como embajador a la India. Esta época, de 1960 a 1968, quizás fue la etapa de mayor felicidad para él, ya que su obra poética y sus ensayos son traducidos a varios idiomas, recibe reconocimientos internacionales, su situación económica ya no es precaria y encuentra a la mujer con la cual vivirá el resto de sus días, Marie José.

Pero llegó 1968.

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