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Inicia sesión donde Corte de Brasil decide si Lula va a la cárcel

La Corte Suprema de Brasil inició hoy una sesión que será clave para el futuro del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y en la que decidirá si el líder más popular del país irá a prisión por corrupción o podrá seguir apelando en libertad.

Lula fue condenado en primera instancia a nueve años de cárcel, una pena aumentada a doce años por un tribunal superior y, según la jurisprudencia en vigor en el país, la ratificación del fallo que le halló culpable ya permite comenzar a ejecutar la sentencia, lo que supone su encarcelamiento.

Sin embargo, la defensa de Lula ha intentado un recurso de "habeas corpus" que será juzgado hoy y en el cual sostiene que nadie puede ir a prisión mientras resten apelaciones, que en su caso pasarían por el Superior Tribunal de Justicia y la propia Corte Suprema.

Si el "habeas corpus" es aceptado, Lula conservaría la libertad mientras dure el proceso total de apelaciones, que se calcula que puede durar unos dos años, pero si fuera negado podría estar a sólo unos días de ingresar en prisión.

La sesión, que se prevé que durará varias horas, fue abierta por la presidenta de la Corte Suprema, Carmen Lucia Antunes, quien pasó la palabra a Edson Fachin, instructor de la llamada operación Lava Jato en la Corte Suprema y primero de los once miembros del tribunal que se pronunciará.

Esa operación, que se desarrolla desde hace cuatro años, desveló una compleja red de corrupción que operaba en todos los niveles de la política nacional y que, en complicidad con empresarios, incurrió en multimillonarios fraudes a los cofres públicos, que comenzaron en la estatal Petrobras.

En esta causa penal, una de las siete en las que responde ante los tribunales, Lula fue hallado culpable de haberse beneficiado de las corruptelas en la petrolera mediante la cesión de un apartamento en un balneario paulista.

El exmandatario ha negado todas las acusaciones y sostiene que es víctima de una "persecución política" que intenta impedir que vuelva al poder, una meta que se ha trazado para las elecciones de octubre próximo, a pesar de que las normas del país impiden que un condenado en segunda instancia aspire a cualquier cargo electivo.

La audiencia comenzó bajo estrictas medidas de seguridad, frente a la posibilidad de que tanto partidarios como adversarios de Lula se manifiesten en las calles de Brasilia, que en esta jornada tienen un refuerzo de 4.000 policías.

Para evitar posibles enfrentamientos, las autoridades decidieron separar a ambos bandos con vallas metálicas y cerraron el tránsito en la Explanada de los Ministerios, una avenida que concentra todos los edificios del poder público y en uno de cuyos extremos están el Palacio presidencial, el Parlamento y la sede del Supremo.

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