López Obrador y el PRI - José Fernández Santillán | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 06 de Abril, 2018
López Obrador y el PRI | La Crónica de Hoy

López Obrador y el PRI

José Fernández Santillán

Con el ajetreo de las elecciones que tenemos en puerta, se nos han olvidado ciertos acontecimientos que han sido clave y que han modelado la situación que hoy vivimos. Me parece fundamental no perder de vista esos eventos para tener una mejor perspectiva y, en consecuencia, una valoración más precisa de esta carrera hacia la presidencia de la República.

A mi parecer un suceso que marcó a la política mexicana y, en especial, el destino de la izquierda mexicana, fue la creación del Frente Democrático Nacional (FDN) en 1988 que comenzó con la formación de la Corriente Democrática dentro del PRI (1987). Entre los miembros de esa Corriente estuvieron Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Janitzio Mújica. Fue la reacción contra el abandono de la ideología del nacionalismo revolucionario y los compromisos sociales. Esos principios fueron sustituidos por la ideología neoliberal. 

Para postular como candidato a la Presidencia de la República al hijo del General Lázaro Cárdenas se fueron sumando otros partidos y organizaciones: PARM, PPS, PMT, la COCEI y la CIOAC.

Carlos Salinas de Gortari ascendió al poder en medio de protestas masivas, serios cuestionamientos sobre su legitimidad y la acusación de que el gobierno de Miguel de la Madrid había cometido un fraude electoral descomunal. Subrayo esto porque con los sucesos de 1988, la lucha de la izquierda mexicana se orientó hacia la democracia entendida como el respeto al voto ciudadano, la igualdad en las condiciones de la competencia por puestos de elección popular, un verdadero equilibro de poderes, sin olvidar la reivindicación de la lucha por la justicia social.

El PRD se fundó en 1989 como heredero del FDN y presentó la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1994 y 2000. Conviene resaltar, al respecto, que esa izquierda encabezada por Cárdenas brindó una enorme contribución para el avance de la democracia liberal en México, es decir, que se tomara en cuenta al ciudadano no solamente en su calidad de votante, sino también como ser pensante, crítico frente a los gobernantes y deseoso de terminar con el autoritarismo. Además de ello, esa izquierda jamás renunció a la lucha contra la desigualdad social que el neoliberalismo había incrementado sensiblemente en México.

A decir verdad, dentro del PRI también hubo corrientes que se opusieron a la línea tecnocrática. El mismo Carlos Salinas de Gortari reconoció que la nomenklatura priista era una de las fuerzas que se oponía a lo que él y sus correligionarios llamaron el “modelo modernizador”. La rivalidad entre políticos y tecnócratas nunca dejó de existir en el tricolor. Los políticos tienen contacto con la gente y sus demandas conocen a los dirigentes locales; los tecnócratas no salen de sus oficinas, ven al país a través de gráficas y presentaciones de Power Point, el problema social les importa un bledo. Con la salida de Manlio Fabio Beltrones los tecnócratas llegaron a tomar el control del PRI y postularon como candidato a la presidencia de la República a uno de ellos. Hicieron a un lado a los políticos hasta que alguien, sabiamente, acercó a Manlio, Miguel Ángel Osorio Chong y René Juárez a José Antonio Meade.

¿Pero qué pasó con la izquierda? En primer lugar, como sabemos Andrés Manuel López Obrador traicionó a Cuauhtémoc Cárdenas, se hizo del PRD y se postuló para las elecciones del 2006 y del 2012. Ahora, ya con su partido Morena va encabezando las encuestas. No obstante, hay que poner de relieve en asunto de la máxima importancia. Cuauhtémoc Cárdenas luchó por la democracia liberal y la justicia social; López Obrador es un populista. Ese talante quedó de manifiesto en la entrevista que le hicieron en Milenio Televisión. Allí dijo: “La democracia es el poder del pueblo”. Eso no es cierto, la democracia es el poder del ciudadano. Quienes recurren al concepto pueblo para hablar de democracia lo hacen para usurpar al conjunto de ciudadanos. Así proceden los líderes populistas. Ellos se erigen como representantes de esa masa golpeada por las políticas neoliberales, interpretan sus sentimientos y toman decisiones por ella. Quienes no están de acuerdo con el líder populista son calificados con “el no-pueblo” o servidores de la “mafia del poder”. De allí que la intolerancia sea su divisa.

A los líderes populistas les molesta la democracia liberal, que los ciudadanos piensen con su propia cabeza; que haya diversidad de partidos; los saca de quicio la pluralidad. Por eso, en los spots AMLO anda pidiendo el voto para los candidatos de Morena al Congreso. Les fastidian los contrapesos y la negociación. “Las instituciones están subordinadas a lo que diga el pueblo” a través del referéndum, la consulta ciudadana y el plebiscito. Todos, mecanismos de la democracia directa usados por los demagogos previa manipulación de la gente.

Por ese motivo, sorprende que el PRI no se dé cuenta del peligro ante el que se encuentra la democracia liberal en nuestro país. Enfocó mal sus baterías. Los estrategas del tricolor (tecnócratas del marketing) cometieron una pifia garrafal: el problema no es Ricardo Anaya, el problema es Andrés Manuel López Obrador.

jfsantillan@itesm.mx

@jfsantillan

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