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México está lleno de tesoros patrimoniales: Arturo González

Nuestros Científicos. Desde los dinosaurios del norte hasta los barcos hundidos en el sur, tenemos tesoros patrimoniales, pero aún muchos no lo saben. Esto provoca, por ejemplo, que mientras cada año se descubren alrededor de 100 especies de plantas y animales, en el mismo periodo desaparecen 11 que acabábamos de conocer, dice el investigador

Biólogo, arqueólogo y buzo, Arturo González González divide su tiempo de trabajo entre el desierto de Coahuila y las cuevas inundadas de la Península de Yucatán. En el primer lugar, busca fósiles de dinosaurios y trabaja para ayudar a la reproducción del perrito de la pradera, el borrego cimarrón y el lobo mexicano; en el segundo lugar, busca barcos hundidos y huesos de animales que ya se extinguieron y quedaron en cuevas inundadas.

En entrevista con Crónica, este científico, que fue uno de los primeros en entrar buceando a cuevas con restos prehistóricos y diseñó los primeros manuales de paleontología subacuática en México, dice que aunque parezcan objetos de estudios que no están relacionados, los dinosaurios, los restos mayas y los animales y vegetales del desierto son manifestaciones diferentes de un mismo fenómeno llamado vida en evolución.

“Desde los dinosaurios del Desierto de Chihuahua, hasta los barcos hundidos frente a las costas de Campeche, México está lleno de tesoros patrimoniales, pero todavía hay un porcentaje elevado de personas que no lo saben. Esto provoca, por ejemplo, que mientras cada año se descubren alrededor de cien especies nuevas de plantas y animales en México, en el mismo periodo desaparecen 11 especies que acabábamos de conocer”, dice González, quien es Director del Museo del Desierto, en Saltillo, Coahuila

“El ser humano ha perdido de vista que sólo es un hilo dentro de una red o tejido más complejo, que es la vida misma y todas sus formas de manifestarse. Las personas hemos olvidado que si rompemos la red será difícil sobrevivir como hilo suelto”.

González González afirma que México es rico en dinosaurios, barcos hundidos y biodiversidad, pero la población no lo sabe.

MUSEO DEL DESIERTO. Arturo González dice que desde niño supo que quería ser biólogo y nunca ha dudado sobre su vocación. Nació en la Ciudad de México, pero desde los 15 días de edad sus padres lo trasladaron a Saltillo, donde creció en contacto con los espacios abiertos. Cerca de su casa paterna había árboles de nogales, ranchos, desierto y cuevas.

“Desde antes de los 10 años yo supe que quería ser biólogo. Tenía unos primos más grandes que decían que sería biólogos y juntos salíamos a explorar. Muy niño entendí el término de evolución y fue uno de los conceptos que más me gustaron y me he dedicado a estudiar cómo cambia la vida a lo largo del tiempo y para eso hay que entender la historia que cuenta Darwin, que es la evolución”, indica el arqueólogo.

“Primero estudié Biología, en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa —Biólogo con especialidad en Ecología—, y luego estudié Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. En ambos casos mi pregunta central siempre era ¿de dónde viene todo esto que veo?”, indica el mayor de cinco hermanos y padre de cuatro hijas.

Un poco más adelante, cuando estaba estudiando en la universidad, González González se dio cuenta de que en el Desierto de Coahuila hay capas de rocas que tienen materiales fósiles. Por esto, desde que estaba en la escuela propuso la creación de un Museo de Dinosaurios en Saltillo, pues existía esta sensación, entre los ciudadanos, de que en su estado encontraban dinosaurios, pero que los científicos se los llevaban a otros lados para estudiarlos y ya nunca se veían en Coahuila.

“El Museo del Desierto depende de sus propios recursos. Es un museo sustentado por varias fuentes de ingresos; asociaciones civiles, empresas y también algunas instituciones públicas. En un principio se consideró hacer un museo de dinosaurios, debido a la gran cantidad de restos fósiles que hay en el desierto, pero después cambiamos el enfoque porque el desierto es mucho más e incluye a animales y vegetales, así como los habitantes humanos que se han adaptado a este ecosistema. Por eso, se decidió hacer un museo sobre el desierto, que es un concepto más amplio”, dice el director de ese recinto, que es el más emblemático de la ciudad de Saltillo.

LECCIONES DE PIEDRAS. Cuando niño, era muy proclive a jugar con cuerdas, amarrándolas a árboles, haciendo andamios y tirolesas. Ya como adulto, su espíritu explorador lo llevó a bucear dentro de cuevas con condiciones de visibilidad muy bajas.  De todos estos contextos, González González genera datos que son difundidos en artículos científicos.

“El Museo del Desierto es uno de los centros de investigación privados que publica más artículos científicos al año”, dice González, quien desde niño era un observador de la naturaleza y eso lo fue llevando a hacer muchas preguntas que todavía no tenían respuesta, por ejemplo, muchas preguntas sobre las actitudes y comportamientos animales, así como cuestiones sobre la trama e interacciones entre formas de vida.

“Yo estoy convencido de que todo lo que nos rodea nos está dictando lecciones: las piedras nos dan lecciones, los árboles nos dan lecciones, muchas cosas nos están dando datos para explicar cómo funciona el planeta”, argumenta el investigador, que también tiene un maestría en Educación.

Cuando se le pregunta cómo observa el ecosistema de la investigación científica en México señala que los científicos mexicanos son de muy buena calidad pero que son pocos para todas las tareas por resolver.

“Un ejemplo es la identificación de especies. En Coahuila se han descrito hasta once nuevas especies en un año; en Europa hace cien años que no se reporta una nueva especie; en todo México se describirán cien nuevas especies al año. Pero desafortunadamente, también estamos perdiendo alrededor de once especies al año, entonces, el trabajo es mucho”.

El biólogo y arqueólogo opina que la ciencia es una carrera de estafetas en la que cada generación va transmitiendo conocimiento a la siguiente, por eso afirma que se tiene que hacer mucha y más rápida divulgación de la ciencia, para involucrar a más jóvenes. También piensa que en el futuro debe haber más centros privados de investigación científica en México, que no dependan del financiamiento del Estado.

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