Fake news: La guerra sucia digital

Ma. del Rocío Pineda Gochi

Como alguna vez refirió el politólogo Giovanni Sartori, la revolución multimedia transformó al Homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un Homo videns, para el cual, la palabra se sustituyó por la imagen.

La denominada “sociedad teledirigida” sucumbió ante la televisión, invirtiendo la evolución de lo sensible en inteligible, convirtiéndolo in ictu oculi –en un abrir y cerrar de ojos– en el simple acto de ver. Atribuía a este aparato multimedia la capacidad de producir imágenes y anular los conceptos, y de este modo, atrofiar nuestra capacidad de abstracción y con ella toda la capacidad de entendimiento.

Si bien estas acepciones pueden ser ampliamente debatidas, la realidad es que los medios masivos de comunicación han demostrado su capacidad de influir en la opinión pública, generar tendencias y definir cierto tipo de elecciones. No por ello se denominó al periodismo, desde mediados del siglo XIX, como el Cuarto Poder para evocar la importante influencia que tenía la prensa –y más tarde los medios tradicionales, como la televisión y la radio– entre la sociedad y la opinión pública, sobre todo, entre los gobiernos y sus representantes.

Actualmente, en la era digital, las redes sociales se han convertido en las protagonistas de las nuevas plataformas y espacios de opinión en línea. Su capacidad y alcance han demostrado que pueden generar tendencia, información de primera mano, noticias, espacios de publicidad, de opinión y de manifestación. Inclusive se han convertido en potentes medios de comunicación con el poder de destruir la reputación de una persona, hacerla famosa, influir en las decisiones de gobierno y en la elaboración de alguna ley, destituir a funcionarios públicos, evidenciar excesos y corrupción, razones por las cuales algunos las han denominado como el Quinto poder.

Sin embargo, su gran potencial como medio de comunicación se desvirtúa porque cualquier “cibernauta” tiene la posibilidad de publicar cualquier información, descontextualizar una noticia, postear noticias falsas y tendenciosas con objetivos particulares. A este fenómeno digital se le ha denominado Fake news, cuyas noticias falsas tienen la intención deliberada de desinformar, manipular decisiones personales, inducir a un error y, en general, influir con algún propósito –político o económico– a la audiencia.

Con el inatacable e irrenunciable derecho a la libertad de opinión y de expresión, el internet se ha vuelto la mayor plataforma para ejercerlo a plenitud. Sin embargo, ante la falta de ética y de regulaciones jurídicas, también se ha convertido en un espacio de libertinaje verbal para denostar, insultar, difamar, descalificar y opinar sin conocimiento de causa.

Es aquí donde vuelven a tener vigencia los preceptos del politólogo Sartori, porque vemos a diario que este tipo de “noticias desinformativas” son las que alimentan el criterio y la opinión de una inmensa mayoría de personas. La información fugaz y las imágenes fuera de contexto están limitando nuestra capacidad de análisis y de crítica.

En el marco del proceso electoral, seremos testigos de esta nueva modalidad de guerra sucia digital, donde observaremos y consumiremos por todos los medios digitales como portales en línea, Facebook, Twitter, Instagram, Youtube, Whatsapp, etc., noticias falsas y tendenciosas para descalificar a cualquier candidato.

Ante esta avalancha de Fake News electorales, el único antídoto que tenemos como audiencia es verificar en diferentes fuentes de información. Afortunadamente existen portales que nos ayudan a esta tarea, muchos de ellos son fuentes de información de universidades públicas y privadas, organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles, organismos internacionales y medios de comunicación tradicionales. Compartir información veraz y autentificada es la única herramienta que tenemos para estar mejor informados, tener mayores elementos de análisis y de opinión y de tomar decisiones más consientes.

Senadora de la República

Michoacán de Ocampo

@RocioPinedaG

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