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Jair y el terror que Donald Trump intenta contener

El mandatario de EU confundió desde un principio a la caravana centroamericana y le dio notoriedad w Desde Puebla, su verdadero rostro aparece: el del refugiado

Jair Cáceres es de los más pequeños entre los refugiados que llegaron el viernes a la  iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Puebla. Tiene dos años y el cabello enmarañado. Como cualquier niño del mundo, sueña con ser piloto o futbolista; bombero o policía. Corretea con su hermano de cuatro años por el atrio de la parroquia. No sabe de fronteras, mucho menos que cada año asesinan a 700 menores en su país, de acuerdo a la información del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional de Honduras.

Mejor así, lejos de esa violencia, confía su madre, aunque “un poco tristes por alejarnos de todos los recuerdos y de la familia... pero ahora lo importante son ellos”.

Jair juega mucho. Habla poco. Se da a entender para pedir “una banana”. No dejan de llegar vehículos con donaciones. Los hondureños aman la solidaridad de los “hermanos mexicanos”. Ya están cubiertos los alimentos necesarios hasta el lunes. Huyen de la violencia, del hambre y del desempleo en su país. Corren de la muerte, literalmente. Por eso les abrieron las puertas en la Parroquia de la Asunción, la Iglesia de los Desamparados y las capillas de Guadalupe y San Juan de los Lagos, para darles el abrigo y la comida que estos hombres, mujeres y niños no han tenido hasta ahora, lo que los ha llevado a convertirse en viajeros forzados.

“Es una caravana de refugiados, no de migrantes”, dice el sacerdote Gustavo Rodríguez, titular de la parroquia donde Crónica se encuentra con ellos. Los 830 centroamericanos que salieron de Oaxaca están aquí. Si bien es cierto que alrededor de mil 500 migrantes quisieron añadirse al movimiento, al enterarse de las circunstanciales reales de la marcha, la abandonaron.

Así que no fue Trump ni el gobierno de México quienes provocaron la disolución de la marcha. Así se planeó y de acuerdo a la estrategia, los 800 hondureños y algunos salvadoreños que en conjunto suman 830 personas, saldrán el lunes con destino a la Villa de Guadalupe en la Ciudad de México, donde se reunirán con otro grupo y definirán si solicitan asilo político en Estados Unidos o México.

Tienen el derecho internacional y el derecho humano de cruzar la frontera, previa comprobación de la violencia o persecución que denuncian. Todo hay que probarlo, por eso recibirán asesoría durante los días que estén en Puebla.

Y Trump no podrá decir nada o detenerlos, salvo continuar con sus tuits y sus mentiras. El religioso lo califica como “especialista del engaño y la mercadotecnia. Es un pinocho”.

Gustavo Rodríguez, en los albores de su actividad pastoral, convivió con una generación de jóvenes enamorados de las sustancias tóxicas, con todo y los problemas que esto generó: violencia, asaltos, familias disfuncionales. Hace 35 años, el sacerdote enfrentó a líderes políticos que no veían con buenos ojos  un cambio a favor de la sociedad.

Siempre hay personas que piensan y actúan distinto, debemos dialogar, convencer sobre la necesidad del cambio positivo, de respetar y valorar al ser humano, señala ahora, “todos tenemos derecho a nuevas oportunidades. Equivocarse es humano”.

En este sentido, agrega, debemos entender que el migrante cambia de ciudad por decisión propia, para mejorar su vida, para tener un cambio. Puede ir y venir a su país; “pero para un refugiado la razón principal es mantener su vida. No puede regresar a su país y a nivel internacional tiene derecho a ser considerado como refugiado y protegido por los Estados donde pasa”.

Este primer grupo amplio de hondureños decidirá el lunes si solicita asilo en Estados Unidos. Para muchos centroamericanos la primera opción es México, en las ciudades de Tijuana, Guadalajara, Querétaro y Puebla.

Según lo denuncian organismos internacionales de derechos humanos, Honduras enfrenta una grave crisis política e inestabilidad. Grupos rebeldes armados, pandillas, excesos de sus fuerzas militares y policiacas. Casos de crueldad graves durante el viaje... pero los casos más graves son en México, aseguró Gustavo Rodríguez.

Confesor, oído para agobiados y afligidos, el padre Gustavo indica que en México hay masacres, homicidios, descuartizados. Crímenes brutales. En todo el mundo  estamos perdiendo valores y cancelando valores y futuro de los niños, destruimos el medio ambiente, la dignidad de los pueblos. El hombre es el gran depredador, dice en tono de resumen sumario.

Por eso insta a no escandalizarnos de los pactos del obispo franciscano de Chilpancingo con un supuesto grupo criminal para detener la violencia en esa región del país. Requerimos acuerdos, no para vivir en el caos, sino para redirigir nuestra sociedad. En México, de acuerdo con la visión del padre Gustavo, se pacta con miembros del gobierno, de la banca, de empresas trasnacionales, con gente mala, con corruptos... “Se pacta con todo el mundo, por eso reconozco el trabajo de la diócesis de Guerrero que tomó el problema en sus manos para coadyuvar a resolverlo”.

Jóvenes de Cruz Roja llegan con cajas, acomodan.

Jair sigue correteando.

Algunas mujeres se acercan a la encargada de guardar las donaciones  y piden “bananas” para sus esposos e hijos. Un suéter, unos zapatos…

Les reparten las cosas.

Gustavo Rodríguez se prepara para la misa que ofrecerá a las 8 de la noche.

El cansancio empieza a vencer a Jair. Hoy duerme en los brazos amorosos de su madre. Mañana Dios dirá.

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